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Seminario Razones en Movimiento. Cine, argumentación y conocimiento (Conferencia 2022)

Hoy toca una pequeña, pequeñísima, casi ínfima crítica a un evento universitario; más precisamente, de la Universidad Complutense de Madrid. Por la misma razón que tratamos el «Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas», y motivados por la buena aceptación del mismo (349 visitas y 16 comentarios), queríamos tratar algo más sobre lo que es capaz de hacer el «Proyecto de Innovación Docente: Filosofía, ciencia y cine. Perspectivas feministas», coordinado por Laura Nuño de la Rosa; proyecto Innova que dio continuación al digno «Filosofía a 24 imágenes por segundo» (https://filosofiaa24imagenesporsegundo.com/), del profesor Antonio Duarte Calvo. Pero, vista la calidad del primer cinefórum, no queríamos repetir con quien no merece la pena, así que nos esperamos a que hubiera un evento, por lo menos en apariencia, menos propagandístico y, a poder ser, con unos participantes diferentes. Pasó el tiempo y tuvimos suerte, dado que el «Congreso “Razones en movimiento” sobre cine, argumentación y conocimiento» —curiosamente anunciado por dos cuentas de Tuiter distintas: @Filosofia24FPS y @filosinnova— parecía una bocanada de aire fresco en comparación con lo que venía haciendo el mencionado «(proyecto 331): Filosofía, Ciencia y Cine: perspectivas feministas». Eso sí, como cada vez vamos siendo más ‘perros viejos’, conviene analizar el contexto, quién hay detrás, etcétera, para cribar y evitar dedicar nuestro tiempo a aquello que sencillamente no vale nada —sobre todo ante la falta de recomendaciones autorizadas—. Comencemos.

Analizando los carteles comprobamos que están involucradas otras dos entidades: el «Grupo UCM (930664): Racionalidad, Conocimiento y Acción», cuya responsable es Ángeles J. Perona —lo cual parece ligado también a algo llamado muy pedantemente «Cognitive Vulnerability: An Epistemological Approach (FFI2017-84826-P)» o «Vulnerabilidad Cognitiva: una aproximación epistemológica»—, y el «Proyecto de Investigación Prácticas argumentativas y pragmática de las razones (PGC2018-095941-B-100)», cuyo responsable sospechamos que es H. Marraud González o, quizá, Huberto Marraud González. Dudamos de estos últimos datos, dado que no está nada fácil encontrar información sobre algunas de estas agrupaciones universitarias; ni procediendo a un ‘stalkeo’ —o rastreo— en profundidad —dentro de lo indexado, obviamente, que tampoco es plan de gastar fuerzas en un primer acercamiento— ni aplicando técnicas probadas de ‘CSI’ forocochero se puede sacar mucho más de lo aquí dicho con un grado de certeza suficiente como para ponerlo en público… Cualquiera diría que a nadie le interesa que las actividades y los presupuestos de las agrupaciones universitarias sean transparentes. Pero, claro, si la referencia donde estaban los carteles en la propia web del departamento responsable del evento, «Lógica y Filosofía Teórica», que dirige Juan José García Norro, cuando han pasado exactamente dos meses desde el 28 de abril del 2022 —la fecha del seminario—, ya está rota…, apaga y vámonos. Al margen de que no es un buen dato que la profesora Perona esté implicada, si tenemos en cuenta lo visto en el cinefórum de la discordia, resulta evidente que, en este contexto tan descuidado y gris, es muy difícil que florezcan conferencias que merezcan la pena. No obstante, dado que al final nos armamos de valor y fuerzas para ir, os contamos lo que pasó con David Pérez Chico y Raúl Urbina Fonturbel, porque ya os adelantamos que no aguantamos más allá de estos dos primeros ponentes.

Somos 11 en la sala, y vemos que la exposición de David Pérez Chico, de la Universidad de Zaragoza (Unizar), se titula “Golpes en el alma: El poder transformador del cine según Stanley Cavell”. Sin embargo, ya desde el principio descubrimos que da bastante igual el título, porque él mismo comenta, al poco de empezar su conferencia, y después de referirse a «los y las jóvenes», aunque continuando más tarde usando mayoritariamente el masculino —por lo que inferimos que tiene extrañas predilecciones por los varones—, que había estado enfermo y que no se la había podido preparar. Así que, en vez de haber decidido darse de baja para evitar hacer el ridículo (esto lo añadimos nosotros), nos anuncia que nos va a comentar una cosa sobre ‘su libro’, que consiste en ser el experto de Stanley Cavell. El individuo, ni corto ni perezoso, empieza a leer unas páginas que traía consigo, lo que, agravado por un acento nada disimulado, hace de su presentación una tortura soporífera. Además, para colmo, se pasa de su tiempo 40 minutos más allá de la hora que tenía asignada en el organigrama… ¿Y qué podemos sacar en claro? Pues que le gusta mucho Cavell y que el cine costumbrista de masas, según su visión, nos pone en contacto con nuestra vida diaria, que se nos ha olvidado que es extraordinaria. Y que no le gusta nada el cientificismo, lo cual es loable; aunque, sin duda, echándole tanta cara, flaco favor haces en la lucha contra los excesos del mismo. Por cierto, es de esos que consideran problemático cosas del tipo «mostrar que tengo mente»…, lo que es el último indicativo para detectar a alguien que quiere asegurar trabajar toda la vida hablando sobre fantasmagorías en una facultad de filosofía. Pero…, bueno, le damos un aplauso muy efusivo por su descubrimiento de que los movimientos del cuerpo muestran el alma… ¿¡Cómo no se le había ocurrido a nadie antes!? Necesitamos más doctores y, sobre todo, presupuesto para que se investiguen estas interesantes cuestiones.

Le llega el turno a Raúl Urbina Fonturbel, de la Universidad de Burgos (UBU), que nos presenta una charla titulada “Análisis del discurso en 12 Angry Men desde la perspectiva del ethos”. Empezamos mal. Primero, porque, en una universidad española, debes referirte a los nombres de las cosas en el idioma que compartimos —y, en este caso, eso implica hablar de «Doce hombres sin piedad»—; y, segundo, porque el personajillo en cuestión empieza a mostrar un pase infinito de diapositivas, y yo sólo he conocido a un hombre capaz de sacarle partido a esa herramienta: José Luis Pardo. Pero, bueno, no seamos prejuiciosos… ¿Qué nos ofrece el señor Raúl Urbina? De entrada, un elogio desmesurado y un pelín pegajoso a la pobre exposición de David Pérez Chico, que le sirve a su vez para adelantarnos que su charla va a ser mucho más accesible; y tenía razón, pues lo es en grado sumo. Nos empieza a contar la película, muy orgulloso de un pase de diapositivas que mezcla iconos junto con muchos fotogramas de la misma, para terminar desmenuzándola entera como si estuviera explicándosela a niños de 2.º de la ESO —además de deslizar que hizo la presentación la noche anterior a la charla, tras volver a ver la película—. Y esto es todo lo que nos ofrece esta segunda ponencia, junto a la reflexión extremadamente profunda y original de que en grupo podemos conseguir más que individualmente. Este chico nos descubre, forzando al límite nuestra generosidad intelectual, la idea aquella de los sistemas emergentes, que tiene que ver con que muchas veces el todo es más que la suma de las partes; que, por ejemplo, la canción que produce un grupo de música es más que los sonidos de los instrumentos tomados individualmente. Esto no es que sea de primero de Filosofía, sino que es de primero de Bachillerato, tema 1, apartado recordatorio de las ideas filosóficas que deben estar claras pasada la ESO. Con este nivel de exigencia es normal que te dé igual, y que incluso agradezcas, Raúl Urbina, que te coman el tiempo de tu presentación. Tenías una hora y, sin embargo, 20 minutos te fueron suficientes para contar una película y sacar una moraleja trivial. De ahí que sea comprensible que se quedara maravillado por las ideas que maneja Pérez Chico sobre Cavell…, pues, en contraste, el primero parece todo un genio.

Han pasado dos horas, nuestra paciencia se agota y decidimos abandonar la sala; y es que todo lo ya expuesto, sumado a que uno de nosotros estaba en esos momentos delicado de salud, no nos deja demasiada opción. Difícilmente la cosa podría mejorar, visto lo visto; pero, con todo, hay un detalle que merece la pena comentar, una de esas cosas que uno se encuentra por las redes internáuticas y que es digna de mención… Berta M. Pérez, de la Universidad de Valencia (UV), tiene cuenta de Tuiter, y así abría boca a sus seguidores para ir a escucharla:

«Mañana estaré con mis amigos de la @unicomplutense hablando, a propósito de Breaking the waves, de tragedia, dialéctica and other related matters…» @Bertamperez

Sí, me declaro como culpable de caer en una falacia ad hominem, o me declararía culpable si dijera que, por expresarse en este tuit como una niña de 12 años, nacida en 2009, su presentación automáticamente iba a ser igual o peor a las ya comentadas, pero… yo simple y llanamente os muestro un hecho. Que puede ser que sea la reencarnación de Jane Austen y que, más allá de las formas estúpidas de nuestro tiempo, sea genial…, eso, sencillamente, no lo sabemos; pero sí que tenemos la certeza de que puso ese tuit un día antes de la presentación. Y lo cierto es que no podemos negar que la intuición sirve para algo y que, como ocurre con las uñas pintadas de negro en tíos, es una pista poderosa para abducir la hipótesis de que quizá sea imbécil. Nos lo apuntamos y, si alguna vez nos cruzamos con ella, lo comprobaremos. Después de esta irrefrenable digresión sarcástica, concluimos este artículo con una última idea: apuntad lo que os decimos y no perdáis el tiempo con quien no merece la pena, por lo menos, durante un período prudencial (siendo, como mínimo, de cinco años, que es lo que tarda alguien con un fondo honesto en dejar de hacer el mamón o, mejor dicho, en dejar de hacer el indio por dinero). Pero me temo que muchos, de tomar el camino honesto, deberían reconocer que no valen para esto de la filosofía y, tristemente, optar por estar dentro de cinco años llevando una mercería, siendo secretaria de alguien que no sea demasiado exigente u opositando para funcionario. Y, claro, ¿a cuántos conocéis que hayan tomado, llegado el momento, esa determinación? A muy pocos. Lo cierto es que llegas a los 30 y, como decía Ortega, ya estás atado de pies y manos, condenado a hacer lo que decidiste durante los 20, aunque no valgas, aunque sufras, aunque vayas al trabajo arrastrándote. Y, además, con la educación que tenemos, sumada al pragmatismo y a la velocidad de los tiempos que nos han tocado vivir, me temo que no nos va a quedar más remedio que apostar por los barbitúricos y poner rejas en las ventanas —hay quien diría ‘rejar’—, porque no todo el mundo cuenta con la capacidad para mentirse a sí mismo hasta la jubilación. Pero la cosa va más allá, pues ésta es, mal que nos pese, nuestra élite intelectual, los profesores, o futuros profesores, de las generaciones venideras. Así que sospecho que hay que ir preparándose para encastillarnos en monasterios, regirnos por una regla y esperar tiempos mejores.

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