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AutorBarbaRoja898

No existen los rumanos. Escribo en http://Zoonpolitikon.blog El que no hace lo que debe, hace lo que no debe. youtu.be/vDyRqnQ2DsE

El videojuego del 2000 y la película del 2003 de “Rescate en el tiempo” (1999)

Hoy, inspirados por las aventuras de Alicia, hemos reparado en que dichas novelas tienen dos adaptaciones videojueguiles, que un servidor pudo disfrutar antaño y de las cuales guarda un recuerdo extraño. Estas adaptaciones son creación de un director llamado American McGee. Tras un repaso rápido de su trayectoria, nos hemos dado cuenta de que este hombre ha estado en el ojo del huracán de la edad dorada de los videojuegos. Vemos su nombre en los créditos de obras de suma relevancia: desde “Wolfenstein 3D” (1994) hasta “Doom II” (1994), pasando por el digno “Quake” (1996); comprobando después que, desde el 2000, se ha movido entre la dirección y la producción de muchísimos videojuegos, además de las mencionadas versiones lógicas de “Alicia”, y siempre con un especial interés en el apartado estético. Un acercamiento pormenorizado al trabajo del señor McGee nos llevaría mucho tiempo, del cual ahora no disponemos, pero una primera aproximación crítica, sobrevolando sus trabajos disponibles de manera informal, es perfectamente asumible. En este sentido, hemos decidido saltar a la primera obra donde tiene un cargo de responsabilidad como codiseñador y coescritor: un videojuego llamado “Timeline”, lanzado en el año 2000, del cual apenas hay referencias en la prensa anglosajona y sobre el que, sencillamente, no existe nada en la española. Su premisa es adaptar una novela menor de ciencia ficción, titulada “Rescate en el tiempo”, publicada un año antes de la mano del prolífico y comercial Michael Crichton —que es también el director del juego—. Si os suenan las campanas es gracias a la exitosa adaptación cinematográfica de su novela “Parque Jurásico”, de 1993, de la cual también es guionista, y, quizá, aunque en menor medida, debido a la irregular “Esfera” (1998). Lo más curioso de todo es que también existe una película de 2003 que adapta la novela de Crichton, y que cuenta con el sello del director de “Arma letal” (1987), “Los Goonies” (1985) y “Superman” (1978); lo que nos ha puesto en bandeja de plata afrontar una crítica dual, que no es tripartita porque un servidor no está dispuesto a leer una novela menor de 598 páginas, escrita por un autor de tercera, y fechada en 1999, sin que antes concurran las suficientes recomendaciones entusiastas —como mínimo, tres—. No nos entretengamos más con presentaciones y entremos ya en materia.

Un par de apuntes sobre “Star Trek: La conquista del espacio” (1966-1969). Primera parte: ¿Por qué nos puede resultar interesante?

Arrancamos nuestra cuarta temporada con ganas de retomar un tema pasado; ya que, en su momento, le dedicamos cierto tiempo a hacer una primera aproximación sobre qué es y qué supone el género de la ciencia ficción en el campo del cine. No queda tan lejos aquel final de 2019 y principios de 2020; pero, en este último año, en el que nos ha dado tiempo a meditar y a nutrirnos intelectualmente con profusión, y después de tanto ensayo sobre feminismo —que era necesario, pero sin dejar de ser a ratos aburrido—, un servidor se ha dado cuenta de que no podía postergar más el meterle mano al gran manantial del susodicho género: “Star Trek: La conquista del espacio” (1966-1969). Como todos los cinéfilos con cierta predilección por la complicación que nos ofrece la ciencia ficción, no vengo para nada virgen a esta fiesta: a lo largo de mi vida me he visto, aunque sea de rebote, alguna de las 13 películas —recuerdo muy bien “Star Trek: Primer contacto” (1996) y el terror que aún habita en mis recuerdos gracias a la Reina Borg— y algún capítulo suelto de las 10 series —sobre todo de “La nueva generación” (1987-1994)—; pero la verdad es que nunca me había acercado a este fenómeno de masas con orden y, fácilmente, pueden haber pasado ya en torno a 15 años desde el último contacto. Pero, antes de seguir, seguro que a más de uno le viene a la cabeza una cuestión de principio… ¿Por qué?, ¿por qué vas a dedicar 65 horas de tu vida —sin contar el tiempo de análisis, reflexión, investigación, escritura, discusión y corrección— a ver ‘navecitas pegándose’ desfasadas? Porque, camaradas correligionarios…, hay mucho más que eso. Comencemos.

Repaso del curso 2020-2021 y… ¡nos vamos de vacaciones!

Llegamos al final del tercer curso trabajando en Zoonpolitikon.blog en unas condiciones que no vamos a ocultar que han sido un poco duras. Con todo, hemos conseguido escribir 30 artículos y superar la cifra de 4604 visitas, lo cual es un 255% más que lo alcanzado durante el segundo año. Además, si miramos el número de visitantes, nos encontramos con más de 847, lo que implica —si la dislexia me lo permite— un aumento del 338% respecto al año pasado. Así que, a pesar de todo, hay que reconocer que el esfuerzo de este curso ha dado sus frutos. Por artículo, al final del día, nos quedamos aproximadamente con 153 visitas y con 28 visitantes. También nos ha hecho mucha ilusión tener 51 comentarios. Hablando ya de artículos particulares, el ganador ha sido “La peor parte: Memorias de amor (2019)” —que, aun perteneciendo al curso anterior, ha destronado, al fin, a “Seminario Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo (Conferencia 2019)”—, con 205 visitas; provocando, a su vez, el mejor día y mes históricos. Le siguen por detrás, pero no por ello con menos importancia, “Jane Eyre (1847) y sus tantas adaptaciones”, con 150, y “Un par de ideas sobre lo fascista, lo comunista, lo progresista y lo liberal para evitar la propaganda: la mal llamada ‘izquierda’ y ‘derecha’ a la altura de los años 20 del siglo XXI”, con 116 —porque mi infinita humildad no me permite presumir de que el delirio de mi página biográfica haya tenido 124—. Tenemos los datos; ahora, interpretémoslos.

Mass Effect (2007-2012)

Apurando hasta el final, por fin llegamos a este artículo. Lo primero que debemos comentar es por qué se ha retrasado tanto y, lo más molesto de todo, las razones que hay detrás de que no sea lo que teníamos previsto. Antes de empezar, os avisamos de que esto no pretende ser más que una introducción corta a la coyuntura que ha condicionado el trabajo que irá adjunto, el cual será muchísimo más largo. La razón de esto es que todo lo que se podía decir, sin entrar a destripar la historia, ya lo hemos dicho, y todo lo que se puede decir más allá, aun siendo un resumen muy sucinto, rompe el límite máximo asumible para cualquier entrada de una página web (por mucho que la nuestra asuma una extensión media suicida). Hechas estas puntualizaciones, comencemos.

Feminismo en el siglo XXI. Décima y última parte. Apuesta por el feminismo como consecuencia de un sistema universal materialista, crítico y radicalmente conservador. Ventajas y problemas

Terminamos hoy con esta serie sobre el feminismo con un artículo que no pretende ser nada más que un pequeño resumen informal de todo lo dicho. Por lo demás, la conclusión ya había empezado en el octavo artículo, encontrándose su ábside en el noveno. En resumen: este escrito no tiene por intención aportar ninguna otra cosa diferente a las cuestiones tratadas hasta ahora, aunque sí busca presentar una última reformulación de lo que es el feminismo, ensayada ya, por lo menos, unas cuatro veces desde que comenzamos este pequeño decálogo de más de 243.000 caracteres, sin contar los trabajos anexos (que sumarían alrededor de 178.000), dando un total equivalente a unas 155 páginas. Evidentemente, entre tanto texto, habrá más de un error que iremos descubriendo con los años, pero os aseguramos que no serán de importancia de cara a la definición y a lo que hemos podido extraer de ella. Como bien subrayamos en el anterior capítulo, hemos encontrado cuestiones de fondo mucho más importantes y significativas que trascienden el feminismo; y una de ellas, fundamental, es el gran presupuesto, no sólo de esta argumentación, sino de todas las que veréis en esta página web: la cuestión de la naturaleza. Si nos aceptáis este sencillo presupuesto, nuestras reflexiones serán todo lo sólidas que un mortal puede pretender en vida; en cambio, si os cuesta comprender tal noción o, sencillamente, os parece un delirio atávico superado hace centurias… Comencemos.

Feminismo en el siglo XXI. Novena parte. Voces disidentes en el panorama intelectual actual. La trampa del mal llamado liberalismo y el peligro del pragmatismo

Dado que el final de esta serie de artículos se va acercando, nos parece oportuno, antes de cerrar, dar un repaso a las diferentes corrientes que, poco a poco, han ido haciendo resistencia ante los excesos de los que abusan de la palabra «feminismo», corrompiendo su sentido para hacer propaganda. En tanto que analizar dichas corrientes en forma y fondo implicaría, como mínimo, dedicar un artículo entero a cada una, vamos a optar por presentarlas a través de sus representantes más mediáticos. Como hemos ido viendo, las cuestiones principales de fondo están claras desde hace ya bastantes décadas, lo que favorece que aquello que genere mayor interés sean, más bien, las diferentes estrategias de contrapropaganda, aunque también las motivaciones que hay detrás de ellas. Estos movimientos, que bien podrían haber florecido muchísimo antes, no lo hicieron hasta 2018, a saber, cuando el feminismo acrítico estaba llegando a sus límites más absurdos; y esto, como veremos más adelante, tiene su sentido. Comencemos.

Sobre el fracaso

Hoy deberíamos estar hablando de la historia de “Mass Effect” (2007-2012) a través de un trabajo pormenorizado sobre la misma. Sin embargo, no ha podido ser, por una serie de pequeñas cosas que han ido entre regular y mal, y que, sumadas todas ellas, nos han llevado a tener que reconocer que era imposible cumplir con nuestro compromiso con la calidad y poder llevar a término el artículo que teníamos previsto hacer, que quedará finalmente postergado hasta junio. Lo que hoy toca, más allá de entonar el «mea culpa», es un intento de compensar este error con una sucinta reflexión que deseamos que, de alguna manera, sirva para llenar el pozo que hoy se abría. Vamos a hacer de la necesidad virtud y a dar un par de ideas sobre un riesgo que persigue a todo hombre desde su nacimiento hasta su muerte: el hecho de que puede fracasar. Mejor dicho: que lo más probable, para cualquiera que intente algo, es que termine fracasando. Y ya que hemos sufrido un ligero fracaso, por lo menos aprovechémoslo para reflexionar y sacar algo en claro. Comencemos.