Sobre el cortometraje. Una primera aproximación. Primera parte: ¿Qué es un cortometraje? (1900-1910)

Comenzamos este séptimo curso —que se dice pronto— con una pequeña serie para tiempos de incertidumbre en la que pretendemos hacer una primera aproximación al fenómeno cinematográfico de los cortos. Pero, antes de empezar, ¿qué es un cortometraje? Es una obra cinematográfica cuya duración, tradicionalmente, es de menos de 30 minutos, lo que requiere de una narrativa que plantee ideas concisas, pero que también permite trabajos más experimentales o con una mayor libertad creativa por el menor coste que supone frente a creaciones de una envergadura superior. Dado que ya sabemos de lo que vamos a hablar, entremos ahora en materia.
El cortometraje, una forma cinematográfica a menudo subestimada, tiene un papel crucial en la historia del cine. Este artículo es la entrega inicial de una serie que busca hacer un acercamiento introductorio a lo que representa el cortometraje, explorando sus características, su evolución y su relevancia dentro del mundo audiovisual. En esta parte inaugural nos centraremos en matizar la definición del cortometraje y en comentar brevemente su desarrollo durante la primera década del siglo XX.
Entre 1900 y 1910, el cine estaba en su infancia y la mayoría de las producciones eran cortometrajes. En esta época, las películas tenían una duración que oscilaba entre los pocos segundos y los 15 minutos. El cine no había logrado aún la complejidad narrativa que más tarde conseguiría, por lo que estas primeras obras solían presentar escenas cotidianas, trucos visuales y representaciones de eventos históricos. Como ejemplos, podemos ver la propuesta de los hermanos Lumière con “La salida de los obreros de la fábrica” (1895), de 46 segundos de duración, o “Viaje a la Luna” (1902), de Georges Méliès, de 14 minutos de metraje, donde, como ya vimos en un artículo anterior, se exploran elementos de ficción, aunque sin dejar de seguir siendo muy dependiente de su valor experimental y, por así decirlo, circense, convirtiéndose en todo un acontecimiento en el momento de su estreno. Poco después encontraremos cintas como “Asalto y robo de un tren” (1903), de Edwin S. Porter, que alcanza los 12 minutos y donde ya detectamos todos los elementos de lo que consideramos a día de hoy cine, como el uso de los movimientos de cámara y ciertos avances significativos en la edición de las escenas grabadas para componer una historia.
En este periodo, aunque el cine era visto más como un espectáculo que como un arte —del mismo modo que hoy ocurre con los videojuegos—, algunos cineastas ya empezaban a experimentar con formas de narrar y de crear imágenes que trascendieran la mera captura de la realidad o que buscaban llamar la atención y entretener al público (elementos estos últimos, por cierto, que siempre han estado ligados de manera inseparable al séptimo arte; y es que, por mucho que el cine pueda llegar a ser considerado una representación artística de calidad, al transmitirse por imágenes y depender de una industria para su realización, nunca ha dejado de ser, en algún respecto, un ‘producto’ para la masa).
En resumen, en la primera década del siglo XX el cortometraje sentó las bases de lo que sería el cine en su totalidad y, si bien era un medio joven, ya mostraba signos de lo que vendría después: una herramienta poderosa para mostrar ideas a cualquiera con dos ojos, una forma nueva para la experimentación artística y un espectáculo para entretener a muchos. En la próxima entrega exploraremos cómo el cortometraje evolucionó en las siguientes décadas, centrándonos en los cortometrajes técnicos y en la influencia de este incipiente arte en la Primera Guerra Mundial. ¡Os esperamos!
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