Tank Girl (1995)

Hoy comenzamos con el primero de los análisis, cuyo objetivo será el de complementar el ciclo de ciencia ficción que hemos empezado este curso. Pretende ser la cara B de las críticas: una serie de análisis que se centrarán en destacar alguna obra particular de las diferentes décadas, empezando en los años 90. En este caso, nos hemos decantado por “Tank Girl” (1995); película que cuenta con la interpretación estelar de Lori Petty. Pero antes de entrar en materia, vamos a dedicar unos párrafos a dar un poco de contexto.

En esta década, a las puertas del final de siglo, ya es algo notorio y patente que el arte se ha vendido a la sociedad de masas y que, poco a poco, la libertad creativa, al margen de los ‘productos de comité’, empieza a secarse. Lo único que permite que veamos en los 90 alguna película decente es que, aunque el yugo de la producción se había centrado en maximizar el rendimiento económico, todavía la sociedad masificada no transmitía sus exigencias de manera directa, al encontrarse todavía en ciernes la irrupción de Internet a gran escala. Por lo tanto, las previsiones por parte de la producción aún dejaban espacio a cierto margen de error por el que se podían colar obras originales que consiguieron salir de los círculos estrictamente independientes. En este sentido, se colaron apuestas arriesgadas, al nivel de la película que hoy tratamos, como “Pi, fe en el caos”, “Abre los ojos” o la deliciosa “Delicatessen”. Pero también encontramos obras extraordinariamente dignas, en comparación con la mediocridad de la última década, aunque dentro aún del círculo incuestionablemente comercial, como “Terminator 2”, “Parque jurásico” o “Independence Day”. Incluso “Armageddon”, “Space Cowboys” o “Apolo 13” son decentes; sin olvidarnos de la infravaloradísima “El quinto elemento”. Ciertamente, la media del género es muy alta en comparación con los cánones actuales, existiendo, incluso dentro del cine más mediocre, películas completas y dignas. No olvidemos que en 1999 se estrena “Matrix”, que pone punto final al cine clásico. A esta aseveración, que habrá a quien le resultará exagerada, le dedicaremos un extenso artículo en el futuro.

Tomar para este análisis una película que todo el mundo hubiera visto o que es un referente dentro de los círculos cinéfilos tenía tres problemas: el primero, que no estaríamos descubriendo nada que no se conociera ya; el segundo, que al ser obras mil veces analizadas, y que cuentan con infinidad de literatura al respecto, habría que estudiarlas a fondo para dar una opinión mínimamente original; y tercero, dado el arduo trabajo que esto implicaría, creemos que es prudente dejarlas para un futuro, cuando nuestros peores artículos sean cosa del pasado. Por lo tanto, recortando las archiconocidas o archivaloradas, quedaba un reducido grupo de películas relativamente desconocidas y con algo que destacar. Entre ellas, destacarían: “Soldier”, “Esfera”, “Han Llegado”, “12 monos” o la maniquea “Gattaca”; y también las dos películas que quedaron finalistas: “Horizonte Final” y la más punki del desierto postapocalíptico australiano.

En un principio, por cuestiones prejuiciosas de cinéfilo elitista, parecía que el terror psicológico ganaría a la comedia punk. Y, más allá de prejuicios de género, había razones de fondo para ello. De entrada, cuenta con cabezas reconocibles, como las de Laurence Fishburne o Sam Neill. Y si bien es cierto que en el plano de la dirección no hay mucho que rascar, por lo menos Paul W. S. Anderson tiene alguna película potable en su haber, como la muy disfrutable “Resident Evil” (puede ser una casualidad, pero parece que Milla Jovovich sólo saca su máximo potencial cuando está enamorada del director) o la dignísima primera “Alien vs. Predator” (sobre todo, en comparación con la segunda, claro). Por mucho que en el plano del guión andaran a la par; en fotografía, “Horizonte Final” ganaba por goleada, al contar con la mano de Adrian Biddle, que había sido el director de fotografía de películas como “Aliens: El regreso”, “La princesa prometida”, Thelma y Louise”, “V de Vendetta”, y la primera y única que merece la pena de la “Momia”. Resumiendo: un profesional entre lo competente y lo brillante. Además, se hablaba de que esta película tenía sus raíces en “El Resplandor” y “Alien”, lo que le añadía más puntos frente a la adaptación del cómic anárquico y punk de los 80. Parecía que la mejor era evidente; sin embargo, después de acudir a la experiencia como buenos realistas, nos encontramos con un agujero negro, pero no en el espacio tiempo, sino en la mediocridad y la depresión. Una catedral de pretensión que se hunde estrepitosamente.

No le vamos a dedicar muchas más líneas a este despropósito. La primera media hora de “Horizonte Final” es brillante: nos encontramos una atmósfera opresiva como pocas y un apartado de arte impresionante, recordando a todo lo bueno que tiene “Alien”. La segunda media hora está compuesta de ilusiones y pretensiones, mientras empiezan a surgir agujeros de guión cada vez más insoportables, para terminar con una última media hora donde todo se hace añicos y donde, de repente, el nivel es el de “Scary Movie”. Personajes que son rotos al servicio de unas escenas cada vez más forzadas; la desaparición de toda sutileza para dar paso a la obviedad más insultante; un guión que se vuelve trivial… al final puedes llegar a desquiciarte tanto como sus personajes y acabar creyendo oír a alguien que se ríe a tus espaldas. Un ejemplo muy bueno de cómo tirar a la basura un montón de medios y quemar una idea que podría haber dado a luz una buena película. Si no dominas un edificio de dos plantas, “Mortal Kombat” (1995), no te metas con un rascacielos.

Después de una de esas experiencias cinematográficas que enseñan mucho a través de ejemplificar qué es el mal cine, “Tank Girl” y su aparente falta de pretensiones se convierte en toda una referencia. Este es un proyecto que nace de la ilusión de llevar al celuloide un cómic que hace del no tener ni pies ni cabeza su firma personal y del surrealismo su manera de expresarse. A modo de ejemplo, cabe señalar que en el primer ejemplar, de 29 páginas, nos encontramos siete giros aleatorios en la trama y a la protagonista hablando directamente al lector en varias viñetas. Pocas cosas merecen tanto denominarse una absoluta locura. Eso sí, a la vez y paradójicamente, nos encontramos con que todo funciona en coherencia con el mundo que se nos plantea y su personaje principal. De hecho, esta virtud de moverse con orden en el caos está de igual manera en la película, y es quizá algo especialmente digno de mención. El guión salta de unas escenas a otras, a cada cual más surrealista, sin forzar lo más mínimo la personalidad de sus personajes, que no pierden en ningún momento su singularidad y definición. Desde el villano, pasando por la propia Rebeca y Jet, hasta el último secundario o canguro, tiene su personalidad y lugar irrenunciable en la trama. Hay que decir que nos encontramos ante un buen guión, fiel al espíritu de la obra original, que mantiene el tipo de principio a fin y que se adapta perfectamente al lenguaje cinematográfico, llegando a un sitio distinto al del cómic.

Entrando en materia, visualmente nos encontramos una fotografía que cumple sin hacerse notar y un estilo artístico muy cuidado. La recreación de un mundo postapocalíptico y el estilo punk brillan con especial fuerza, notándose un esmerado esfuerzo en el detalle de cada decorado. Todo ello aderezado con una música rock que le va muy bien al conjunto. El tono, más allá de la ciencia ficción, es de comedia; pero ya en la presentación del villano notamos cierto tono grave cuando vemos cómo castiga a un subordinado, haciéndole caminar descalzo sobre cristales, para después licuarlo y beber su sangre filtrada, al tiempo que se hace hincapié en cómo el propio líder de “Water and Power” tenía desde el principio los pies descubiertos. Otra cosa que sorprende respecto a la circunstancia actual es el erotismo que palpita durante toda la película; siendo éste un ejemplo muy bueno de ese momento a finales del siglo XX donde el puritanismo tradicional ya era parte del pasado y donde aún no había surgido el nuevo puritanismo posmoderno de nuestra época. Es curioso ver la tolerancia que se tenía hace más de 20 años respecto a todo lo sugerente y cómo permeaba la cultura Playboy sin ofender a nadie. Otros tiempos.

A medida que van pasando las escenas, ocurren varias muertes dramáticas y explícitas, hasta encontrarnos otra toma que llama bastante la atención, sobre todo, teniendo en cuenta el aire en apariencia leve que veníamos notando. Nos referimos a un momento de bajada de revoluciones, en el que mientras nuestra protagonista está encerrada y se ducha sin agua, oímos de fondo todo lo que no les está permitido hacer a los reclusos. Si miramos las comedias de este tono juvenil nos daremos cuenta de que no suelen tener estas escenas de instrospección; lo cual nos empieza a poner sobre aviso de que quizá debajo de las apariencias laten otras pretensiones. Esto va quedando claro en la segunda escena de tortura, después de la de los cristales, cuando vemos que tienen a Rebeca en un congelador, intentando quebrar su voluntad, y después la meten en un tubo angosto, donde suponemos que la tortura la causa la claustrofobia del espacio. Apenas nos encontramos pasado el primer tercio de la película y ya hemos visto tres maneras bastante duras de torturar a alguien. A todas luces, esto se aleja mucho del canon de lo que es una comedia al uso.

Lo siguiente que sorprende a cualquiera es la inclusión de una pequeña escena animada poco después del encuentro con el tanque, que no desentona dentro del conjunto y que marca un salto en la historia, como los que ocurren en el cómic, a través de unos dibujos en movimiento (una muy buena manera de rendirle tributo). Saltamos a una escena del villano malherido, sin aparente mayor trascendencia, y a otra con nuestras protagonistas teniendo un encuentro violento muy cómico y surrealista en el garaje de una pelirroja; que terminará por convertirse en una de las escenas más icónicas de la película. La presentación del tanque, Kant, ya tuneado, es una genialidad necesaria para que nuestra “Tank Girl” esté completa, a la vez que les permite a los encargados de arte sacar músculo. La historia ahora es que han secuestrado a la hija de Rebeca, a la que no veíamos desde la primera escena, y la han llevado a un prostíbulo. Llegamos al prostíbulo a la vez que suena ese grandísimo tema de Björk, “Army of Me“, el cual no puede ser más siniestro. Al parecer, van a prostituir a la niña, que sólo tiene 10 años. Esto nos da una idea de lo oscurito el asunto. Cuando toman el lugar, encañonando a la Madam bajo la amenaza de cortarla el pelo, la obligan a cantar “Let’s Do It, Let’s Fall in Love”, de Cole Porter. Acaban poniéndose todos a bailar y a cantar festivamente. Parece que ahora nos encontramos de repente ante un musical. Este es uno de los momentos más geniales de toda la película, por inesperado, surrealista y crudo. La escena se resuelve con el ataque de los soldados de W&P, que vuelven a secuestrar a la hija de Rebeca, aún vestida de colegiala. Aparece a continuación un primer plano de nuestra protagonista, rota por dentro y gritando impotente. Puede ser que este sea el momento fundamental para entender el sentido general de la obra, que se hará más explícito en las conclusiones. Pero, en cualquiera de los casos, el humor es muy negro y dispara con bala.

En honor al cómic, saltamos a la búsqueda y encuentro de los “destripadores”, que al parecer son un comité democrático de canguros antropomorfos, fruto de un programa para crear ‘súpersoldados’. No desentona para nada cómo se van hilando escenas surrealistas llenas de chistes subidos de tono, para desembocar en una escena donde Tank Girl engaña a unos operarios diciendo que va a hacer un calendario de hombres fornidos de W&P, y terminar con una de las pocas escenas de acción de la película  cuando roba un camión (muy caricaturesca, dicho sea de paso). Todo esto es para probar su valía respecto al comité de canguros cachondos, entre los que se encuentra con el que va a acabar liada; que parecía el más tonto, pero que también resulta ser el más bueno. Toda esta parte de los canguros antropomórficos tiene un aire de comedia clarísimo, que recuerda bastante a la “La Vida de Brian”. Esto tiene mucho mérito, sobre todo si tenemos en cuenta que, junto a “Los caballeros de la mesa cuadrada”, es de los mejores ejemplos de humor surrealista. Terminan con la misión de tomar el fuerte de W&P y acabamos con unos chistes y con otra escena animada que pone punto final al largometraje. Un último detalle que merece la pena señalar es cómo se cierra el arco de Jet: después de un chiste, mata de un tiro a sangre fría al villano secundario que estaba detrás de ella, que hacía el papel de malo, torpe y poca cosa. Esto nos vuelve a recordar el fondo crudo de esta película, que dista de ser una comedia al uso, donde este tipo de personajes no suelen acabar especialmente mal. Esta no es una comedia de ciencia ficción convencional, como hemos ido viendo y como ahora vamos a concretar más pormenorizadamente.

De alguna manera, tal y como hace “Starship Troopers” con el género de acción, “Tank Girl” lo hace con la comedia. Se nos presenta una comedia ligera y cachonda, que rápidamente nos hace bajar la guardia y que nos hace pensar que esto es un entretenimiento fácil con el que pasar el rato. Pero poco a poco y más sutilmente, quizá, que la obra de Verhoeven, nos va presentando escenas cómicas y surrealistas, que juegan cada vez más con elementos duros o directamente con escenas realmente crudas. Por ejemplo, escenas como la de los cristales o en la que aparece la protagonista en una cámara frigorífica nunca estarían presentes en otras comedias. A su vez, la escena del prostíbulo juega con un fondo de humor negro muy claro; sin olvidar todas las muertes a sangre fría que nos presenta la cinta. La película nos hace cómplices con esa primera escena cómica en la que Rebeca les quita las anillas a las granadas de un guardia, para luego mostrarnos fríamente cómo liquidan a su novio y matan a su búfalo sin miramientos. Sin olvidar, como ya hemos apuntado, una de las escenas que cierra la película, en la que Jet aparece matando a sangre fría al villano secundario. En este sentido, se nota cuidado e ironía a la hora de jugar con el género. No hay tantas películas en los 90 donde encontrar ese juego, y menos aún enmarcadas dentro de la ciencia ficción (con permiso de “Desafío total”, claro).

Otra de las cuestiones que hacen a esta película interesante es el cómo se la considera hoy en día. Se pueden leer artículos en la comunidad anglosajona hablando de que es una película posmoderna y ‘posfeminista’. Consideramos que esta interpretación es superficial y que, de alguna manera, cae en el cebo de considerar el mensaje más visible como el fundamental. Lo primero que hay que tener en cuenta es que el contexto postapocalíptico provoca una circunstancia de anarquía que no debemos olvidar. Además, al margen de que podríamos considerar trivialmente que es una película buscadamente feminista, dado que la protagonista es una mujer ‘empoderada’, hay mucho más si escarbamos un poco. Si analizamos con más cuidado, hay razones para pensar que, en el fondo, no sobrepasa un sentido feminista clásico y ya muy habitual en la década de los 90. Al principio de la película, la protagonista vive en una casa muy punk y rebelde, pero en el fondo tiene un novio bastante normal y una hija. Hasta aquí, todo muy ‘heteronormativo’. Secuestran a la niña, matan a su chico y tenemos toda la parte con ella presa. Nos encontramos con el villano secundario, que pretende aprovecharse de su posición con Jet, aunque sin éxito; dado que, por mucho que Jet se vaya endureciendo a lo largo del metraje, desde el principio aparece como alguien que no se deja avasallar. Evidentemente, esto refleja el feminismo imperante en los años 90, pero no se ve por ningún lado ‘posmodernez’ alguna.

El otro momento importante del metraje, y al que ya hemos hecho alusión en este análisis, es el del prostíbulo, donde la Madam pretende prostituir a la hija de Rebeca y donde tiene lugar la secuencia con el número musical, que desembocará en que la niña vuelva a ser otra vez secuestrada. Esta escena es fundamental, dado que se puede leer perfectamente como una crítica irónica y adornada al carácter de la propia Rebeca: en vez de asegurar el rescate de su hija, se pone a bailar, que es lo que le pide el cuerpo en ese momento, favoreciendo que W&P vuelva a secuestrar a la pequeña. Podría ser una reivindicación posmoderna que reforzara el carácter individualista y subjetivista de la protagonista, pero la dirección de la escena queda muy clara cuando termina con un primer plano de Rebeca lamentándose por el hecho de que la vuelvan a secuestrar. Es una crítica directa a la manera anárquica e inconsciente que tiene Rebeca de vivir. Si a esto le sumamos que el tema de la película es “Let’s Do It, Let’s Fall in Love”, de Cole Porter (cantado en la parte del prostíbulo), y que al final acaba con el canguro más bueno, en el sentido más clásico de la palabra, la lectura de la película es clara. Al final, tenemos a una punk que se dedica a robar agua en un futuro anárquico postapocalíptico a una empresa totalitaria y que, a lo largo de la cinta, se da cuenta de lo que es tener una hija y de lo que es encontrar el amor en el prototipo de hombre bueno (por mucho que esté encarnado en un canguro antropomorfo). No nos olvidemos de la metáfora propia de la ciencia ficción a la que ya hemos hecho alusión en otras ocasiones.

Aparentemente y sin pretensiones, es una película que da mucho más de lo que pide y que cuenta con unos personajes principales, en apariencia maniqueos, que al final se mueven en un incierto gris. Así pues, concluimos que “Tank Girl” es una comedia de ciencia ficción más dura de lo que parece, que hace cómplice al espectador, y que parece una película anárquica muy punki, aunque lo que verdaderamente encierra es una crítica a dicho planteamiento, para terminar con una moraleja de lo más clásica: “Let’s Do It, Let’s Fall in Love”.


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