Seminario Wittgenstein Complutense. Tercera sesión: María Cerezo Lallana. “¿Qué es la filosofía en el Tractatus?” (9 de marzo del 2023)
Érase una vez una de las charlas más soporíferas de la historia. Fue tan aburrida que, al ir a buscarla en mi cabeza, no encontré nada y, tras repasar mis apuntes, lo único que conseguí fue ahondar en mi misantropía y perder algo más de fe en la humanidad. Por poneros en contexto, fuimos unos 25 —prácticamente la mitad que la sesión anterior—: una cifra muy poco llamativa que parece que hizo mella en los organizadores, a los que vemos cómo ya les empieza a dar vergüenza comentar el dato de asistencia en Tuiter. Por lo demás, dado que seguiremos la misma dinámica que comentamos en el primer artículo de la serie y como tampoco hay casi nada que decir, metámonos ya en harinas.
Si bien tengo en mi haber el “Tractatus” (1921), tras el primer intento de leerlo terminó arreglando la cojera de una mesa; ergo parto de que ni he leído ni entiendo al primer Wittgenstein. A partir de esas coordenadas, he aquí lo que he podido sacar en claro, de manera precaria, de la ponencia de María Cerezo; de la cual, por cierto, lo único que cabe extraer de un análisis previo es que tiene un currículum que, salvo por el hecho de estar en inglés y al margen de lo esperable para alguien con más de 25 años en la academia, no destaca por nada en concreto. Respecto a la ponencia, considera que los dos pensadores más grandes son Wittgenstein y Heidegger, junto con otros ocho ‘clásicos’, entre los que no menciona a Schopenhauer. Por otra parte, mete palabritas en inglés sin ningún tipo de pudor: para decir que llegan los pensadores nuevos dice «llegan los news»; luego comenta algo de los «old readings», los «revised news» y no sé qué de los «notebooks»… Divertidísimo. Le gusta mucho la palabra ‘elucidar’, que no dilucidar, aclarar, clarificar o explicar… Y también deja caer que, para ella, la ética y la estética son cosas místicas. Entre otros, se trabajaron los parágrafos 3.26, 3.261, 3.262, 3.263, 4.112, 6.53, 6.54 y 7 (¡así de específico fue el asunto!). Quizá, dentro del 99% de paja y erudición, exista un 1% salvable, con alguna idea interesante sobre la cuestión de la analogía; pero, entre tantas piruetas, parágrafos y ser tan sugestionable como para ir olvidando tu idioma materno por haber ido cuatro veces a Estados Unidos, no hay manera de salvar a la margarita entre tanta zarza —la imagen original que me viene a la cabeza es más grotesca—.
En resumen, esta ponencia se caracterizó por dar como resultado uno bastante aséptico, en el que no puede destacarse nada especialmente brillante ni vergonzoso. Personalmente, creo que no habrá dejado recuerdo alguno para cualquiera que no esté en el negocio de la exégesis del primer Wittgenstein, ése que le permite a uno tener material ilimitado para artículos académicos. Nos encontramos ante la típica charla extremadamente técnica que no tiene ningún valor fuera del grupo de especialistas de turno que sacan partido a lo mal que se explicaba un muerto sobrevalorado. Y…, respecto a la metáfora de tirar la escalera después de subir por ella…, me quedo mejor con la forma en la que la utiliza Chesterton en el primer artículo de esta serie (por cierto…, dado que el “Tractatus” fue escrito cinco años antes…, ¿será una referencia velada del autor inglés a la obra del alemán o ambos dos están haciendo un homenaje a un tercero anterior?).
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¡Con las prisas se nos ha olvidado desearos una feliz Navidad y un próspero año nuevo! ¡Ojalá nos sigamos leyendo por aquí durante el 2024!
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