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EtiquetaFilosofía

Solaris (1972)

Hoy nos toca analizar la década de los años setenta, que no es otra que la que da comienzo a la edad de plata del cine. Como no podía ser de otra manera, nos encontramos con grandes de la ciencia ficción, entre las que cabe destacar “Alien el octavo pasajero” (1979), “La naranja mecánica” (1971) o “La guerra de las galaxias” (1977) en el plano comercial, y dos de las grandes de Tarkovsky en el cine más intimista: la que hoy nos incumbe y “Stalker” (1979), que ya analizamos en su momento. Sin contar, además, con gran cantidad de obras de referencia: la llegada a la gran pantalla de “Star Trek” (1979), la maltratada serie “Galáctica” (1978), “Westworld” (1973) —peor que la primera temporada de la nueva serie y mejor que el despropósito de la segunda—, “La invasión de los ultracuerpos” (1978) o “Encuentros en la tercera fase” (1977). Existen, a su vez, numerosas películas sobrevaloradas, destacando entre todas ellas la insufrible “El hombre que cayó a la tierra” (1977) o la asquerosa “La montaña sagrada” (1973). Respecto a “El planeta salvaje” (1973), la verdad es que he de reconocer que, puestos a ver animación surrealista, prefiero “Contact (C)” (1978), que resulta ser más interesante, sugerente y corta. Y sí, está pendiente “Doctor Who” (1963-1989)… aunque el problema es un poco como con la ya mencionada “Star Trek”: entre series y películas, da cierta sensación de infinito e, irremediablemente, de pereza; pues el tiempo que implicaría un visionado tranquilo sería de años, y todavía existen obras menos exigentes que merecen más la pena a la hora de analizar. Una vez comentado el contexto, hablemos ya de “Solaris” (1972).

Seminario Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo (Conferencia 2019)

No queremos perder la oportunidad de hablar sobre el seminario que tuvo lugar la semana pasada en la Universidad Complutense de Madrid bajo el título “Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo”. En él se incluían quince ponencias, entre las que se encontraba la del profesor Antonio Duarte Calvo, que era, a su vez, el responsable del seminario. Por mucho que a veces resulte interesante, incluso gratificante, mirar al pasado, no hay que descuidar los temas de actualidad; y, sobre todo, al margen de analizar las cuestiones que atañen a la masa, como las elecciones, es significativo, a su vez, analizar de vez en cuando qué se juega en conferencias de nivel, como ya hicimos hace unos meses con Sandel. En este caso, nos encontramos con un grupo de conferencias que han girado en torno al cine y la filosofía a lo largo de tres días: 11, 12 y 13 de este diciembre. De entrada, diremos que ha habido de todo: desde expertos pedantes hasta profesores interesantes, pasando por diferentes grados de mediocridad y algo de brillo y/u originalidad. Pero basta de introducciones. Entremos ya en materia.

Michael J. Sandel. Lo que el dinero no puede comprar: los límites morales de los mercados (Conferencia 2019)

La semana pasada tuvo lugar una conferencia del aclamado Michael J. Sandel, en la Universidad Complutense de Madrid, titulada “Lo que el dinero no puede comprar: los límites morales de los mercados” o como les gustaría a los pedantes: “What money can’t buy: the moral limits of markets”. Reconozco que no soy muy ducho en este autor: no me he leído ninguno de sus libros y, salvo lo que se puede leer en prensa, le conocía solamente de oídas. Pero teniendo en cuenta que hay quienes dicen de él maravillas y que se le considera ‘el filósofo que llena estadios’ o, incluso, ‘el filósofo que llena a reventar’, y que le fue concedido el Premio Princesa de Asturias de Ciencias Sociales el año pasado, al igual que en otras ocasiones se lo dieron a autores como Jürgen Habermas  (2003) o José Luis Pinillos (1986), no me pude resistir a asistir a una de sus aclamadas conferencias. De entrada, nos encontramos con un salón de actos completamente abarrotado que, según datos oficiales, tiene un aforo para 385 personas. Por tanto, en lo que respecta a la parte de la cantidad, vemos que cumple con lo prometido; pero ¿y la calidad? Entremos en materia. 

¿Por qué Zoon politikón?

La respuesta corta es sencilla: se podría decir sin miedo que somos un animal que habla, o, mejor dicho, que ningún animal salvo nosotros habla. Por tanto, no es difícil argumentar a partir de aquí que, de esta capacidad que sólo nosotros tenemos, dependen todas las facetas y cuestiones de lo humano. Pero claro, la respuesta corta, aun evidente y digna de mención, visto el envilecimiento de nuestros días resulta falta de profundidad, por lo que intentaremos ahondar un poco más en el tema a modo de primera aproximación.