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AutorBarbaRoja898

No existen los rumanos. Escribo en https://Zoonpolitikon.blog El que no hace lo que debe, hace lo que no debe. A. M. D. G. SI VIS PACEM PARA BELLVM youtu.be/vDyRqnQ2DsE

Repaso del curso 2021-2022 y… ¡nos vamos de vacaciones!

Llegamos al final del cuarto curso trabajando en Zoonpolitikon.blog y tenemos que reconocer que, sin duda, ha sido la etapa más dura hasta la fecha dentro de este proyecto. Con todo, hemos conseguido escribir 32 artículos y superar la cifra de 6105 visitas, lo cual es un 32% más que el tercer año. A su vez, si miramos el número de visitantes, nos encontramos con más de 1071, lo que implica —si la dislexia nos lo permite— un aumento del 26% respecto al año pasado; así que no nos podemos quejar del crecimiento. Por artículo, al final del día, nos quedamos aproximadamente con 190 visitas y 33 visitantes; teniendo, de media, 21 visitas al día, de la mano de 3 visitantes. Desde luego que no son números comercialmente rentables, pero a nosotros nos sirven para levantarnos cada mañana. También nos ha hecho mucha ilusión tener 91 comentarios, que son un 78% más que los del curso pasado. Hablando ya de entradas particulares, el ganador ha sido nuestro artículo “Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas (Conferencia 2021)”, con 353 visitas; provocando, a su vez, el mejor día y mes históricos. Le siguen, por detrás, pero no por ello con menos importancia, “Cumbres Borrascosas (1847) y sus tantas adaptaciones”, con 265, y “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865)”, que alcanza las 241. Tenemos los datos; ahora, interpretémoslos.

Seminario Razones en Movimiento. Cine, argumentación y conocimiento (Conferencia 2022)

Hoy toca una pequeña, pequeñísima, casi ínfima crítica a un evento universitario; más precisamente, de la Universidad Complutense de Madrid. Por la misma razón que tratamos el «Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas», y motivados por la buena aceptación del mismo (349 visitas y 16 comentarios), queríamos tratar algo más sobre lo que es capaz de hacer el «Proyecto de Innovación Docente: Filosofía, ciencia y cine. Perspectivas feministas», coordinado por Laura Nuño de la Rosa; proyecto Innova que dio continuación al digno «Filosofía a 24 imágenes por segundo» (https://filosofiaa24imagenesporsegundo.com/), del profesor Antonio Duarte Calvo. Pero, vista la calidad del primer cinefórum, no queríamos repetir con quien no merece la pena, así que nos esperamos a que hubiera un evento, por lo menos en apariencia, menos propagandístico y, a poder ser, con unos participantes diferentes. Pasó el tiempo y tuvimos suerte, dado que el «Congreso “Razones en movimiento” sobre cine, argumentación y conocimiento» —curiosamente anunciado por dos cuentas de Tuiter distintas: @Filosofia24FPS y @filosinnova— parecía una bocanada de aire fresco en comparación con lo que venía haciendo el mencionado «(proyecto 331): Filosofía, Ciencia y Cine: perspectivas feministas». Eso sí, como cada vez vamos siendo más ‘perros viejos’, conviene analizar el contexto, quién hay detrás, etcétera, para cribar y evitar dedicar nuestro tiempo a aquello que sencillamente no vale nada —sobre todo ante la falta de recomendaciones autorizadas—. Comencemos.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Sexta parte: Conclusión

Terminamos hoy con nuestro repaso del clásico de la ciencia ficción de la televisión estadounidense trayéndoos lo que consideramos que es su núcleo más íntimo. Este trasfondo se encuentra tras varios niveles de abstracción metafórica. En un principio, le pasa un poquito como a “Blade Runner” (1982), dado que, como ya mencionamos en nuestro artículo sobre “Viaje a la Luna” (1902), al margen del misterio sobre la metáfora que nos presentan mediante el género —la cual dejaremos para el final—, Star Trek toma muchos elementos de las series policíacas o de suspense, y es que es frecuente encontrarnos siempre un enigma por resolver. Sin embargo, detrás del nudo habitual de cada episodio, las aventuras de la tripulación del Enterprise esconden un giro más: realmente están ocultando la verdadera historia que Gene Roddenberry nos está sugiriendo y que va más allá de cuestiones superficiales fácilmente detectables, como lo son la reflexión sobre la figura del hombre de acción respecto al intelectual y la comparación entre tomar una actitud emocional o racional a la hora de afrontar las encrucijadas de la vida, algo que viene introducido a través de los tres tipos humanos distintos: el líder, el científico y el médico. Todos estos temas ya los hemos tratado a lo largo de los artículos anteriores, así que tampoco vamos a pararnos demasiado a repetir que propone una defensa de Occidente mediante un ensayo sobre su posible evolución futura, como ya vimos en el artículo que le dedicamos a la primera temporada; donde también recordamos que las cuestiones del amor, la verdad y la belleza o la compasión, el deber y el sacrificio son capitales —siendo Star Trek, en este sentido, diferente al ciberpunk, pero tampoco contraria, dado que el enfoque no es idealista, sino crítico, aunque sin llegar a caer en el pesimismo—. De cualquier modo, estos asuntos, si bien sirven al conjunto, se encuentran en la mera superficie, lo que provoca que sólo adquieran su verdadero sentido cuando comprendemos el significado de la metáfora de la ciencia ficción en este caso concreto. Pero como no estaría completo este análisis si no comentásemos, antes de adentrarnos más allá, qué es eso de “Star Trek: La serie animada” (1973-1974) y las películas que vendrán después, vamos a ponernos primero con ello. No nos enzarcemos en exceso con las presentaciones y comencemos ya.

¿No hay, en verdad, belleza? (1968). Star Trek: La conquista del espacio. Temporada 3: capítulo 5 (60)

Hoy toca hablar del mejor capítulo de la tercera temporada, lo que, en un principio, encierra cierta dificultad porque, como veníamos adelantando, es la peor de todas. Después de pasar por los 24 episodios que componen esta última temporada, hay que reconocer que ninguno supera el 7 y que, en torno a esta nota, sólo hay 6. Antes de comenzar esta crítica habrá que cribar y ver cuál es el mejor. Para ello, hemos procedido a volver a cada uno de los mencionados capítulos, lo que nos ha permitido matizar y llegar a la conclusión de que el episodio protagonizado por Diana Muldaur, encarnando a la enigmática Miranda Jones, es el más redondo. Sin más introducciones, comencemos, pero no sin antes dar un pequeño repaso rápido a los cinco descartados.

Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas (Conferencia 2021)

Con más de seis meses de retraso, volvemos con nuestros artículos sobre eventos universitarios a colación del cinefórum del lunes 8 de noviembre de 2021 que tuvo lugar en la Universidad Complutense de Madrid y que fue de la mano de Paula Nieto Montero (Ingenias), Isabel Gloria Gamero (UCM), Ángeles Jiménez Perona (UCM), Saleta de Salvador Agra (UCM) y Laura Nuño de la Rosa García (UCM); siendo esta última la responsable del proyecto 331: “Filosofía, Ciencia y Cine: perspectivas feministas”, que es el que está detrás de esta conferencia. Para los bisoños por estos lares, este tipo de artículos no son ninguna novedad: en el pasado ya trajimos uno sobre una charla de Sandel y otro acerca de un seminario coordinado por el profesor Duarte Calvo —y no, no es una casualidad que aquel seminario comparta web (https://filosofiaa24imagenesporsegundo.com/) con el cinefórum que traemos hoy—. Sin más dilación, entremos en materia.

Alice: Otherlands (2015)

Hoy terminamos el repaso de la obra de American McGee con una crítica —o, mejor dicho, con unas críticas— a los dos cortos que componen el proyecto de “Alice: Otherlands” (2015): “Leviathan” (2015) (aquí lo tenéis subtitulado) y “A Night at the Opera” (2015) (también con su versión traducida). A su vez, aprovecharemos además este espacio para comentar el estado actual de la cuestión y qué es eso de “Alice: Asylum”. Esto no debería durar demasiado, así que, sin más dilación, comencemos.

Sobre el fracaso (II)

A estas alturas de abril, y estando ya hoy en el último día del mes, quizá muchos —siendo optimistas— sospechabais que algo ocurría; y es que, de los tres artículos habituales, no ha salido ninguno. Estabais en lo cierto. Este mes, por su idiosincrasia particular —que fundamentalmente se caracteriza por contener la Semana Santa y faltarle el último domingo—, ya de entrada iba a constar solamente de dos publicaciones, pues teníamos previsto pasar la tercera al 1 de mayo. La cuestión es que se han juntado (y en este punto sólo puedo imaginarme la ficción de un meteorito impactando contra la Tierra, pequeño, pero no insignificante), en un contexto de pandemia, problemas personales, familiares, laborales y de salud que se remontan, como poco, a septiembre, junto con un par de nuevas complicaciones de índole similar que han provocado que una parte importante de nosotros pinchara durante 15 días —encontrándose dicha fracción aún convaleciente—. En esta situación, y dadas las circunstancias, no nos ha quedado más remedio que tomar medidas, atrasar los artículos de abril a mayo y reducir las expectativas respecto a la profundidad de los mismos (cosa que, mal que nos pese, ya estábamos haciendo, si bien en menor medida, desde principios de curso). Esto no pretende ser nada más que un comunicado informativo, así que vamos a dejarlo aquí. Os ofrecemos nuestras disculpas por nuestra falta de capacidad a la hora de conllevar correctamente la adversidad. Intentaremos aprender de lo ocurrido. Nos vemos, si no se acaba el mundo antes, en mayo —que quede esta miniatura de artículo como otra cicatriz de nuestro fracaso—.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Cuarta parte: La segunda temporada (1967-1968)

Seguimos con nuestra primera aproximación a lo que es, y fue, Star Trek, centrándonos hoy en la segunda temporada de la serie original. Como valoramos vuestro tiempo y, curiosamente, este tercer curso coronavírico está siendo el más pesado —algunos se preguntarán «¿de qué estás hablando?»—, vamos a intentar practicar la síntesis, para felicidad de todos. En esta línea, nos centraremos en las diferencias respecto a la primera temporada, dado que los capítulos se estructuran igual, el contexto es el mismo y los personajes repiten. Como novedad, eso sí, nos encontramos ante la definitiva ausencia de la secretaria y asistente del capitán, Rand —dejando inconcluso su arco romántico—, y la inclusión de Chekov (siendo este cambio una pista muy significativa del inminente ocaso de la serie). Pero, antes de liarnos, demos esta pequeña introducción por terminada y metámonos de lleno con este humilde análisis.

American McGee’s Grimm (2008-2009)

La noche es más oscura justo antes de amanecer (o eso dicen los incautos). Hoy seguimos con el repaso informal de la obra de American McGee, poniendo la atención esta vez en ese videojuego llamado “American McGee’s Grimm” (2008-2009), que se vende, 14 años después de su salida, en 23 episodios, a 0’99€ la unidad digital. Esta obra consiste en que nuestro personaje recorra mapas, inspirados lejanamente en los cuentos de los hermanos Grimm, mientras vamos convirtiendo el escenario, de cuento de hadas estereotipado, en uno oscuro (aunque en el que sigue funcionando, eso sí, la misma simpleza de miras que ya regía en el origen). Siguiendo esta línea, cuanto más cutre volvemos el mapa, siendo siempre la estrategia ganadora la de empezar recorriendo los bordes, mayor será el área de efecto; y, llegados a un límite marcado en una barrita, podremos ir avanzando hasta terminar el nivel. Cada uno de los 23 episodios tiene una media de entre 6 y 8 niveles, separados por una pequeña escena cinemática, donde, en perfecto inglés, con subtítulos en el mismo idioma, se intenta hacer una interpretación satírica de estos cuentos clásicos, que siempre cae del lado de lo pueril y lo predecible. La fórmula se repite inclementemente a lo largo de unas seis horas del más absoluto tedio. Y, como tengo un par de cosas más que decir para justificar el 0´5 que se ha ganado esta chapucilla, aunque no se lo merezca, vamos a dedicarle un párrafo más a este despropósito. No demos más vueltas, pues, y entremos en materia.

Un par de ideas sobre el momento después de terminar de disfrutar una obra

En el día de hoy, no puedo sino acordarme de este artículo. Igual que no puedo olvidar esa sensación agridulce que se produce cuando acabas una obra de esas que te dejan una huella difícil de borrar. Hoy vamos a dedicar un par de líneas a meditar justo sobre esa emoción, a mostraros un par de ideas sobre un sentimiento que todos los que somos devotos creyentes del quehacer humano tenemos la suerte de sufrir, de media, un par de veces al mes. Para el resto, que dedica mucho menos tiempo a disfrutar a fondo del fruto del hombre, ya sea porque participar de su creación les deja sin tiempo, o porque prefieren explayarse en saciar su ser mamífero por encima de cualquier otra cosa, será una afección de la cual recordarán quizá haber reparado alguna vez en su vida. Hablamos de aquella vez en la que, después de leer una novela, acabar una serie o, incluso, un videojuego —y no es baladí que sea más fácil de provocar con obras narrativas que necesiten de varias tardes para ser disfrutadas—, posiblemente en la niñez, tras gozar la recta final y llegar a la catarsis…, lees la última línea, el fondo se vuelve negro y, de repente, como si cayeras al vacío de un gran pozo a medianoche, te congela el corazón una sensación desagradable y nostálgica de abandono. En este punto, no hace falta encerrarse un día entero, en silencio y a oscuras, para comprender que el fondo de esta tragedia es que la historia se ha acabado; una que, para más gravedad, creemos que ha sido muy buena hasta el punto de que, en algunos momentos, la hemos vivido como propia. Y…, por lo tanto, volviendo a la primera línea de esta introducción, comprobamos, otra vez, que lo más maravilloso de esta vida siempre tiene un reverso tenebroso. «La felicidad de hoy será la tristeza de mañana», recordamos de “Tierras de penumbra” (1993); frase que transmite una de esas verdades eternas e inmutables, como también lo es la mezquina y cruel aseveración contraria —o contradictoria o… ¿subalterna?; perdonadme los aficionados a la lógica— de que, sin embargo, «la tristeza de hoy no tiene por qué ser la felicidad de mañana». Comencemos.