Sobre “Leica – The Hunt” (2019): totalitarismo, promoción, arte y censura

Hace unos meses hice un comentario sobre el caso del corto promocional de Leica “The Hunt” (2019) en el que quedaba patente que arriesgarse a criticar a los chinos tiene un precio. En este caso, asumir la censura bajo la amenaza directa de dicho gobierno. Este corto, sutilmente filmado, piensa la figura del fotógrafo de guerra bajo el lema: «Dedicado a aquellos que prestan sus ojos para que podamos ver». Uno de los momentos clave del mismo rememora la foto del “Hombre del tanque” en las protestas de la plaza de Tiananmén en 1989; sin embargo, ésta fue tomada por Jeff Widener con una Nikon, así que podríamos decir que aquí se han tomado algunas licencias. En su momento tenía cosas mejores sobre las que escribir, pero hoy, después de constatar que el vídeo ha sido borrado del mapa, y no sólo de los canales oficiales de Leica, creo que se merece dedicarle algo más que 280 caracteres. Menos mal que tratar de eliminar algo completamente de internet es como ponerle verjas al mar, y es por ello que aún podemos encontrarlo: “Leica “The Hunt” “徕卡 leica the hunt”. Eso sí, como siempre en estos casos, recomiendo descargarlo.

El tema tiene varias capas, como los ogros; por ello, vamos a comenzar con la más evidente y, a la vez, la más fácil de olvidar. Leica no es no una ONG ni un grupo de directores activistas; Leica es una corporación que se dedica a fabricar cámaras y lentes de lujo. Esto, antes de nada, es un anuncio publicitario; bonito, artístico e interesante, sí, pero su fin no es otro que llamar la atención para que nos fijemos en la marca. Además, la polémica vende mucho, así que el factor reivindicativo no es más que un efecto secundario; que, siendo optimistas, podríamos pensar que es también deseado. Esto es como la responsabilidad social en Apple, sobre la que no podemos sino pensar mal; ya que preocuparse por el medio ambiente y los trabajadores es algo que vende una imagen de marca muy provechosa. Es evidente que puede ser que haya gente en la empresa con buenas intenciones genuinas, pero si estas políticas de empresa fueran lo primero, se habrían aplicado desde el principio y la empresa nunca hubiera llegado a ser tan competitiva como lo es a día de hoy. Con todo, lo cortés no quita lo valiente. Por eso, que en este mundo capitalista que nos ha tocado vivir existan estos efectos secundarios tan deseables y haya empresas que apuesten por ellos es algo digno de remarcarse, pues nos presenta la cara más humana del capitalismo. Sobre todo, porque si ciertas prácticas dan buena imagen será porque aún la sociedad consumista valora ciertos bienes universales como la justicia o la responsabilidad; o, por lo menos, lo hace en casos flagrantes como el que hoy nos ocupa.

Llegados a este punto, nos topamos con la cara B: el vídeo se ha pasado de frenada con la crudeza de sus imágenes, provocando la ira del gobierno chino. Leica tiene una alianza comercial millonaria con Huawei y, claro, ponerla en peligro por un poco de publicidad no le salía nada rentable. Por lo tanto, la decisión era fácil: darle al botón rojo y recular a tiempo, antes de que se notara la bajada de pantalones moral que estaba detrás de este asunto. Queda claro, pues, que el criticar algo con sentido era una cosa secundaria.

El problema es que podemos extraer consecuencias muy graves de todo esto. La primera es que una obra audiovisual, que podía trascender a su origen meramente publicitario, quede censurada; con el peligro añadido de volverse inaccesible con el paso de los años. Esto es especialmente doloroso si pensamos en sus creadores: Cesar Nery y André H. Saito, Adolpho Veloso, Dan Abraham, etcétera. Debe resultar terriblemente frustrante que, después de dedicar tiempo y cariño a un corto de calidad, te lo tiren al fango. Pero, por desgracia, todavía no hemos hablado de la capa de la cebolla más divertida por surrealista, aunque últimamente se esté convirtiendo en un tema previsible: algunos criticaron a Leica, no por borrar el vídeo y desentenderse de él y de sus autores, sino por hacer apología de las naciones blancas occidentales que, al parecer, se muestran ayudando en zonas de conflicto de una manera paternalista.

Y esta crítica es muy legítima, dado que, como todo el mundo sabe, China es un país civilizado y democrático, donde sus ciudadanos no necesitan que periodistas extranjeros ayuden a que la verdad, que se deja ver por sí misma en su más prístina absolutez, salga a la luz. Igualmente, los buenos gobiernos africanos mantienen un orden justo bajo el amparo de la ley, que tampoco necesita de ninguna ayuda; sin olvidar lo civilizados y humanos que son en el mundo árabe. Claro… al final, el vídeo de Leica merece ser censurado por racista y por calumniar a países tan dignos o más que los sucios occidentales.

Entre todas estas peligrosas tonterías que se han dicho, faltaba la de “machista” o “patriarcal”, que estaba ahí a mano, dado que de seis fotógrafos que salen, sólo hay una mujer; y es indiscutible que en el mundo de los fotógrafos de guerra tiene que haber paridad. Esto está claro como el agua cristalina. Más claro que el azul radiante de una mañana de verano. Pero, eso sí, la mujer sale bajo fuego enemigo ayudando a otras mujeres a huir y… en este punto, estas voces corren un tupido velo.

Como bien dijo José Luis Pardo: «Nunca fue tan hermosa la basura».


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