Pacific Rim (2015)

Nos encontramos ante un espectáculo visual a la altura de 2015, aunque sin nada nuevo que ofrecer, y una cinta que podría ser el pretexto perfecto para contarnos una historia, pero que se queda en la mera superficie. “Pacific Rim”, con todo, merece ser visionada, dado que ha caído en manos de un veterano del calibre de Guillermo del Toro, lo cual es una garantía de que, al menos, no nos va a dejar indiferentes. Si esto lo sumamos a la incursión de creadores occidentales en terreno oriental, ya tenemos las pistas suficientes para ponernos en la predisposición de aguantar las más de dos horas que dura.

La historia es lo de menos, y puede que éste sea su punto más flaco. Se puede resumir perfectamente en: bicho conoce a humanidad, bicho toca, pero no hunde y, al final, la humanidad gana a través de un bombazo. Estamos ante un refrito de “Independence Day” (1996) o, incluso, de “La Guerra de las Galaxias” (1977), por no decir que, al final del día, estas historias son remanentes espirituales de lo que fue la Segunda Guerra Mundial y, sobre todo, la parte de los bombardeos atómicos de Nagasaki e Hiroshima. Un refrito que podría haber intentado aportar algo original a la esperable reflexión sobre la base de una distopía futurista con tintes apocalípticos, pero que, finalmente, se queda en nada. Está claro que la culpa de este tratamiento tan superficial se debe a la presión mercantil que impide profundizar más o endurecer la historia, para así no perder por el camino al gran público. Y es en este punto donde nos damos cuenta de que el director consigue que este disfrute palomitero sume unas décimas a las habituales superproducciones que únicamente buscan el beneficio económico, pero no aporta tanto como cabría esperar. Ojalá Del Toro, al menos, aproveche los beneficios de esta película para llevar a cabo otros proyectos más ambiciosos artísticamente.

No se me olvida la inevitable e ilusionante relación de Oriente con Occidente que se da en esta obra. Yendo al grano: ¿encontraremos algo del brillo de “Neon Genesis Evangelion”?, ¿podríamos encontrarnos ante una digna reflexión de corte occidental de las ideas y reflexiones mostradas en dicha obra? Pues no, no hay nada más allá de lo toscamente superficial. En este punto adelanto que es una obra poco recomendable, salvo para aquellos que aprecien el aprendizaje a través del porqué de lo malo o que tengan el fetiche de verse toda la obra de un determinado autor; a los que les auguro, dicho sea de paso, una vulgar decepción.

Encuentro cierta oscura relación entre esta película y “El Destino de Júpiter” (2015) en dos sentidos: el primero, ver hacer el ridículo a grandes directores de cine; y, el segundo, visualizar cómo una historia sencilla, que cualquiera te podría escribir, tropieza torpemente con inconsistencias de guion; lo que hace sospechar que el desarrollo y creación de ésta no fue fácil. Parece que el resultado tras el montaje final es una amalgama de escenas que poco cuidan los arcos de los personajes, confiando en que los efectos especiales distraigan al público a medida que se van tapando los problemas. Mencionaré dos: el hecho de que el Meka protagonista tenga un arma poderosísima a distancia y no la use salvo cuando está vendido o, más fragante aún, el hecho de que lleve una espada retráctil en el brazo y se le olvide usarla hasta las últimas escenas, cuando ya se había dado de puñetazos con las bestias casi toda la cinta… Estos errores de bulto sólo se pueden entender si había escenas carísimas ya grabadas que no se podían quitar por orden de producción, pero ni aun así deberían perdonarse.

Por último, me abstendré de comentar el desperdicio que implica no darle casi juego al hecho de que las máquinas tengan dos pilotos unidos por su consciencia. A raíz de esto, uno se plantea que, ya que se nos vende algo tan inverosímil, lo mínimo sería haber hecho alguna cosa con ello. Pero eso sería pedirle peras al olmo. También olvidaré conscientemente la maniquea y torpemente llevada relación amorosa de la trama y el vínculo que establece la protagonista femenina con el jefe, pues éste se comporta como su padre y, aun sabiendo que ella es la mejor, ¡cómo no!, la protege y no quiere que luche; lo cual resulta trivial y aburridísimo. Moraleja: tengo que volver a ver “Evangelion”.


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