Cinefórum. Mercedes Carrillo Aralmetes y Lucía Robisco Alonso. “I clowns Federico Fellini + «El payaso y la filosofía» María Zambrano” (27 de marzo del 2023)
Este evento, aunque no pertenece al llamado ‘Seminario Wittgenstein Complutense’, tiene cierto vínculo con él, como veremos más adelante, así que lo incluiremos como un apéndice, que comentaremos, de la misma forma que hemos hecho con todos los demás, según el primer artículo de la serie. Organiza “Filosofia y Humor: el cine como recurso audiovisual para pensar desde la risa filosófica” (239) —que, casualmente, es una continuación del proyecto 331: “Filosofía, Ciencia y Cine: perspectivas feministas” y que tiene su memoria aquí—. La relación está en que tanto Ángela Serrano Jiménez como Marcos Alcázar Estrella también participaron en este ‘proyecto’. Pero no sólo eso, sino que, como además coincidieron las conferencias en el tiempo, creemos que tiene sentido dedicarle un instante a juzgar qué se estaba haciendo por este otro lado. Sea como fuere, dejémonos ya de introducciones y comencemos.
Lo primero que llama la atención, dado que se supone que cuando uno prepara alguna cosa de éstas quiere atraer a la mayor cantidad posible de público, es que no hubo promoción alguna en las redes oficiales del proyecto, lo que puede calificarse de sospechoso. Sin embargo, es algo que entenderemos poco después; y es que, si uno conserva un mínimo de vergüenza —o piensa que le pueden pillar con el carrito del helado— porque pretende hacer una charlita para cumplir y llevarse el mérito de poder rellenar papelitos burocráticos de esos que hinchan currículums y sirven para ordeñar a la hacienda pública…, le conviene no promocionar demasiado el asunto y que las palabras se las lleve el viento.
¿Pero tan terrible fue? Peor de lo que uno pueda imaginarse. Asistimos a una película mala y pretenciosa, para después sufrir un ejemplo de teatro espantoso, sobrecargado, ridículo y confeccionado por dos pésimas actrices. Además, no sólo se descubren como una parodia andante de lo que es un moderno actual, con sus desdoblamientos del lenguaje y demás amaneramientos, sino que no llegan ni a explicar con un mínimo de calidad un artículo de cuatro páginas de María Zambrano. Pero, como dijo Jack el Destripador, vayamos por partes. Lo primero de todo es que nos encontramos con dos crías, de la categoría tabernaria y modernilla (y si bien una podía tener cierto pase porque andaría en los 20 años, la otra como que ya no, dado que perfectamente rondaba los 40 y tantos). Al principio de la ponencia hacen alguna referencia a que les va el ‘arte’ y el teatro y…, la verdad, ¡cómo se nota! (Aún estoy esperando a que alguien de este gremio no padezca de tanta ínfula mal disimulada, falsa modestia y casticismo, y que pueda aguantarse las ganas de hacer el indio con alguna puesta en escena estúpida —o, como les gusta a ellos decir, ‘performance’— en cuanto se pone en pie durante más de 5 minutos.)
En resumen, asistimos a un circo peor que el de la propia película de Fellini —lo que ya es decir— en forma de diálogo forzado, pretendidamente cómico, entre dos personajillas venidas arriba al calor de la putrefacción de la facultad de Filosofía de la UCM. Y no vamos a pararnos a comentar nada sobre ese momento en el segundo tercio de la charla donde se ponen narices rojas de payaso… o acerca de la manía que tenían por referirse a los «payasos» como ‘clowns’, como si de una palabra mágica heideggeriana se tratara. Pocas veces he vivido una vergüenza ajena de este calibre.
Una vez visto, a grandes rasgos, cómo fue la ponencia, habría que dedicarle un par de palabras a la película “Los payasos” (1970), de Federico Fellini… ¿Qué se puede decir? Tristemente, nos encontramos ante una cosa castiza y cutre que entiendo que, al menos, sirvió para llenar el ego de este cineasta. Siendo desagradable de manera forzada, lo más interesante que pudimos encontrar fue alguna escena surrealista metida con calzador, como aquella donde sale un tren lleno de niños y aparece un tipo que, llámame loco, creo que es fascista —la cinta en este punto es muy sutil—, y que sale la hija de Chaplin jovencísima unos segundos, siendo esto último la única nota de belleza de la cinta. Poco más se puede decir, salvo que, durando sólo una hora y media, se hace infinita. No llega ni al 1’5 sobre 10.
En conclusión, de las cosas más estomagantes, penosas y ridículas que he visto usurpando tiempo, espacio y dinero en una clase. Fue un ejemplo sangrante de la mezcla de mal teatro con el fusilamiento de un escrito de manera chapucera, pedante e imbécil. Si leéis el nombre de alguno de estos personajes, corred en dirección contraria (incluido el de Fellini).
«Durante la hora… ha dicho cosas que me provocaron el deseo de ponerle una pistola sobre el pecho y decirle: tienes que morir sin compasión; pero dime antes, por amor de tu pobre alma, si con ese galimatías has pensado algo claro o querías simplemente tomarnos el pelo». (Arthur Schopenhauer)
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