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Stalker (1979)

“Y si Dios es un triángulo… ya no sé qué pensar.”

Nos encontramos ante uno de los mejores ejercicios de la historia del cine a la hora de hacer de la necesidad, virtud. Concebida y filmada en el marco de la Unión Soviética, esta interesantísima película no pudo tener un desarrollo más tormentoso: desde los problemas y encorsetamiento típico de trabajar en un estado totalitario, hasta la desgracia de perder casi todo el metraje tras un accidente y tener que volverla a rodar prácticamente por completo con un presupuesto mucho menor, sin contar con la peligrosidad de trabajar en unos exteriores muy contaminados. Condicionantes que, en manos de otro, hubieran matado a “Stalker”, pero que al gran Tarkovski le permitieron hacer, probablemente, su mejor obra.

“Un hombre escribe porque está atormentado, porque duda.”

Entrando en materia, lo primero que destaca a simple vista es una refinadísima fotografía, que mira sin reparos a genios como Kubrick. Cabe señalar tanto una cámara ágil que sirve de elemento narrativo necesario en la trama y que está repleta de tomas originales pero que no desentonan, como el juego que se le da al sepia. Sin embargo, no sólo encontramos estos ejemplos, sino que todo resulta ejemplar en lo que al manejo de las imágenes se refiere. Desde aquí, podemos saltar fácilmente a la ambientación, la cual está perfectamente construida a través de unos escenarios deprimentes, sucios, contaminados y siempre húmedos, capaces de transmitirnos a la perfección esa atmósfera extraña y desesperada propia de “La Zona” y de las gentes que la visitan. Metafóricamente hablando, está repleta de juegos de imágenes y objetos realmente sugerentes, con un significado muy cuidado dentro de la totalidad de la historia. Muchos directores independientes con pretensiones deberían aprender de esta obra cómo se puede sugerir desde la abstracción cinematográfica, sin perder por el camino el sentido de lo que se quiere contar.

“Si estoy seguro de que soy un genio… ¿para qué escribir entonces?”

El apartado sonoro en esta película también resulta relevante en tanto que funde, como pocos saben hacer, el sonido con la música, consiguiendo así remarcar el tono de una escena. Valiente y experimental, juega muchas veces con la mezcla de melodía y ruido, con distorsiones pasadas por un sintetizador. Este apartado, por tanto, no resulta menos sorprendente que el visual, pero sí más atrevido en su planteamiento (con permiso de esos planos secuencia a ras de agua o de esa escena cenital sobre unas brasas). Pese a la dificultad de describir su desempeño con palabras es, en resumidas cuentas, sublime.

“¿Cómo voy a escribir si odio escribir? Es un tormento para mí, una ocupación dolorosa y vergonzosa.”

“Stalker” es una película difícil de ver, pues necesita reposo y paciencia, pero que no puedo dejar de recomendar. De hecho, quizás ése sea su peor defecto; sobre todo, para los tiempos que corren. Sin embargo, no es un problema de ritmo, sino de exigencia: al espectador se le reclama que se enfrente a una apuesta, la de Tarkovski, que requiere de un planteamiento sosegado. Es una historia con una premisa sencilla y clásica donde las haya, que aparece ya en Santa Teresa de Jesús: “Se vierten más lágrimas por las plegarias atendidas que por las no atendidas”. En el metraje nos encontramos con la promesa de una habitación que cumple los deseos de quienes entran en ella. Eso sí, ya desde la primera parte de la cinta nos cuentan la historia del maestro del “stalker” protagonista, Dikoobras, el cual, después de entrar, se hace rico de manera inesperada y termina por suicidarse. Este dilema va a ser el que guíe la obra; pero lo importante no es su desarrollo, que resulta casi anecdótico, sino los diálogos que giran alrededor del mismo entre los tres protagonistas en conjunción con el extraño entorno que les rodea, que casi tiene la presencia de un cuarto.

“No quieren saber nada, ¡sólo quieren saber cómo engullir!”

Las reflexiones que encierra esta película darían para un artículo mucho más largo, pero tratarlas a fondo implicaría destripar parte de su encanto. Es cierto que, al no haber grandes giros ni trucos argumentales, te pueden contar el desarrollo de la trama y cómo acaba sin problema (como le ocurrió a un servidor después de olvidarla); aunque eso no le impide a uno admirarla igualmente. Con todo, vamos a evitarlo por solidaridad hacia aquellos que no la hayan visto nunca y quieran hacerlo sin saber mucho sobre ella. En un futuro entraremos en harinas, pero, para lo que hoy nos concierne, sencillamente os invitamos a disfrutar del cine un día más.

“Ya nadie cree, solamente intentan venderse al mejor precio.”

No se me puede olvidar mencionar el juego de sonido y música de las cuatro situaciones en las que se utiliza este recurso: bajo el sonido atronador de un tren o una lluvia copiosa suenan La Marsellesa, la obertura de Tannhäuser de Wagner y el cuarto movimiento de la Novena sinfonía de Beethoven. Estas escenas pueden considerarse momentos estelares de la historia del cine, con permiso del pozo con ecos de pianos.

“Es mejor tener un poco de felicidad con sufrimiento que una vida gris y aburrida.”

3 comentarios sobre “Stalker (1979) Deja un comentario

  1. Por comentar algo voy a comentar las citas:
    “Y si Dios es un triángulo… ya no sé qué pensar.” Y si fuera, por ejemplo, un pezón, ¿sabría que pensar?
    “Un hombre escribe porque está atormentado, porque duda.” No. Un hombre puede dudar y/o estar atormentado y escribir o no.
    “Si estoy seguro de que soy un genio… ¿para qué escribir entonces?” Dado que el escritor del caso parece idiota, no debería venir al caso, su duda.
    “¿Cómo voy a escribir si odio escribir? Es un tormento para mí, una ocupación dolorosa y vergonzosa.” Pues, fácil, no escribas, idiota.
    “No quieren saber nada, ¡solo quieren saber cómo engullir!” Es rara la sorpresa ante una situación tan corriente entre los seres llamados humanos.
    “Ya nadie cree, solamente intentan venderse al mejor precio.” Dudo que alguna vez muchos creyeran algo. (Incluido el que lo dice).
    “Es mejor tener un poco de felicidad con sufrimiento que una vida gris y aburrida.” Esta frase ya es más compleja e interesante y por tanto quizás la única de las siete que se debería haber mantenido en la película.
    Teniendo en cuenta que es mi primer comentario en este blog aprovecho la ocasión para saludarles y desearles lo mejor.
    Nota: Aunque yo soy de los que escriben como les da la gana, siendo precisos, el solo creo que no debería llevar tilde. Y es más, yo la he quitado y lo veo bien.

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    • Gracias por tu comentario y, por lo demás…, uno de los problemas que tiene este tipo de cine es su densidad. Además, teniendo en cuenta que hace más de dos años desde la última vez que disfruté de ella —justo para este artículo—, la verdad es que no me atrevería ahora a entrar en harinas sin antes volver a verla; lo cual, por cierto, tengo pendiente hacerlo, de cara a un ciclo de películas sobre este director, para dentro de no muchos años.
      Aclaradas estas cuestiones, voy a intentar darte un par de ideas, a modo de aperitivo, de lo que creo recordar sobre las citas que criticas. Respecto a la relación entre Dios y un triángulo, me llamó la atención la sutil referencia al giro racionalista moderno sobre la cuestión de cómo entender a Dios. Después, respecto a la segunda cita —en cierta relación con la anterior—, resulta evidente la referencia al dilema clásico entre la duda, el sufrimiento y la necesidad de escribir para intentar darle sentido; no olvidemos que esto es cine, ergo arte, por lo tanto, interpretarlo en un sentido lógico y estricto, como si esto fuera un tratado científico, no creo que sea la mejor manera de afrontarlo. Observando tu apreciación sobre la siguiente cita…, la verdad es que no me acuerdo bien hasta dónde puede considerarse como un «idiota» al escritor; en cualquiera de los casos, en un sentido universal, es una cuestión interesante el plantear hasta dónde el querer demostrar tus capacidades implica cierta degradación respecto a lo que debería ser la actitud genuina, valga la redundancia, propia del genio; sin olvidar que puede haber otras motivaciones, como la empatía, el deber o el reconocimiento de un destino. La siguiente, de alguna manera, incide en la cuestión anterior, con el matiz añadido de reconocer el doble sufrimiento que puede implicar escribir para un intelectual: primero, porque el mundo puede llegar a ser muy desagradable, y pensarlo implica dolor; y segundo, porque, por muy genial que seas, escribir siempre implica un inevitable esfuerzo, a veces, verdaderamente penoso.
      Sigo analizando tu comentario, y, partiendo de que estoy tirando de memoria, creo que el fondo de su afirmación no es la sorpresa, sino la desesperación de reconocer un hecho tan triste que, encima, es tan habitual. Si además partiéramos de reconocer una relación entre la auténtica genialidad y la altura moral…, nadie con la suficiente claridad de miras puede quedarse impasible ante la vulgaridad cómplice de la masa. Respecto a la siguiente cita que comentas, que versa sobre la cuestión de la creencia…, es uno de los pilares fundamentales de esta obra, y… no me atrevo a meterle mano sin volvérmela a ver. Eso sí, hay que tener muchas agallas para afirmar: «dudo que alguna vez muchos creyeran algo»; sobre todo teniendo en cuenta que el fenómeno religioso ha acompañado al hombre desde que tenemos constancia de su existencia —otra cosa es que los credos e ídolos cambien hasta el punto de no reconocerlos como tales, lo cual, a su vez, entra dentro de la dinámica natural de un credo tradicional—.
      Me alegra que, por lo menos, coincidamos con ésta: «Es mejor tener un poco de felicidad con sufrimiento que una vida gris y aburrida», porque es de las que encierran más interés, disparando con más claridad y radicalidad al fondo del asunto. Y…, teniendo en cuenta que aquí coincidimos, te sugiero, para tu deleite intelectual, otra gran cita:
      «¿Esta vida merece la pena o es mejor suicidarse?»
      Gracias, otra vez, por tu tiempo y por los ánimos.
      Nota: Nos gusta la tilde del «sólo» cuando significa solamente; entre otras cosas, porque, a partir del momento en el que la norma obliga a escribir las cifras como 7000.56 en vez de 7.564’56, ya empezamos a desconfiar…; y ni hablar de los estragos acometidos a partir del diccionario de 2001.

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