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Cumbres Borrascosas (1847) y sus tantas adaptaciones

Hoy, siguiendo con nuestro ciclo de las Brontë, vamos a hablar de la única novela que publicó Emily, y que, probablemente, sea la más conocida de todas las que escribieron las hermanas —aunque no tengo tan claro que la más leída—: “Cumbres Borrascosas” (1847). Tras recorrer sus páginas, no sorprende que, en su época, se la concibiera como muy oscura y repleta de personajes siniestros y excéntricos. De cualquier modo, aunque no se puede negar la veracidad de esto, vamos a intentar explicar aquí, en la medida de nuestras humildes posibilidades, el sentido de una narración tan poco afable. En “Cumbres Borrascosas”, muy a diferencia de lo que ocurría en “Jane Eyre” (1847), no hay una historia contada por su protagonista —una heroína que, a pesar de salirse del canon, lo es en buena medida—, sino que estamos ante una narración coral, cuyos personajes son siempre los mismos —si bien algunos destacan por encima de otros—, aunque en distintos momentos de sus vidas, y que carece de un cambio de escenario a lo largo de la trama —dividiéndose, únicamente, entre dos casas—. Inmiscuirse en ella entraña cierta complejidad y requiere de un cierto esfuerzo inicial por parte del lector, que, por suerte, tardará poco tiempo en ser recompensado por la original mano de su autora. Como ya hicimos en su momento con la famosa novela de Charlotte, aquí también atenderemos a algunas de las múltiples adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ella, que, como era de esperar, no son pocas. Sin más dilación, y dado que no va a ser tarea fácil, empecemos ya a entrar en materia.

Jane Eyre (1847) y sus tantas adaptaciones

Seguimos con el ciclo iniciado de las Brontë, atendiendo a la principal obra de Charlotte, la mayor de las tres hermanas. “Jane Eyre” (1847) es un libro en el que la protagonista nos va narrando su propia vida, desde su infancia hasta, aproximadamente, los 20 años. Esto contiene ciertas peculiaridades, entre las que cabe destacar la alusión al lector que se hace en bastantes ocasiones, capaz de funcionar como guiño y, al tiempo, como una manera de mantener distancia entre la ficción y la realidad. “Jane Eyre” presenta unos personajes tan bien delimitados —con sus luces y sus sombras— como maravillosamente descritos. Además, cuenta con unos diálogos imponentes y de gran contenido filosófico. Sin embargo, lo que más destaca es, sobre todo, la figura protagonista: la propia Jane Eyre. De alguna manera, y por mucho que asistamos a su paso entre la niñez y la vida adulta, si por algo destaca en todo momento es por una madurez digna de mención y por una forma de ser tan peculiar como atrayente. Lo curioso también de este personaje es que, en vez de verle evolucionar a lo largo de la trama, no cambia en exceso, sino que va modulando lo que lleva ahí desde el principio: una compasión sobrenatural, una generosidad ilimitada y, a la vez, una fuerza de ánimo y una sobriedad ejemplares. Conviene señalar ya aquí que, para enriquecer el contenido del libro, de por sí sumamente valioso, vamos también a hablar de las adaptaciones cinematográficas más relevantes que se han hecho de él. En cuanto a películas, consideraremos las de 1934, 1943, 1970, 1996, 1997 y 2011; y, en cuanto a series, las de 1971, 1983 y 2006. De esta forma, intentaremos que nos quede un amplio espectro de esta historia tan sumamente rica en matices, que, aun hoy en día, da tanto que pensar. Sin más dilación, empecemos con ello.

Historia de un matrimonio (2019)

Abro este nuevo año con una crítica de una película que tenía pendiente desde que salió, pero a la que hasta hace pocos días no había encontrado el momento —o, quizá, más bien, las ganas— de hincarle el diente. Me refiero a “Historia de un matrimonio” (2019), dirigida y escrita por Noah Baumbach (director y guionista también de, entre otras, “Kicking and Screaming” [1995], “Frances Ha” [2012] o “The Meyerowitz Stories” [2017]; las únicas películas suyas, además de la que trataré hoy, que, por ahora, he visto), y protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver. Obtuvo muchas nominaciones en la edición de los Oscars de 2020 —incluyendo Mejor Película—; pero, sinceramente, yo no acabo de ver qué es lo que la hizo tener tanto bombo, salvo el buen tándem que forman sus actores principales. De cualquier modo, comencemos ya, a ver si se puede rescatar algo.

Fleabag (2016-2019)

Para cerrar bien este año tan sumamente extraño, me gustaría hablar de una de las series que más me ha sorprendido en estos últimos tiempos, y con la que me he reído, a la par que llorado (un sutil equilibrio que no siempre es fácil de conseguir, dicho sea de paso). Estoy hablando de “Fleabag” (2016-2019), un drama británico, con tintes de comedia, dirigido, escrito y protagonizado por la polifacética y maravillosa Phoebe Waller-Bridge. De ella, también me gusta “Crashing” (2016), en la que ya aparece su capacidad para estar a la altura en las facetas de directora, guionista y actriz; sin embargo, aborrezco bastante “Killing Eve” (2018-), de la que me cuesta entender su fama (es probable que simplemente responda a la tendencia tan extendida de encumbrar a alguien y luego no distinguir entre la calidad de las cosas que hace; pero ése es otro tema, que escapa a la temática de nuestro análisis de hoy, y que ya trataré en algún momento con más profundidad). Volviendo a “Fleabag”, cabe señalar que no es ésta una serie cualquiera, sino una que, aun rompiendo la cuarta pared constantemente, consigue hacerlo con suma elegancia y originalidad. Sin ser una tarea fácil, ya que, en ocasiones, este recurso puede resultar molesto, chapucero o pretencioso; en el caso de “Fleabag”, favorece que la protagonista, tan sumamente expresiva, congenie de una forma muy especial con el espectador desde el minuto uno. Quizá no sea para todos los paladares —hay quienes no conectan en absoluto con su tipo de humor y forma de hacer—, pero creo que, si uno aparca los prejuicios y se deja llevar por esta londinense de treinta y pocos, que anda sumamente estancada en errores del pasado y en pérdidas irreparables, encontrará en ella muchas de las preocupaciones que corroen a toda la especie humana y que son siempre dolorosas de digerir. Dicho esto, comencemos.

Catastrophe (2015-2019)

“Catastrophe” (2015-2019) es una de las series sobre las que más ganas tenía de escribir por aquí. Y, sí, nuevamente, como os podréis imaginar, es otra de mis preferidas. Hacía tiempo que quería volver a ella, para verla de seguido, ya que, en su momento, me fui viendo cada una de las temporadas a medida que las fueron sacando; y, claro, de un año para otro, cuesta hacerse una buena visión de conjunto. En ocasiones, volver a las cosas que a uno le han hecho feliz —así como a los lugares, como ya nos avisó Sabina en “Peces de ciudad”— puede tener sus riesgos, pero también nos permite hacer un análisis más certero y menos sesgado por el momento concreto; el cual, aun siendo relevante, debe tolerar que se le deje de lado —en la medida de lo posible— para ver hasta qué punto la calidad de lo que se juzga es tal o está demasiado contaminada por nuestro estado de ánimo o circunstancia. De hecho, creo que todo aquello que consideramos que tiene valor debe ser capaz de aguantar una segunda lectura o un segundo visionado. Por eso, me alegro enormemente de que “Catastrophe” haya superado la prueba —y, además, con nota—; pues eso también quiere decir que su calidad está por encima de la media, en tanto que, para que no se nos haga pesado soportar el retorno a un contenido audiovisual o literario, una de las condiciones que más ayudan es que no le sobre ni le falte nada, o que los pequeños deslices que pueda tener sean los menos; y esto, ciertamente, no es tan común como parece. Sin más dilación, comencemos ya con el análisis.

Togetherness (2015-2016)

Hoy os vengo a hablar de otra de mis series predilectas: “Togetherness” (2015-2016). Sin embargo, tal y como pasaba con “Love” (2016-2018), tampoco es demasiado conocida, ni suele aparecer entre las típicamente citadas. Por eso, espero fervientemente que este pequeño artículo sirva de humilde aportación para que todos aquellos que no la hayáis visto aún os animéis a hacerlo; y para que, entre los que la hemos visionado ya, consigamos que llegue a un público más amplio. “Togetherness” —disponible en HBO— es una serie creada y escrita por Mark Duplass, Jay Duplass y Steve Zissis. No sé hasta qué punto estaréis al tanto de quiénes son, pero yo tengo que reconocer que cualquier cosa que hacen los hermanos Duplass me genera siempre mucho interés; así que, sin duda, les dedicaré en algún momento —espero que no muy lejano— un capítulo aparte, ahondando en sus distintos proyectos audiovisuales. Pero, por ahora, toca centrarse en “Togetherness”, que motivos no me faltan.

La década de la Edad de Oro del cine y la ciencia ficción. Consideraciones finales

Hemos llegado al final de esta serie de artículos sobre las películas más representativas del cine clásico de ciencia ficción, y nos encontramos en una encrucijada inevitable si tenemos en cuenta la estructura general que nos habíamos planteado en un principio. Estamos en el artículo que correspondería a la década de los años 50 y, a la vez, ya hemos tocado dos grandísimas películas de los lustros que la componen: “El hombre del traje blanco” (1951) y “La hora final” (1959); representantes de los dos mayores imperios occidentales anglosajones, al ser una inglesa y la otra yanqui. Ambas son de una calidad incuestionable y, al mismo tiempo, se erigen como ejemplos magistrales de lo que podía hacer el cine en su momento de mayor esplendor; aunque, eso sí, desde dos enfoques muy diferentes, a pesar de estar bajo un mismo género y de tocar los mismos temas. Mientras que la primera es una película de ciencia ficción con toques de comedia romántica británica; la segunda, en cambio, toma un tono mucho más grave, pudiendo inscribirse dentro de la ciencia ficción dramática —muy dramática—. No pretendemos engañaros… Como casi siempre en la vida, uno sabe cómo empiezan las cosas, pero nunca cómo acabarán; y, en este caso, nos hemos visto superados por la necesidad de conocer a fondo el cine negro americano, junto con sus precedentes ‘oscuroimpresionistas’ alemanes, antes de emprender este análisis. El tiempo del que hemos dispuesto este curso ha sido limitado, y documentarnos en este sentido antes de poder meter mano a estas dos películas, con un mínimo de autoridad, era una imposibilidad. Por lo tanto, nos vemos en la obligación de dejar los análisis de estas cintas para un futuro, que esperamos que no sea muy lejano, a la vez que reconocemos que nunca se sabe suficiente de un tema; así que no desechamos seguir comentando películas del género de la ciencia ficción en algún otro momento, ni descartamos tampoco una segunda serie de artículos dentro de unos años.  Ahora proseguiremos con un pequeño desglose de lo que os hemos traído durante estos meses, para aclarar un poco la visión de conjunto, y cerraremos volviendo a las ideas que hemos ido manejando, comprobando si después de todo lo trabajado conseguimos sintetizarlas de una manera más depurada. Comencemos.

Love (2016-2018)

Si hay una serie a la que le tengo especial cariño, esta es, sin duda, “Love” (2016-2018). No os dejéis engañar por su título, un tanto minado, y haced el favor de verla. Protagonizada por Gillian Jacobs y Paul Rust (también co-creador y co-guionista), la historia ahonda en el proceso de conocer a alguien y en las muchas fases por las que puede llegar a pasar una relación desde que empieza hasta que se asienta. Si esta premisa no os resulta lo suficientemente atrayente, os puedo garantizar que tiene unos personajes inolvidables, sustentados por un guion irónico, ácido y original. Si ni siquiera todas estas razones os valen, espero que este análisis consiga generar algún interés en vosotros (aunque, si no la habéis visto aún, os aviso de que no me voy a cortar a la hora de hablar de algunas escenas; lo aclaro ya, por si preferís esperar a verla). Me da la sensación de que esta serie ha pasado desapercibida, por ser de Netflix y por tener un título y una portada que no destacan frente a infinitos contenidos absolutamente mediocres. Sin embargo, me parece que tiene mucho más fondo del que podría parecer en un principio. Por esta razón, así como por mi evidente predilección por los temas que trata, no descarto volver sobre ella en algún otro momento. Pero, por ahora, y sin más dilación, empecemos.