Podemos (2019)

Hoy vamos a analizar aquella gran promesa que fue Podemos. Vista la tendencia general, no sorprende que sólo cuente con el programa de 2016. Todos nos acordamos de que fue el año donde se presentaron con un montón de pequeñas agrupaciones que aún no está claro si se presentarán otra vez. De estos pequeños partidos, el único que tiene un programa independiente es Equo, el cual analizaremos, con las necesarias precisiones, más adelante.

Consideremos, pues, el programa de 2016; el cual, como ahora vamos a argumentar, no se puede considerar al margen del de 2015. La razón fundamental de esto es que, al mirar con cuidado “la revista de IKEA podemita” de 2016, nos damos cuenta de que no es más que un compendio desordenado de las que deben ser las propuestas que consideran más significativas de 2015; pues el programa de 2015 se encuentra íntegro a tamaño diminuto al final. Entonces, ¿las 332 páginas del programa de 2015 están contenidas en las 99 del de 2016? Sí, nada más ni nada menos que concentradas en 25 páginas. Para entender esto, sólo es posible pensar que, después de confirmar que no se iban a comer el mundo en 2015, decidieron dar un giro de 180 grados trasformando un programa claro, concreto y coherente en una fiesta de fotos, que alude únicamente a las ideas mas vendibles y que oculta, pero no elimina, el grueso del programa de 2015. De estas ideas, nos han parecido significativas la mitad; sin embargo, creemos que es un fallo que la mayoría de cuestiones fundamentales y definitorias del partido queden disimuladas en un tamaño tan pequeño. Esto demuestra que ya estaba clara la tendencia a volverse un escaparate sin fondo alguno; pero, dado que es muy fácil cargar contra el programa de 2016, teniendo en cuenta que éste contiene el de 2015, vamos a hacernos los locos y tratar el tema como si sólo existiera el de 2015, el cual es un programa normal.

Lo primero que sorprende del programa de la agrupación morada es su claridad de exposición, concreción y su total coherencia interna. Está claro que no tienen nada que ocultar y que se creen las teorías que fundamentan su política. Tanto es así, que apenas cargan contra otros partidos; notándose en casi todas las líneas una superioridad que hace de las comparaciones algo indecoroso. Entrando en materia, podríamos decir que es evidente que toda política social depende de una buena política económica; esta última, en general, es siempre primera en lo pragmático, pero para este partido resulta secundaria en lo teórico. No podemos olvidar que Podemos se jacta de hablar del bien común y lo moralmente adecuado. Para ellos, más que para ninguno, la economía no es un fin, sino un instrumento. Por lo tanto, ante la cuestión de si son liberales, podemos decir que no lo son en absoluto. En Podemos encontramos un partido abiertamente socialista y, en ciertos aspectos, extremadamente socialista; lo que explicaría que los partidos comunistas hayan casi desaparecido por completo después de la llegada de Podemos al panorama. A todo esto hay que sumarle un espíritu progresista de vanguardia en lo social, que asume todas las modas propias de esta línea ideológica: ecologismo radical, animalismo, exageración ante todo lo que se pueda derivar de las teorías de “género”, defensa de todos los particularismos e identitarismos posibles y, evidentemente, un discurso multiculturalista que busca una feliz equidistancia entre culturas, y que peca de ser algo anti-occidental. En resumidas cuentas, estamos ante un adanismo socialista futurista; eso sí, de última generación.

Su programa se parece mucho al del PSOE salvo por una cuestión fundamental: Podemos no se corta a la hora de hablar de subidas de impuestos, control del quehacer financiero y, sobre todo, a la hora de posicionarse en contra de la búsqueda, a toda costa, de la eficiencia a través de la competitividad. Es un partido que busca que las empresas surtan de empleo de calidad, de cara a producir bienes al servicio de la sociedad. Todo esto pretende hacerse bajo la perspectiva de “género” y la inclusividad de la diversidad. Tampoco olvidan apoyar un desarrollo tecnológico capaz de ayudarnos a ser un país rico y solidario en el plano global.

Es un programa extremadamente coherente, pero con un gran problema de fondo: peca de caer en un idealismo nocivo para todo lo que tenga que ver con política; porque, aun llegando a la conclusión de que ese macro-estado que pretenden crear fuera bueno y positivo (algo que luego veremos con más cuidado), de facto, es imposible de llevarse a cabo. Esto es así por una razón muy sencilla: si no favoreces la competencia en un mundo globalizado capitalista, si pretendes controlar las empresas hasta ahogarlas, subir los impuestos y, en general, regular todo el quehacer económico, no vas a tardar mucho en darte cuenta de que, si la economía muere, no hay impuestos que recaudar y, sin impuestos, ese estado ideal y sus maravillosos servicios públicos se hundirán. Esta es la razón fundamental por la que votar a Podemos es, y siempre ha sido, un disparate. Las propuestas de un partido tienen que estar dentro de lo posible porque, si no, la catástrofe y el horror están a la vuelta de la esquina. Lo terrorífico ha sido comprobar cómo tantísima gente se ha tragado este cuento de ciencia ficción. Si la locura colectiva hubiera sido máxima y hubieran ganado, no hubieran podido hacer ni el 10% de lo que prometen; y, de haber querido hacerlo, hubiera sido a costa de Europa y toda la comunidad internacional, aislando a España y condenándonos a todos por imposición estatal a la igualdad, pero en la pobreza; y, como ya veremos más adelante, sin libertad y bajo el yugo de un estado orweliano con unas ideas de lo justo y de lo bueno tremendamente inhumanas. No olvidemos que “el infierno está pavimentado de buenas intenciones”.

Por lo demás, vamos a acercarnos un poco a comentar las políticas sociales, que suelen ser temas menos evidentes y mucho más interesantes; porque, de facto, en lo económico, lo único que se puede pretender es ralentizar el tren del capitalismo neoliberal, siendo el “cómo” lo difícil de pensar, y siempre en la medida de lo posible. Ya hemos visto, y es evidente para cualquiera que lea el programa, que Podemos no puede realizar sus buenas intenciones, al pensar desde fuera de este planeta. Eso sí, bien ha servido para terminar de destruir al PSOE y banalizar toda la política visible española. En eso hay que darles un 10. Sin embargo, lo malo es que esto es una tendencia hoy en día global; por lo que cabe decir que no han inventado nada nuevo. 

En lo que sigue, intentaremos no reiterarnos, dado que gran parte del programa social de Podemos ya lo hemos visto en el del PSOE. Conviene centrarnos ahora en la pregunta del millón: ¿las políticas sociales de Podemos serían beneficiosas, en el hipotético caso de que fueran realizables? Depende. Como ya hemos comentado muchas veces, el apoyo a los sectores de población más desfavorecidos es algo bueno y necesario dentro del espíritu de todo estado democrático, así como financiar servicios públicos de educación y sanidad de calidad resulta fundamental e irrenunciable, de cara a asegurar la libertad de oportunidades. También es razonable, para evitar la proletarización de las clases medias, blindar la negociación colectiva en el ámbito laboral y, evidentemente, financiar una justicia que asegure el imperio de la ley, entre otras cosas, para que nadie se imponga sobre otro a través del ejercicio de la violencia, para que se cumplan los acuerdos establecidos, y para evitar la corrupción. Estas ideas son buenas y, de hecho, están ya planteadas en nuestra Constitución. El papel de los partidos consiste en materializarlas. Realmente están presentes en todos los programas de diversas maneras, si bien es cierto que en las cuestiones más importantes se encuentran en todos ellos de forma muy similar. En este sentido, los partidos más sociales deberían poner un acento mayor en estas cuestiones y, sobre todo, en la piedra angular de la defensa de la negociación colectiva. Esto está en el PSOE y, evidentemente, en Podemos; pero claro, hay mucho más que solamente esto.

Es peligroso, y cada vez resulta más habitual, el incluir un sesgo teórico, que habitualmente se expone de manera acrítica, en las políticas sociales. Por ejemplo, en la línea del disparate de todo lo que tiene que ver con los llamados “delitos de odio”, siempre se cuela un espíritu totalitario a la hora de decidir qué idea es tan odiosa como para merecer persecución legal. Es algo que han empleado tanto conservadores como progresistas y, de facto, es una herramienta de censura que vulnera la libertad de expresión. No parece razonable que, después de tantísimos años luchando por conseguirla, merezca la pena tirarla por la borda para evitar que una sociedad infantilizada se ofenda. Resulta evidente la diferencia entre un insulto y una idea; aunque sólo sea en la cuestión de que, así como un insulto siempre es singular y no atiende a razones, una idea se expone de manera general y siempre es susceptible de poderse rebatir y defender dando razones.

Vamos a poner dos ejemplos de esto que nos sirvan también para mostrar que las políticas sociales de Podemos no son razonables. En primer lugar, podemos tomar su idea de mezclar a niños minusválidos con niños “normales” en las escuelas. En una cuestión como ésta nos estamos jugando la educación de las generaciones venideras, la cual es un pilar fundamental de nuestra sociedad. Resulta pertinente aludir aquí al argumento de que es importante no proyectar ideas sobre la realidad, sino deducirlas a partir de la misma. Por lo tanto, cabría señalar que, si se pretende mezclarlos, será siempre en perjuicio de unos u otros: o los minusválidos no tendrán la educación que necesitan para desarrollarse maximizando sus posibilidades, o los niños sin minusvalía se verán privados de desarrollar las suyas. Esta idea parte del reconocimiento de que alguien con discapacidad no es igual que alguien que ha nacido con plenas capacidades. La única manera de paliar la condición de los discapacitados sería “discriminarlos” con radicalidad, pero no entendida esta discriminación en un sentido peyorativo, sino como una manera de afrontar las peculiaridades de unos y otros. Por lo tanto, podría optarse incluso por separar los diferentes tipos de minusvalías y problemas, para garantizar una educación adaptada a cada problema y que permita, a la larga, que estas personas puedan, en la media de sus posibilidades, tener igualdad de oportunidades en comparación con el común de la sociedad.

El otro ejemplo que vamos a analizar es el de dotar a los menores de edad de libertad para decidir sobre abortar o cambiarse de sexo. Esta idea es, a todas luces, arriesgada; dado que la razón fundamental porque en España consideramos menores de edad a las personas hasta los 18 años es porque suponemos que, hasta entonces, no tienen desarrollado el criterio ni la madurez necesaria para decidir sobre según qué temas determinantes e irreparables. Por esta misma razón, un menor no va a la cárcel si comete un delito, pues se considera que no era plenamente consciente cuando lo hacía y que, por lo tanto, no debe cargar con toda la responsabilidad. Siguiendo este mismo argumento, dar plena libertad a una niña de 16 años para decidir sobre su embarazo o sobre operarse para cambiarse de sexo es un disparate, pues este tipo de decisiones determinan la vida de cualquiera y está claro que aún no se tiene el suficiente criterio. Es sensato pensar que, en estos casos, sean los padres los que deban decidir. Es cierto que puede ocurrir que una familia conservadora o de otra cultura quiera que su hija menor de edad tenga al niño, pudiéndose legislar a favor de la menor; pero, en cualquiera de los casos, son cuestiones que hay que tomárselas en serio y, desde luego, no debemos permitir que se legisle sobre ciertos temas de manera acrítica y de acuerdo a las cambiantes modas. Nos jugamos demasiado. Quizá sería mejor lo contrario: evitar la tendencia bioética y pensar que, para el común de las niñas, quedarse embarazada no es compatible con un pleno desarrollo; es decir, que ningún menor debería poder disponer de su cuerpo a placer, porque en estos casos las consecuencias de equivocarse son inasumibles, y es evidente que a estas edades no se puede ser consciente de lo que uno se juega. Pero claro, estas cuestiones no pueden ni siquiera ser planteadas si no disponemos de plena libertad de expresión, y es por eso que resulta tan necesario no legislar sobre las ideas. Por mucho que a ciertos sectores les pudieran parecer insultantes, estas ideas son susceptibles de ser criticadas y, en el caso de estar equivocadas, ser refutadas. Hay que rebatir lo que nos ofende, no censurarlo; aunque sólo sea para evitar dar un excesivo poder al estado, que hoy puede parecer aceptable, pero que en un futuro se puede tornar más oscuro. De hecho, en ese hipotético caso, no sería justo que nos quejásemos, al haber sido nosotros los que le hemos permitido dar rienda suelta a su poder.

Por lo demás, Podemos es muy parecido al PSOE; o, mejor dicho, el PSOE ya se encargó de copiar las políticas de Podemos. Tampoco en el caso de la política exterior son muy diferentes, salvo, quizá, un poco más exagerados a la hora de pretender hacer reformas socialistas en Europa y oponerse a la OTAN desde una especie de pacifismo tremendamente pánfilo. En resumidas cuentas, Podemos plantea un programa coherente y concreto, pero disparatado en lo económico y estatalista en lo social. También podemos decir que siguen la moda en las últimas vanguardias progresistas. Si a esto le sumamos el caudillismo entorno a Pablo Iglesias, las luchas de poder internas (propias, por cierto, de los viejos partidos comunistas), las incoherencias manifiestas entre lo dicho y lo hecho (no nos podemos olvidar del desliz del chalé), y que su discurso se ha ido extremando en una especie de partido de fútbol político mediático; resulta imposible poder plantear que sea una opción sensata a tener en cuenta.

————————————————————————————————————————16/04/2019

Correspondiendo con lo prometido en el artículo de Vox, hemos leído las 105 páginas del nuevo programa de Podemos con el propósito de averiguar si han cambiado algo significativo con respecto al de 2016. La respuesta es negativa por dos razones. De entrada, consideran el nuevo programa como un compendio de las líneas maestras y las medidas fundamentales del programa de 2016; al cual consideran, de hecho, aún vigente (conviene no olvidar que, dentro del programa de 2016, estaba también incluido el de 2015 como si de una matrioska se tratara). La segunda razón descansa en el hecho de que, una vez leído, se comprueba que no ha cambiado nada en lo esencial, exceptuando la retórica, que se ha vuelto más agresiva. Esto se manifiesta ya desde el principio, donde cargan contra el resto de partidos de manera exagerada e injusta; cosa que no hacían en el anterior programa. Reducen al PP, a Ciudadanos y a Vox a lo mismo bajo la denominación de: “los tres partidos de Aznar” o “trío de Colón”. Sin embargo, mi favorita es la de: “los jinetes de la extrema derecha”, que vienen a “llevarnos cuarenta años al pasado” y que vienen a ser “básicamente lo mismo”. No se puede ser más demagógico e injusto; sin olvidar el engaño que implica hacer tales reducciones. Como ya hemos visto en los artículos de cada partido, decir que Vox y Ciudadanos, partidos conservador y progresista respectivamente, son básicamente lo mismo, no es exagerar, sino mentir.

En general, nos encontramos con que Podemos ha extremado todas sus anteriores posiciones. Ahora aparecen como más ecologistas, más socialistas y más animalistas; profundizando también más en la demagogia de “género” y en el feminismo de palo. Entre otras muchas cosas, abogan por más cientificismo, más pragmatismo y más multiculturalismo, y optan por una mayor apuesta en relación a los “diversos”. Algunas medidas muy claras que aparecen en este programa, y que no resultaban tan evidentes en el de 2016, son: implantar leyes entorno al “sólo sí es sí” en las relaciones (como si esto no fuera una locura burocrática totalitaria e inhumana), la idea de hacer una “constitución feminista” (como si ésta ya no lo fuera), implantar el blockchain (en castellano: cadena de bloques; sí, el juego de las criptomonedas), apostar por listas cremallera y políticas de cuotas o la maravillosa idea de que la gente a partir de 16 años pueda votar. Sin olvidar, claro está, una mención explícita a la lucha para acabar con el racismo y una propuesta de establecer políticas de “descolonización simbólica”. La guinda del pastel viene de la mano de incluir a los animales en el Código Civil como “seres que sienten.”

En resumidas cuentas, consideramos que el programa de 2019 de Podemos viene a ser el mismo que el de 2016, pero más exagerado.


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