Jornada Electoral 2023. Octava parte: Conclusiones
La verdad es que creo que todo lo que queríamos contar ya ha sido contado y, para cualquiera que haya leído los siete artículos que componen este ciclo sobre las elecciones generales del 2023, la conclusión es evidente. No nos gustan las obviedades, las trivialidades ni las reiteraciones; entre otras cosas, porque son una pérdida de tiempo, y el tiempo, queridos amigos, es lo más valioso que tenemos. Hay demasiado que leer y que ver que merece mucho más la pena que cualquiera de nuestros artículos; así que, para todos aquellos que insensatamente nos sigan dando una oportunidad y honrándonos con el privilegio de su tiempo, he aquí las conclusiones a nuestra serie, condensadas en el mínimo de líneas posible. Por cierto, tampoco nos olvidamos de aquellos que, prudentemente, empiezan a leer por el final; mejor dicho, esto es fundamentalmente para ellos: ¡ojalá lo disfrutéis y os anime a leer el trabajo completo! Sea como fuere, vamos con ello en un par de párrafos y un chiste.
En un sentido pragmático, para cualquiera que tenga un mínimo de dignidad y sensibilidad, el camino más limpio es no votar. Si no votas, no participas de esta fiesta soez, no eres responsable de lo que luego hagan los gobernantes de turno y, de regalo, no perjudicas a los partidos pequeños. Por otro lado, si eres de esos que no pueden dormir por las noches si no has participado, la solución es fácil: lo menos malo en estas elecciones generales es votar al Partido Popular de Alberto Núñez Feijóo. El último y más exótico caso, si no tienes estómago para votar al PP, pero estás cansado de tanta fragmentación parlamentaria —algo a lo que ya aludimos en el artículo anterior—, además de no tener problema a la hora de legitimar el sistema —uno que, como mínimo, es caprichoso con estupideces como las cremalleras sexistas y donde cosas tan importantes como la separación de poderes está vulnerada—, es votar en blanco (y así, al menos, ahogas a los imbéciles de PACMA y compañía).
Por otro lado, a nivel de fondo, está claro que la democracia se va pudriendo por una mezcla de factores, entre los que cabe señalar el aceleramiento atontante que producen los móviles internáuticos, el olvido de las consecuencias de la guerra, la omnipotencia de la tecnología o el desarrollo del individualismo occidental. En cualquiera de los casos, como este punto es más complicado y éste no es el lugar para desarrollarlo en condiciones, si queréis una recomendación a estas alturas, ahí va: leed más a los clásicos, usad menos Internet e intentad vivir gastando poco dinero. Cosas como dar un paseo solitario, quedar en casa de un amigo o ponerse un disco de música son actividades beneficiosas no sólo para nosotros mismos, sino, en último término, para la humanidad en su conjunto. Otro detalle importante, aunque a muchos se les olvide, es el hecho de que vale que está bien ganar dinero, pero siempre y cuando sea a cambio de crear más riqueza que aquella que podríamos adquirir con lo que cobramos —esto no se puede calcular de manera estricta, en eso estamos de acuerdo, pero todos sabemos en nuestro fuero interno si cobramos de más o de menos; y ahí deberíamos apostar, por mucho que raspe, por cobrar de menos—. Intentando trabajar estos puntos, no cambiaremos el mundo, eso es cierto, pero sí estaremos en el camino de mejorarlo un poco. (Y casi se me olvida: ¡no os reproduzcáis si os sabéis indignos para traer a un nuevo ser humano al mundo! ¡Abortad, insensatos! ¡Esterilizaos! Ésa es la verdadera abstención que hay que pensarse.) Dicho todo esto, damos por finalizada la serie de la jornada electoral del 2023. ¡Nos vemos, con suerte, en 2027!
«Lo primero que os debemos es una disculpa por traer los últimos artículos de manera tan acelerada. No sabíamos, ni que el juego de los programas se hacía con los de las anteriores elecciones, ni que Pedro Sánchez las iba a adelantar. Esto explica, en parte, que el caos estuviera asegurado. Eso sí, reconocemos nuestra parte de culpa: no empezamos con el suficiente tiempo y, como era de esperar, finalmente nos ha pillado el toro. Han sido entorno a 605 páginas (sólo teniendo en cuenta las de los partidos pequeños), y la verdad es que podríamos, perfectamente, no haber terminado. Al final, no ha fallado la salud y hemos conseguido llegar hasta aquí. La realidad es que poco queda por decir, dado que desde el principio nos hemos posicionado en contra de los igualitarismos abstractos equidistantes (tan en contra, que consideramos que no existen). Para cualquier lector de los anteriores artículos, es evidente que nuestra opinión razonada siempre está presente; por lo tanto, creemos innecesario hacer cualquier tipo de valoración final sobre qué hay que votar. Los que hayáis leído todos los artículos sabréis perfectamente entre qué partidos andamos; por eso no lo vamos a repetir. Además, con este trabajo únicamente pretendemos nutrir vuestro criterio y que votéis con un grado mayor de compromiso. Eso, y ser un ejemplo concreto de que es posible leerse los programas. Si alguien no se fía de nuestro criterio a la hora de interpretarlos, ya sabe lo que tiene que hacer antes de hablar. El voto legítimo es ese que se fundamenta en razones y no en sentimientos. Deseamos pensar que, con la excusa de alguno de nuestros artículos, alguien haya aprendido algo nuevo y hayan surgido acaloradas discusiones».
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