Barbie (2023)

Esta última película de la que voy a hablar para cerrar este curso no es otra que “Barbie” (2023), que ha sido imposible de obviar tras una campaña de marketing tan expansiva como la que ha tenido y que está dirigida por Greta Gerwig, que se embarca en este nuevo proyecto tras ser coguionista de unas cuantas cintas con su marido, Noah Baumbach (la más conocida, “Frances Ha” [2012]), y después de ponerse al mando con “Lady Bird” (2017) y “Mujercitas” (2019), la última adaptación cinematográfica de la conocida novela de Louisa May Alcott. Como decía, ha sido tal el revuelo que ha causado, que he preferido esperarme un poco a que su fiebre pasara para verla con algo de distancia y con menos sensación de agotamiento. Sea como fuere, al final me he decidido y aquí os traigo una breve crítica de lo que me ha parecido.
Hay que decir que su inicio, con ese cariñoso y divertido homenaje a Kubrick y su “2001: Una odisea del espacio” (1968), es muy prometedor; y, aunque al principio parece que nos hemos confundido de película, pronto entraremos de lleno en Barbieland, el universo maravilloso e idílico donde se desarrollará la mayor parte de la trama. Barbieland es el mundo de la famosa muñeca creada por Mattel, donde todo es de colores pastel, con un claro predominio del rosa, y donde vemos cómo las distintas Barbies son las que llevan la voz cantante y ocupan todos los puestos relevantes. Por su parte, los Kens son meros sujetos supeditados a las Barbies que se dedican sólo a cortejarlas y que están constantemente llamando su atención. Nuestra protagonista será la Barbie Estereotípica, interpretada por una maravillosa Margot Robbie a la que le va como anillo al dedo el papel; y, encarnando al Ken que anda detrás de ella, sin recibir el más mínimo interés, tenemos a nuestro querido Ryan Gosling, que también lo borda.
Sin embargo, este escenario de arcoíris y unicornios pronto se verá contaminado por otro algo más cruel: el mundo real. Después de que nuestra Barbie tenga una revelación extraña sobre la muerte durante una fiesta multitudinaria —algo que deja a todos paralizados— y se dé cuenta de que, para su sorpresa y horror, puede apoyar los talones en el suelo y tiene los pies planos —el mayor drama en este mundo hecho para llevar tacones—, debe viajar a Los Ángeles, donde le acompañará Ken, para reencontrarse con la niña que está jugando con ella, pues algo no marcha bien en su vida si la está contaminando con esos pensamientos tan raros. Allí se enfrenta a una dificultad que no se esperaba: ver cómo las jóvenes odian a las Barbies porque creen que, en vez de mejorar sus vidas —algo que en Barbieland están convencidas de que ha sucedido—, no han hecho más que empeorarlas. Por su parte, a Ken le ocurre todo lo contrario: descubre un mundo en el que todo está dirigido por hombres; algo que no duda en implantar a su vuelta a Barbieland. Cuando nuestra Barbie protagonista consigue regresar y se percata de lo que ha ocurrido y de cómo las tornas han cambiado, cae en una profunda crisis existencial que la hace plantearse seriamente cuál es su papel y para qué ha sido creada realmente.
Tengo que decir que me ha hecho mucha gracia encontrarme tantos rostros conocidos: desde Issa Rae (la creadora y protagonista de “Insecure” [2016-2021]) hasta Will Ferrell, pasando por Michael Cera, Dua Lipa o Nicola Coughlan, además de medio elenco de “Sex education” (2019-2023), con Emma Mackey (la que podría ser la hermana pequeña de la propia Margot Robbie), Connor Swindells y Ncuti Gatwa. Asimismo, me parece que el trabajo del departamento de arte ha tenido que ser de lo más espectacular, porque no sólo todo está cuidado al detalle, sino que también es una maravilla cómo han conseguido que sea como estar dentro de un universo de muñecas mezclado con una tienda de golosinas; además de que parte del decorado está hecho a base de maquetas, un ingenioso uso de la perspectiva y fondos pintados a mano, lo que se agradece enormemente en una industria que cada vez opta más por lo digital y que se aleja de este tipo de técnicas, que, sin embargo, son un símbolo evidente de calidad y de buen hacer. Aquí, sin duda, se nota que hay presupuesto y mucha pasión en el equipo, porque la ambientación es insuperable. A su vez, la banda sonora y los bailecitos que aparecen acompañan el conjunto a la perfección, destacando ese “I’m just Ken” en tono cómico, pero con un trasfondo triste (os dejo, por cierto, su jocosa y hortera actuación en los Oscars de este año).
Sin embargo, bajo esa fachada idílica y rosa, “Barbie” nos ofrece mucho más, aunque algunos quieran reducirla sólo a eso o, lo que es peor, a una lectura tan superficial como estúpida. De hecho, basta darse una vuelta por las críticas de los usuarios de FilmAffinity para percatarse de lo poco que se ha entendido su mensaje. Por un lado, abundan los hombres encolerizados porque se les trate como idiotas y, por otro, tenemos también a las mujeres fascinadas que enarbolan esta cinta como el paradigma del feminismo y de la lucha contra el patriarcado. Y, qué queréis que os diga: ni una cosa ni la otra. Supongo que su directora se estará riendo ante la estulticia del público, porque lo cierto es que son muy pocos los que han comprendido de qué iba realmente la película. Sinceramente, lejos de ver un panfleto modernillo, yo no puedo dejar de detectar una mirada satírica y ácida hacia las diferencias entre hombres y mujeres. Asimismo, hay una crítica evidente a esa idea de que la mujer puede con todo y a esa supuesta felicidad que debería otorgarle ocupar todas esas esferas que habitualmente habían sido destinadas a los varones. A su vez, creo que también afronta muy bien las inseguridades que tienen las mujeres, especialmente enfocadas en ese no llegar o en ese haber llegado demasiado, así como la cuestión de la culpa, que las atraviesa siempre hagan lo que hagan.
De algún modo, la lucha de sexos que aparece en “Barbie” es en tono satírico y con un humor que, aunque a algunos les pueda parecer estúpido, a mí me resulta muy acertado. Es verdad que aparecen hombres de lo más pánfilos (sobre todo, los integrantes del equipo directivo de Mattel), pero es que claramente se está queriendo ridiculizar a las ‘nuevas masculinidades’ y a ese aparentar que las mujeres tienen poder simplemente para quedar bien y vender más. De hecho, es evidente que el mensaje final de la película es que no conseguimos nada con el enfrentamiento entre los sexos y que, al margen de las diferencias que tenemos, ni unos ni otros somos ángeles o demonios. Al final, en Barbieland se ha dado la vuelta a la tortilla a lo que históricamente se ha establecido de manera generalizada, planteando en este caso un mundo liderado por mujeres y donde los hombres están de adorno; pero justamente lo que se nos quiere decir con eso es que tampoco ése puede ser el camino ni la solución, pues las mujeres no son seres de luz ni se comportan de mejor manera que los hombres cuando se hacen con todo el poder. En resumidas cuentas, que ni una cosa ni la otra funciona…, aunque los más cortitos sean incapaces de sacar esa conclusión viendo la cinta y crean que les están haciendo de menos (los hombres) o empoderándolas de más (las mujeres).
La película es muy paródica y exagerada, y se ríe tanto de la masculinidad como de la feminidad estereotípica. Por eso me resulta tan surrealista encontrar a tantos hombres ofendidos por el retrato que se hace de ellos, cuando tampoco es que a las mujeres se las ponga de santas ni de víctimas en ningún momento. Al final, es bastante gracioso detectar cómo utilizan las armas que unos y otros tienen para hacerse con el control de la situación: sin duda se juega con la faceta manipuladora de la mujer y con el hacerse la tonta o potenciar sus encantos para conseguir lo que quiere, pero también se ríe con sorna del afán de los hombres por explicar cosas y por sentirse escuchados y útiles. Quien se sienta humillado por estos clichés, en vez de tomárselo con socarronería y asumir que, efectivamente, hay ciertas cosas que unos y otros en ocasiones hacemos para llamar la atención del sexo contrario, demuestra con ello muy pocas luces y aún menos sentido del humor. ¡No os toméis todo tan a la tremenda ni con tanta seriedad, por Dios, que os convertís en unos amargados!
En resumidas cuentas, estamos ante una película que no es ningún cascarón vacío, pese a todo su envoltorio recargado y llamativo, y que, si bien utiliza el sarcasmo para señalar los roles y los tópicos vinculados a cada sexo, lo hace sin dejar nunca de ser ligera y entretenida (puede, eso sí, que los niños esperen otra cosa y queden algo decepcionados tras su visionado). A su vez, tiene referencias cinematográficas muy evidentes y divertidas, como la que ya hemos señalado del inicio, pero también, por ejemplo, la de “Matrix” (1999), con esa elección entre el tacón (volver a la vida normal y olvidar lo que le ha pasado) y las Birkenstock (conocer la verdad del universo), y otras que, sin ser explícitas ni directas, resuenan de fondo, como la de “Toy Story” (1995). Como detalle, por cierto, me reí mucho con la recreación de un anuncio de una Barbie Depresión que está obsesionada con la adaptación de 1995 de “Orgullo y prejuicio” (1813). Pero éstas son anecdóticas en comparación con las muchas que la propia Greta Gerwig comparte en los comentarios a la película, donde somos partícipes de la gran cantidad de guiños e inspiraciones audiovisuales que aparecen, y que sirve también para hacernos más conscientes todavía del enorme trabajo que hay detrás de un proyecto como éste y de cómo todo lo que sale en pantalla está medido al milímetro.
Por ir cerrando esta crítica, que me está quedando un pelín más larga que las dos últimas, otra de las cosas más interesantes que explora esta cinta es la importancia del dolor, y cómo éste, desconocido en Barbieland, es lo que rige el mundo real (que, por cierto, no es, ni mucho menos, como nuestra protagonista se había imaginado; algo que nos suele suceder siempre con casi cualquier cosa en la que proyectamos nuestras expectativas). En este sentido, es muy significativo ver cómo nuestra Barbie se enfrenta a él poco después de poner un pie en Los Ángeles y cómo, aunque no entiende a veces de dónde viene, la hace sentirse bien porque dota de verdad a su vida. De hecho, al final, la decisión que ella toma, coronada por la preciosa canción de Billie Eilish para la película, “What was I made for?”, va un poco por ahí: ¿prefieres un mundo en el que todo sea de color de rosa y de cartón piedra o prefieres arriesgarte a sufrir y, precisamente por eso, también llegar a querer y descubrir lo que verdaderamente merece la pena? Barbie lo tiene claro.
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