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Feminismo en el siglo XXI. Novena parte. Voces disidentes en el panorama intelectual actual. La trampa del mal llamado liberalismo y el peligro del pragmatismo

Dado que el final de esta serie de artículos se va acercando, nos parece oportuno, antes de cerrar, dar un repaso a las diferentes corrientes que, poco a poco, han ido haciendo resistencia ante los excesos de los que abusan de la palabra «feminismo», corrompiendo su sentido para hacer propaganda. En tanto que analizar dichas corrientes en forma y fondo implicaría, como mínimo, dedicar un artículo entero a cada una, vamos a optar por presentarlas a través de sus representantes más mediáticos. Como hemos ido viendo, las cuestiones principales de fondo están claras desde hace ya bastantes décadas, lo que favorece que aquello que genere mayor interés sean, más bien, las diferentes estrategias de contrapropaganda, aunque también las motivaciones que hay detrás de ellas. Estos movimientos, que bien podrían haber florecido muchísimo antes, no lo hicieron hasta 2018, a saber, cuando el feminismo acrítico estaba llegando a sus límites más absurdos; y esto, como veremos más adelante, tiene su sentido. Comencemos.

El panorama de los que se oponen a la deriva feminista acrítica podríamos diferenciarlo en diferentes subgrupos. Los primeros y más numerosos son los meramente oportunistas, que, en la misma línea que los feminoides podemitas o que los socialistas —del PSOE— de antaño, se intentan aprovechar del tema; esta vez en el momento de su debacle. En este grupo convergerían desde los periodistas y demás personajes de Internet, que lo único que buscan son visitas, hasta muchos miembros de Vox, que lo que buscan son votos. Después, encontraríamos otro grupo, aparentemente más honesto —aunque en su interior también hay elementos débiles oportunistas—, donde se situarían los ‘novedosos’ liberales, ya sean más socialdemócratas o ‘rallistas’ —seguidores de Juan Ramón Rallo, para quien no esté puesto en el tema—, y los buenistas. Asimismo, habría que hablar de voces independientes que, o bien están atadas de pies y manos a la espera de una oportunidad, o bien… no son (somos) nadie. Como ya comentamos en el artículo sobre el abuso de ciertas palabras como «facha» o «comunista», hoy en día, no casarse con ningún grupo sale ligeramente más caro que en otros tiempos; pues, aunque es cierto que en los países civilizados ya no te juegas la vida, sí te juegas caer en la más absoluta marginación. Sea como fuere, la resistencia ante los excesos y la estupidez feminoide se concentra en las manos de los diferentes agentes de estos grupos; así que, como indicamos anteriormente, vamos a hilar dicho repaso centrándonos en sus cabezas más visibles. Del lado de los liberales, tomaremos a Un Tío Blanco Hetero como un muy buen representante de los socialdemócratas, y a Juan Ramón Rallo como el máximo exponente del liberalismo extremo. Por lo demás, dentro de todos los estudiosos de la esfera de influencia buenista, no está tan claro a quién escoger; si bien podríamos pensar en un Pedro Insua o en un Santiago Armesilla…, al final, por la pureza de su mensaje y por su poderío en YouTube —la red con más audiencia—, nos vamos a decantar por Paloma Pájaro y su canal, Fortunata y Jacinta.

UTBH, de la mano del amigo Sergio Candanedo, tiene una gran virtud, pero que, a la vez, resulta ser también su mayor debilidad: mantener siempre una posición liberal moderada. De cara a otros temas, por ejemplo, de índole económica o geoestratégica, esto no tendría por qué ser un problema; sin embargo, a la hora de hacer frente al feminismo acrítico, limita mucho la radicalidad del enfoque. Porque, más allá de la libertad de expresión, la libertad individual, los principios del Derecho —como la presunción de inocencia o la necesidad de evitar el sexismo— y un mínimo de razón ilustrada, lo cierto es que no se tienen muchas más herramientas para atacar las posiciones feminoides. Además, ninguna de ellas es especialmente efectiva ni poderosa para combatir el fondo relativista de dicha moda; pues, a la postre, la fuente de esta ideología es de raigambre pragmatista y americana, y el problema es que todo liberal coquetea con dicha racionalidad. Por eso, al final, es normal que te acaben tirando a la cara que «todos tenemos ideología», que «todos somos dueños de nuestro cuerpo y hacemos lo que nos place», y que, en último término, lo importante es que mande el poder de la masa y de quien sepa manejarla. Teniendo en cuenta todo esto, hay que reconocerle a Sergio que ha servido para crear un dique, marcando un máximo a partir del cual las estupideces que se pueden llegar a hacer son insostenibles por contradictorias, falaces o palmariamente perjudiciales; pero, por debajo de ese máximo, aún se puede mover muy bien la ideología de ‘género’ y proseguir el futuro transhumanista que nos espera. Por lo tanto, aunque haya ayudado a que el mundo sea un poco mejor, su rendimiento está muy limitado; además de que no esconde que su fin es rentabilizar su canal, por lo que éste puede terminar vulgarizándose mucho —de hecho, ya lo está haciendo; y, para cualquiera que lo dude, le sugiero que mire su último vídeo en comparación con sus homólogos de hace uno, dos o tres años—. En resumen, no estuvo mal; pero, ahora, entre directos, videos improvisados y no querer esforzarse en profundizar o expandir la crítica… Es una pena.

Juan Ramón Rallo, quizá el más exitoso de todos los hijos del Instituto Juan de Mariana, puede ser el que más terreno haya ganado en los últimos tiempos, aprovechando, sobre todo, la debacle del podemismo. Su mordacidad a la hora de criticar los excesos del mismo, entre los cuales encontramos un feminismo acrítico de ‘género’, es meramente coyuntural en el contexto de su deseo: atacar a todos los que no defiendan reducir el Estado al mínimo, para que así florezca su utopía individualista. Por lo demás, resulta especialmente ilustrativo, dado que es muy buen profesor y se nota que domina la materia, y lo es más aún si comprendes sus motivaciones y aprendes a detectar sus refinadas estrategias para barrer siempre para casa. De cualquier modo, todos los que le defienden bajo la idea aquella de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo» deberían tener cuidado…, pues esto es como alimentar a un dragón para que achicharre a las hienas; y es que nada te asegura que, una vez que acabe su trabajo, el siguiente no seas tú. (Algo parecido, me temo, podría pasar con Rubén Gisbert…; aunque ojalá nos equivoquemos.) Llegado el momento, le dedicaremos un buen artículo al novísimo liberalismo que muchos acaban de descubrir; pero, por ahora, lo que está claro es que sus más profundos y antiguos defensores han encontrado la oportunidad perfecta para depurar la teoría de viejas lacras conservadoras y poder aspirar, al fin, a terminar con los pocos restos que quedaban de las estructuras tradicionales y de las comunidades naturales en España.

Llegamos al buenismo youtubero de Paloma Pájaro. Lo primero y más fácilmente criticable es que parece estar casada con Gustavo Bueno, lo cual limita mucho el alcance de su crítica y hace que los vicios de su enamorado —como el fetichismo por los tecnicismos o el exceso de racionalismo— se propaguen a través de ella; además de dejar entrever cierto pesimismo antropológico y una teoría sobre el estado y la nación demasiado cerrada. Por lo demás, su crítica al feminismo acrítico hegemónico la despacha en un vídeo y cuatro comentarios sueltos, y resulta ser bastante convincente y radical; aunque esto no debe sorprendernos si tenemos en cuenta que la teoría materialista de su autor de cabecera está hecha para afrontar temas de mucha más entidad. Sin duda, lo mejor de su trabajo es haber conseguido que, por ahora, se pueda escuchar la teoría de Bueno en un canal con 56.000 suscriptores, y esto resulta ciertamente esperanzador; pues, más allá de lo que se les pueda criticar a los buenistas, por lo menos defienden una teoría objetiva que se separa de las modas preponderantes (y, ciertamente, si Paloma fuera la presidente de Vox, atando en corto a la formación y limpiando las cuadras, la agrupación verde fosforito ganaría enteros…; pero me temo que esto es como pensar qué pasaría si Cayetana Álvarez de Toledo pasara a capitanear el PP… Es ficción y poco más).

Repasando estas tres fuentes, resulta evidente para cualquiera que, más allá del origen de UTBH, el resto ha empleado los excesos del feminismo de moda y demás estupideces, junto con sus palmarias debilidades, para saltar a la palestra y transmitir sus teorías particulares; las cuales, ¡sorpresa!, sirven directa o indirectamente a los intereses de otros grupos de presión afines al voxismo o a la patronal más progresista, que, por cierto, cada vez es más numerosa —en contraposición a los funcionarios y agentes económicos dependientes de la estructura ‘psoepodemita’—. Ciertamente, estos ‘juegos de tronos’ son inevitables, y siempre será preferible que el clima intelectual que se haga dominante tenga el mayor nivel posible y sea coherente con la circunstancia que nos ha tocado en suerte. En este sentido, un liberalismo trasparente, junto a un buenismo juvenil, con un pequeño reducto podemita moderado y vigilante, sería una mezcla con la que se podría vivir (a falta de algo mejor). El problema de todo esto es que, por detrás, lo verdaderamente hegemónico y omnipresente es el pragmatismo angloamericano, el cual nos deja al albur del poderío descabezado de modas, empresas y masas —que nos llevan anárquicamente a una utopía tecnológica que será la antesala de la nada, o de la guerra, definitiva—, desarmando de principios tan importantes como el de bondad o el de objetividad a quien quiera pensar alternativas, mientras se menoscaban, a su vez, bienes clásicos comunitarios que van más allá del individuo y de su querer caprichoso. Pero, en este artículo, no tocaba que nos fuéramos tan lejos…, aunque nos vamos a ir un poquito más para comentar una última idea sobre el buenismo (a través, eso sí, de un ignorante de la palabra de Dios). Indiscutiblemente, es una teoría mucho más sensata y objetiva que la mayoría de las teorías actuales, pero —ojalá me equivoque— huele demasiado a pólvora; e incluso pecando un servidor de ser un pánfilo pacifista demócrata, creo que Bueno sólo sirve para tomar lo digno, genial y excelso de su teoría, y para nada más. No es prudente para el intelectual limitar su alimentación, pero, puestos a poner el nido cerca de un autor —algo que hay que evitar en la medida de lo posible—, centrémonos en los clásicos del calibre de Aristóteles o Schopenhauer. Y, aun con todo, hay que recordar siempre que son hombres, como tú y como yo; para, así, no dejar nunca de mirarles a los ojos.

En conclusión, las voces disidentes han conseguido avances significativos a nivel local y, sobre todo, abriendo el debate. En 2018 parecía que esto del feminismo descabezado iba a ser una nueva religión ultraortodoxa, vigilante y punitiva de la cual no se podría escapar públicamente, y que terminaría por moldear nuestra manera de vivir, querer, pensar y trabajar; llegando, en último término, a falsificar la historia y la realidad, ésa en la que habrían de sufrir las generaciones más jóvenes y sus descendientes. Gracias a personajes como Un Tío Blanco Hetero, o su querido Jordan Peterson, vivimos, en 2021, en un mundo donde el pluralismo político se ha visto reforzado; y aunque las nuevas ideas no sean tan nuevas ni tampoco demasiado esperanzadoras, por lo menos nos llevan a un camino más honesto y claro: el liberalismo. Éste, tarde o temprano, se mostrará indiferente ante los problemas más profundos derivados de la ideología de ‘género’ o del trasnhumanismo; y, yendo aún más allá, se explicitará como feminista en un sentido abstracto y meramente económico, impotente y frío, en relación con problemáticas en torno a la prostitución, el aborto o los vientres de alquiler —tomando tres ejemplos clásicos—. El tema de la libertad no es trivial: reducir las relaciones entre los hombres a las meramente privadas o contractuales es inhumano, y mirar la vida desde el prisma del individualismo más obsceno es eminentemente falaz —¡como para plantear la ética del cuidado!—. A diferencia del tema del feminismo, que queda a grandes rasgos definido y aclarado en esta serie de artículos, cuestiones como el liberalismo, el utilitarismo, el pragmatismo —y demás ideas capitales que están en juego, como puede ser la de «libertad»— volverán, dado que son materias que entrañan mayor complejidad, profundidad y omnipresencia; además de formar parte de un terreno que sufre manipulaciones extremadamente sutiles y difíciles de aplacar (aunque esto, a su vez, lo hace infinitamente más interesante). Respecto a la cuestión feminista, sólo queda un artículo, en el que intentaremos resumir lo más importante de todo lo dicho en pocas líneas y donde ensayaremos una crítica al conjunto de la serie, resaltando qué se ha podido quedar fuera que merezca la pena ser mencionado, así como posibles puntos débiles. Ojalá hayáis aprendido algo, queridos lectores, y no se os haya hecho demasiado pesada la lectura.

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