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CategoríaOpinión

Artículos cortos que pretenden invitar a la reflexión sobre algún tema, aportando las ideas consideradas más representativas.

Sobre el anonimato en general, y a la altura de los tiempos internáuticos en particular

Hoy toca una pequeña reflexión, con cierto interés en general, aunque con especial relevancia para todos aquellos que dan el paso de actuar en Internet. Hace unos años estuvo muy de moda la cuestión en torno a los insultos, las ofensas y las amenazas en la Red, existiendo un sector de defensores de la idea de asegurar la identificación a la hora de escribir, por ejemplo, en Tuiter. Esto, a priori, podría parecer funcional, dado que el paisanaje más tosco se suele esconder detrás de un seudónimo para decir barbaridades que nunca diría en la vida analógica. Pero, como toda solución fácil…, resulta demasiado simple; escondiéndose detrás de ella peligros que no sólo destruirían la gracia del mundo internáutico, sino que, de facto, y teniendo en cuenta la importancia de este medio de comunicación, provocarían también armar de herramientas muy eficaces a los movimientos que juguetean con maneras totalitarias. Al mismo tiempo, creemos que es de recibo que todo hombre que se anime a hacer una página web como ésta, o parecida, dé razones de por qué ha tomado una determinada decisión al respecto. Por ello, ahí van las nuestras.

Sobre el conocimiento implícito. Primera aproximación

Después de unas ociosas navidades, volvemos con las energías renovadas y con una pequeña reflexión con la que empezar el año. Hoy vamos a sugerir unas notas sobre el conocimiento implícito o, también llamado, procedimental; es decir, aquello que aprendemos a través de la repetición y que, a la vez, no podemos recordar con claridad explícitamente en qué consiste. En términos sencillos, lo contrario de esto sería cuando uno se aprende un número de teléfono o una poesía, pues en esos casos parece que todos tenemos muy claro que lo recordamos. Sin embargo, quizá exista alguna otra semejanza con lo que hoy aquí tratamos más allá del procedimiento de aprendizaje basado en la reiteración. Ejemplos de aprendizaje implícito existirían muchos: desde aprender a montar en bicicleta hasta los deportes en general, pasando por cosas de tan distinto calibre como la mecanografía, que es lo que, de hecho, me ha suscitado el tema. Pero, antes de nada, delimitemos bien de lo que estamos hablando.

La Navidad: entre la nostalgia y Love Actually (2003)

Ahora que se acercan estas fechas tan señaladas, compruebo con cierto estupor cómo el mundo se divide entre quienes disfrutan de las navidades y quienes las aborrecen sin piedad. Para tener las cosas claras y no llevar a error, aunque se me vaya a notar claramente durante este escrito, yo soy, indudablemente, del primer tipo de personas. De hecho, aquellos que se muestran muy críticos con estas fiestas me producen, de entrada, cierto rechazo. No puedo evitarlo.

Los viajes: primera aproximación

Hoy, después de mucho tiempo, escribo aquí para tratar uno de los temas que más tiende a gustar: los viajes. Sin embargo, lejos de hacer una defensa a ultranza de la manera en la que se conciben habitualmente, de lo que pretendo hablar es del modo en el que suelen afrontarse y de lo que considero que es, a todas luces, una falacia. Pongámonos en situación. Hay una especie de tendencia generalizada desde la que se considera que uno viaja para ‘encontrarse a sí mismo’; cuando lo que realmente ocurre es que uno más bien viaja para no pensar demasiado y para desconectar de los problemas que le preocupan. Además, ¿qué es eso de ‘encontrarse a uno mismo’?

Sobre “Leica – The Hunt” (2019): totalitarismo, promoción, arte y censura

Hace unos meses hice un comentario sobre el caso del corto promocional de Leica “The Hunt” (2019) en el que quedaba patente que arriesgarse a criticar a los chinos tiene un precio. En este caso, asumir la censura bajo la amenaza directa de dicho gobierno. Este corto, sutilmente filmado, piensa la figura del fotógrafo de guerra bajo el lema: «Dedicado a aquellos que prestan sus ojos para que podamos ver». Uno de los momentos clave del mismo rememora la foto del “Hombre del tanque” en las protestas de la plaza de Tiananmén en 1989; sin embargo, ésta fue tomada por Jeff Widener con una Nikon, así que podríamos decir que aquí se han tomado algunas licencias. En su momento tenía cosas mejores sobre las que escribir, pero hoy, después de constatar que el vídeo ha sido borrado del mapa, y no sólo de los canales oficiales de Leica, creo que se merece dedicarle algo más que 280 caracteres. Menos mal que tratar de eliminar algo completamente de internet es como ponerle verjas al mar, y es por ello que aún podemos encontrarlo: “Leica “The Hunt” “徕卡 leica the hunt”. Eso sí, como siempre en estos casos, recomiendo descargarlo.

Una apuesta por la duda

A raíz del artículo “El beneficio de la duda” de Guillermo Altares, publicado en El País hace unas semanas, escribo hoy aquí. Porque nunca es tarde si la dicha es buena. Como tampoco viene mal recordar, una vez más, la duda de Sócrates, incluso la de Descartes. La duda, al fin y al cabo. Pero no la duda perdida, no la duda posmoderna ni líquida, sino la duda que repiensa, que vuelve a lo de siempre para matizarlo, para encontrar algo que se hubiera perdido por el camino. ¿No es este acaso el camino de la filosofía? ¿No es esta la esperanza del filósofo cuando abre cualquier libro de un pensador? No es tanto el afán de encontrar respuestas, sino la necesidad de que queden formuladas nuevas preguntas, nuevos interrogantes.

Monólogos disfrazados de diálogos

Si en algo podemos estar de acuerdo todos o la mayoría de personas es que no nos gusta que nadie nos imponga su opinión como absoluta. Pero, ¿acaso toda idea que sustenta alguien debe tomarse como una verdad que no admite discusión? Nos encanta siempre poner en boga la manida apuesta por el diálogo, pero este último no tiene ninguna relevancia en lo que hacemos, que meramente podría entenderse bajo el nombre de monólogos que no buscan ningún tipo de acuerdo, sino que ya parten de la premisa errónea de una verdad inamovible. Se nos llena la boca de palabras malsonantes cuando alguien pretende ponérsenos por encima sin que haya mediado la discusión en el proceso; pero, nosotros, entretanto, no nos olvidamos en ningún momento de nuestra postura, la cual somos incapaces de recular o matizar en los supuestos diálogos que compartimos con los otros. Si tan seguros estamos de ella, ¿por qué nos molesta tanto que alguien nos la cuestione? ¿Por qué nos ofendemos a la mínima de cambio y a la menor broma sobre algo que para nosotros es tan fundamental u obvio? ¿No será que nuestra vaguería llega a unos límites insospechados y que lo que nos da miedo es dialogar, por si de repente alguien nos pone en duda algo que defendemos con tanto ahínco? ¿No será que tenemos miedos o intereses que no queremos que salgan a la luz?

Sobre familias y parejas: encuentros falazmente inevitables y virtuosos

De un tiempo a esta parte, me vengo percatando de que cada vez es más habitual que las personas lleven a sus parejas al encuentro con sus respectivos familiares tan pronto como se les presente la ocasión. Es decir: así, de golpe y porrazo, uno ya no sólo tiene que ir a las reuniones familiares que le atañen, sino también a las de la familia de su compañero de crimen. De este modo, uno debe sepultar y dar por perdidos los encuentros a pequeña escala; pues, en cuanto las parejas de nuestros familiares allegados empiezan a acudir a cualquier tipo de reunión que se preste, la cifra de invitados aumenta el doble sin que a uno le dé tiempo a asimilarlo. Y uno nunca tiene suficientes sillas para semejante festín.