Saltar al contenido

Seminario Wittgenstein Complutense. Segunda sesión: Ángeles Jiménez Perona. “Certeza, animalidad y desacuerdos” (23 de febrero del 2023)

Proseguimos hoy con la segunda ponencia de esta pequeña serie, que corría a cargo de la profesora Ángeles Jiménez Perona. No vamos a gastar demasiado tiempo en presentaciones, dado que lo que dijimos sobre ella en este artículo es más que suficiente. Por lo demás, os recordamos que la manera de enfocar estos escritos y el análisis del contexto aparecen en el primero de ellos, desarrollado ya hace un mes. Por último, antes de meternos en materia, resaltaremos que en esta sesión éramos la mitad que en la pasada, lo que equivaldría a unos 35 oyentes —algo que concuerda bastante con las aproximaciones que hicieron los organizadores, que contaron 40—. Abordadas ya las cuestiones preliminares, comencemos.

Arranca la profesora Perona comentando que no va a explicar al autor, sino a usarlo, y que su foco de interés es el problema de los desacuerdos profundos —esto suena a una mezcla de eufemismo y una traducción chatarrera del inglés, ¿no?—. Sea como fuere, Ángeles J. Perona quiere buscar una manera racional de salir de ellos sin nociones absolutas ni cientificismo, aceptando el problema de la inconmensurabilidad a partir de la asunción de la falibilidad, la flexibilidad y lo dinámico; lo cual nos debe llevar siempre, inevitablemente, a unos resultados plurales y contingentes. Lo importante para esta propuesta, según nuestra profesora, es que hay límites —esto nos recuerda a Popper, y no nos referimos al de las fiestas—. Poco después matiza, ante el arqueamiento de cejas generalizado, que estas fronteras no son ‘a priori’ ni ‘normativas’ en un sentido clásico, sino, como mucho, mínimamente ‘normativas’. (Todas las comillas simples las ponemos nosotros.) Esta premisa nos permite la crítica y la posibilidad de salir del desacuerdo, dado que, y esto es importante, estos límites tienen que ver con que podemos aspirar a encontrar una certeza desde lo naturalista y lo social. En este punto, la profesora Jiménez Perona es muy clara a la hora de defender una perspectiva antropológica (eso sí, contextualista y animal —no podía faltar la dosis de palabrejas—).

A su vez, entiende al hombre como un animal ceremonial y le interesa aplicar sobre él una perspectiva etnológica para crear una distancia para la observación, la perspicacia y la crítica. Algo más tarde afirma que no hay inconmensurabilidad total y que es posible la comparación porque se da algo por supuesto sobre lo que no se duda: lo animal, la forma de vida —menos mal que habla ‘Santo Tomás’ y no un pobre diablo cualquiera, poque esto empieza a sonar muy herético—. Perona sigue metiéndose en el pozo, sosteniendo que todos tenemos un modo de hablar y actuar y que nuestras certezas vienen del instinto y no del razonamiento; en suma, que, como animales, compartimos algo en común. Y remata esta parte de la ponencia con un ejemplo: «Doy por seguro que existe mi madre cuando le pido la sal». Prosigue señalando que tenemos una historia natural común donde todos charlamos, ordenamos, preguntamos, comemos…; sin contar con que hay una expresión conductual, verbal y no verbal, del sufrimiento. El ánimo del paisanaje se va calentando y, a renglón seguido, afirma que todo esto no anula la pluralidad, sino que lo que ocurre más bien es que el hecho de que no haya una total inconmensurabilidad es lo que posibilita la comparación para hacer un análisis sobre las semejanzas entre formas de vida (todo esto dejando claro que no quiere encontrar esencias, sino establecer analogías que agudicen nuestra mirada; algo así como poder decir: «mira, se parece»).

Continúa afirmando que hay que sacar a la luz los parecidos de familia entre las posiciones en conflicto, lo que se tiene en común, aunque no se repita siempre ni de la misma manera, para, así, mediante la crítica y la argumentación, intentar avanzar para salir del desacuerdo (sin ser este pequeño progreso en el conflicto para nada determinante, en tanto que no hay nada natural). Esta humilde profesora feminista sólo propone evaluar la comparación a través de los argumentos de las dos partes y buscar forjar una nueva norma, basándose en los aires de familia que comparten ambas posiciones, que permita salir del desacuerdo; algo que, al final, acabaría implicando la transformación de los sistemas en conflicto, pero de manera no apriorística ni determinista, puesto que no hay ninguna garantía de que se vaya a llegar a acuerdos o que estos, de darse, se vayan a mantener (y es que puede haber mala voluntad, se pueden cometer errores…). Insiste, por enésima vez, en que su posición no es esencialista ni naturalista… y que ella apuesta por una racionalidad débil y vulnerable —qué bonito queda eso último—. Y, básicamente, esto es lo que se puede sacar en claro de esta charla sin caer, más de lo que ya hemos caído, en reiteraciones innecesarias.

En definitiva, todo este jaleo para defender que existe un sustrato común a toda forma de vida humana; en plata: que somos de la misma especie, que venimos funcionando de una manera muy parecida a lo largo de los últimos miles de años y que, gracias a eso que compartimos, podemos decirle a un salvaje sarraceno que eso de mutilar a su hija practicando la ablación del clítoris está mal porque ella sufre, como él o como cualquier otro sufriría en una situación similar. ¡Qué piruetas mentales tienen que hacer los académicos actuales para poder defender mínimamente este tipo de obviedades! Y es que el 80% de la ponencia consiste en repetir que no es ni esencialista ni naturalista ni nada que se le parezca. ¡Delirante! (Por cierto, qué gusto eso de que no desdoble el lenguaje en masculino y femenino…; aunque, claro, ella se lo puede permitir porque tiene la categoría de ‘senséi shihan’ en esto del feminismo. En fin…: privilegios del rango.) En resumidas cuentas, para la media por estos lares hay que decir que no está mal y que se muestra bastante sensata y clara en sus posiciones (siempre que obviemos la neurosis que tiene esta gente con lo natural y su afición por creer que están descubriendo América cada vez que se tropiezan con una trivialidad). Destacaríamos de esta ponencia, eso sí, lo curioso de que se afronte el tema de la retórica y el uso de las emociones en el discurso como herramientas legítimas a la hora de persuadir, lo que es bastante cuestionable. Al fin y al cabo, dado que los seres humanos somos retóricos y emocionales por naturaleza, no debemos forzar deliberadamente estas facetas, sino que su estudio nos debe servir para conocernos a nosotros mismos y para controlarlas, evitando así caer en la charlatanería y contribuyendo, al mismo tiempo, a desmontar al charlatán, sobre todo si estamos encaminados hacia la búsqueda de la verdad.

Por otro lado, ocurrió una pequeña circunstancia harto divertida e ilustrativa. Un profesor, Javier Vilanova Arias, el mismo que luego dará una de las charlas siguientes, va a entrar en una acalorada discusión con la ponente. El señor Vilanova Arias defiende que, como en una tribu perdida no consideran como certezas cosas triviales y dada la variabilidad genética dentro del género humano, todo lo que dice Perona es un dislate: ni compartimos certezas ni nos podemos agarrar a nada común a todos los hombres. Además, no sólo replica a la profesora pisándola continuamente sin dejarla responder con calma, sino que también se aprovecha de la indigencia mental del público para presionar a su interlocutora. Perona se defiende con educación como puede, reiterando lo que ha repetido mil veces durante su ponencia e intentando hacerle ver que todo es muy mínimo, precario y aplicado a problemas particulares. Prosiguen la disputa de una manera contenidamente encendida hasta que el eminente profesor Vilanova termina la conversación comentando que se tiene que ir y diciéndole a su compañera «tienes toda la razón» de una manera chulesca e impropia, como quien le da la razón a un tonto.

Más allá del cinismo y de la desproporción de la postura del mencionado profesor, hay ciertas cosas que no se pueden hacer. Era evidente que el profesor Vilanova Arias se movía por la motivación innoble de quedar por encima a toda costa y vio muy clara una oportunidad para atacar una posición razonable pero impopular con una visión falsa, por exagerada, si bien acorde a los lugares comunes y a la moda actual. El problema es que, si te acercas demasiado a la línea, aun a sabiendas de que es fina, estás mostrando que, en el fondo, no te asusta la posibilidad de terminar saltando a la comba con ella. Ya lo decía el dicho popular: «quien evita la tentación evita el pecado» o, en su versión más exigente, «quien evita la situación evita el peligro» (el peligro de la tentación, se entiende). Al margen de los detalles, como el de no dejar hablar al otro o irse diciendo ‘para ti la perra gorda’, la postura de Javier era ridícula. En primer lugar, Perona se había esforzado mucho en quitarle el poso naturalista y esencialista a su postura y, aparte de esto, es evidente que somos Homo Sapiens, es decir, que nos podemos reproducir entre nosotros, que tenemos la capacidad de hablar, etcétera, por lo que es una memez intentar desmontar la tesis de Perona diciendo que «el ser humano tiene mucha variabilidad genética» (sólo faltaría que hubiera puesto el típico ejemplo del niño criado por lobos para desmontar eso de que todos los seres humanos hablamos o el de alguien con problemas de salud que le impidan sentir dolor para replicar que no todos sufrimos). La falsedad de fondo es la misma que la del ejemplo que pone de una tribu perdida que no reconoce que la Tierra existe. Salvo que seas un cabeza cuadrada aficionado a las abstracciones puras, cuando uno habla en general reconoce que siempre hay casos límites, por lo que el hecho de emplear esas excepciones para sacar un argumento de quicio es deshonesto, y más cuando, en este caso concreto, Perona había insistido por activa y por pasiva en que no pretendía extraer universales ni basarse en esencias perfectas. La filosofía no son matemáticas, y es por eso que, cuando digo «todo», me estoy refiriendo a «todo» en un sentido general, sabiendo que existe el problema de los singulares, el de las fronteras y el de los casos límites; ergo, para intentar refutarme, no vale con que simplemente encuentres un caso, sino que debes demostrar que no todos, en general, lo que sea. En la cuestión que ahora nos ocupa, que no todos los humanos, en general, hablan o sufren, lo cual es imposible, porque todos los humanos, en general, hablamos y sufrimos cuando alguien nos tortura o mutila —a alguno le dará igual, otro ni lo sentirá e incluso habrá quien hasta lo disfrute, pero, desde luego, siempre serán los menos respecto al común de los mortales—. (Y puede que haya quien defienda que Vilanova estaba haciendo de abogado del diablo o jugando a replicar por replicar…; pero, teniendo en cuenta el contexto y el riesgo que corremos…, esas fanfarronadas mejor las dejamos para el bar.) Resulta interesante, a la par que hilarante, que un profesor varón y entrado en años intente quedar por encima en virtud religiosa progresista de una profesora mujer y especialista en crítica feminista. No queremos ser malévolos…, pero ya lo decía el refrán aquél: «dime de qué presumes y te diré de qué careces».

En resumen, así como lo mejor ha sido escuchar alguna idea mínimamente cabal en un evento de una facultad de filosofía, lo peor ha sido comprobar cómo parece que nos encontramos ante un fuego que se apaga y que cada vez tiene más descerebrados empeñados en mear encima de sus brasas. Le ponemos un 5 sobre 10, que, junto con el 0 de la organización, dejaría esta ponencia en un pálido 2’5. Concluimos, pues, que sólo puede considerarse que ha merecido la pena si lo valoramos como ejemplo muy bueno de cómo nuestra élite intelectual se pudre.

2 comentarios sobre “Seminario Wittgenstein Complutense. Segunda sesión: Ángeles Jiménez Perona. “Certeza, animalidad y desacuerdos” (23 de febrero del 2023) Deja un comentario

  1. Es una pequeña tontería, pero que quede este comentario como recordatorio de que hoy hace cinco años del primer artículo que subimos. ¡Deseamos que la mejora en las ideas y la manera de contarlas se vaya notando con los años y que éste sea el primer lustro de muchos!

    Me gusta

Deja un comentario

Este sitio utiliza Akismet para reducir el spam. Conoce cómo se procesan los datos de tus comentarios.