Repaso del curso 2022-2023 y… ¡nos vamos de vacaciones!
Llegamos al final del quinto curso trabajando en Zoonpolitikon.blog teniendo que reconocer que, sin duda, ésta sí que ha sido la etapa más dura hasta la fecha dentro de este proyecto. Con todo, hemos conseguido escribir 12 artículos y llegar a la cifra de 2591 visitas, un 57% menos que las alcanzadas en el cuarto año. Si miramos el número de visitantes, nos encontramos más de 1158, lo que implica —si la dislexia nos lo permite— un aumento del 7% respecto al año pasado. Esto quiere decir que, sorprendentemente, aun publicando menos, hemos conseguido ganar lectores. Por artículo, al final del día, nos quedamos aproximadamente con 215 visitas y con 96 visitantes; teniendo, de media, 8 visitas al día, de la mano de 3 visitantes: números que no son comercialmente rentables, pero que a nosotros nos sirven para levantarnos cada mañana —agradeciendo, además, que la pérdida de cantidad no haya sido tan dolorosa—. También nos ha hecho mucha ilusión tener 30 comentarios, aunque sean un 67% menos que los que tuvimos el curso pasado. Hablando ya de artículos concretos, el ganador ha sido “Cumbres Borrascosas (1847) y sus tantas adaptaciones”, con 158 visitas; convirtiéndose así, a su vez, en el segundo articulo más visto de nuestra historia. Le siguen por detrás, pero no por ello con menos importancia, “Jane Eyre (1847) y sus tantas adaptaciones”, que se eleva hasta las 93, y “¿Es tu novia Francisco Franco? Cinco pruebas que lo demuestran”, que alcanza las 77. Tenemos los datos; ahora, interpretémoslos.
No hace falta ser un lince para comprobar que este curso ha sido, de principio a fin, un fracaso organizativo sin paliativos, especialmente por culpa de los efectos de la pandemia, un grado de mala suerte y la debilidad inherente al ser humano, de la cual nos hemos sentido totalmente partícipes durante este curso. Aun con todo, no deja de ser extremadamente gratificante trabajar día a día por crear algo valioso. En resumen, y dado que ha sido un año muy difícil y angustioso, comprobar que el desastre no ha terminado por ser total —como verificamos, por ejemplo, con el número de visitantes— es algo muy agradable de constatar. Con todo, hemos cometido muchos errores, no hemos dado la talla, en ciertos momentos nos hemos visto obligados a tomar decisiones desagradables —como recortar artículos— y nos hemos encontrado en la tesitura de prácticamente abandonar las redes sociales, además de las otras labores de promoción —algo que vamos a afrontar con determinación de cara al siguiente lustro—. De cualquier forma, son traspiés de los que hemos aprendido y que prevemos superar de cara al año que viene, que será más tranquilo y que esperamos que permita cicatrizar definitivamente las heridas que nos han dejado estos últimos años para, así, recuperar los ánimos necesarios para afrontar lo que vendrá después, que tiene lo suyo. No queda mucho más por decir, salvo que algo peor que fracasar es no aprovechar para aprender de ello; y, sin duda, y aunque haya sido a las malas, hemos sacado lecciones de lo ocurrido. Tenemos que darle una vuelta este verano, pero, muy probablemente, seguiremos el año que viene con este proyecto con fuerzas renovadas y una visión depurada. Vamos a ir cerrando ya este curso, porque, como siempre decimos, después de 10 meses de trabajo es imprescindible también descansar —en este caso, con el sabor de haber superado una coyuntura muy desagradable—, para que esas buenas ideas que no se nos han ocurrido todavía —las mejores— se nos ocurran. Ésta es otra de las tradiciones que nunca romperemos, dado que el trabajo intelectual necesita tanto de momentos de esfuerzo continuo focalizado como de genuino reposo y ocio. Ya lo comentamos con más detalle en este artículo clásico: “En defensa del tiempo libre y las vacaciones. Por el derecho a la pereza. Primera aproximación”. Y como hablar de lo propio por demasiado tiempo no es muy elegante, acabamos este quinto curso aquí. No nos queda más que decir, salvo que os deseamos un perezoso, saludable y lúcido verano.
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Me vais a perdonar pero es que nosotros, los espartanos, no entendemos muy bien qué es eso de las vacaciones. Algo he oído a algún viajero que por aquí llegó y que se autodenominaba y decía autosentirse como turista, respecto este, que tampoco entiendo. En fins, en cualquier caso, que los dioses y las diosas os sean propicios. Y propicias.
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