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EtiquetaAntropología

Agnes Grey (1847)

Tal y como se dejó apuntado en el último artículo del curso pasado, empezamos este nuevo septiembre con el primer libro que publicó Anne, la pequeña de las hermanas Brontë, bajo el nombre de “Agnes Grey” (1847). Estamos ante una historia contada principalmente en primera persona —aunque haya momentos en los que se pase a la segunda o a la tercera, lo que funciona como un recurso muy interesante que ya comentaremos más adelante— de la mano de la propia protagonista, Agnes Grey. En este sentido, pero no sólo en éste, coincide con “Jane Eyre” (1847), el exitoso libro de su hermana Charlotte. De este modo, las referencias al lector serán recurrentes, y no únicamente para advertirle de algo, sino también para disculpar ciertos comportamientos o pensamientos a destiempo o inapropiados. Tiene una narración sencilla, pero no carente de complejas reflexiones, especialmente sobre el carácter humano, con sus múltiples buenos y malos ejemplos; la religión, con la consiguiente meditación que emana de aquello que se espera de nosotros; y la familia, los vínculos y el sentirse en comunión con alguien. Empecemos ya a adentrarnos más profundamente en él.

Mass Effect (2007-2012)

Apurando hasta el final, por fin llegamos a este artículo. Lo primero que debemos comentar es por qué se ha retrasado tanto y, lo más molesto de todo, las razones que hay detrás de que no sea lo que teníamos previsto. Antes de empezar, os avisamos de que esto no pretende ser más que una introducción corta a la coyuntura que ha condicionado el trabajo que irá adjunto, el cual será muchísimo más largo. La razón de esto es que todo lo que se podía decir, sin entrar a destripar la historia, ya lo hemos dicho, y todo lo que se puede decir más allá, aun siendo un resumen muy sucinto, rompe el límite máximo asumible para cualquier entrada de una página web (por mucho que la nuestra asuma una extensión media suicida). Hechas estas puntualizaciones, comencemos.

Cumbres Borrascosas (1847) y sus tantas adaptaciones

Hoy, siguiendo con nuestro ciclo de las Brontë, vamos a hablar de la única novela que publicó Emily, y que, probablemente, sea la más conocida de todas las que escribieron las hermanas —aunque no tengo tan claro que la más leída—: “Cumbres Borrascosas” (1847). Tras recorrer sus páginas, no sorprende que, en su época, se la concibiera como muy oscura y repleta de personajes siniestros y excéntricos. De cualquier modo, aunque no se puede negar la veracidad de esto, vamos a intentar explicar aquí, en la medida de nuestras humildes posibilidades, el sentido de una narración tan poco afable. En “Cumbres Borrascosas”, muy a diferencia de lo que ocurría en “Jane Eyre” (1847), no hay una historia contada por su protagonista —una heroína que, a pesar de salirse del canon, lo es en buena medida—, sino que estamos ante una narración coral, cuyos personajes son siempre los mismos —si bien algunos destacan por encima de otros—, aunque en distintos momentos de sus vidas, y que carece de un cambio de escenario a lo largo de la trama —dividiéndose, únicamente, entre dos casas—. Inmiscuirse en ella entraña cierta complejidad y requiere de un cierto esfuerzo inicial por parte del lector, que, por suerte, tardará poco tiempo en ser recompensado por la original mano de su autora. Como ya hicimos en su momento con la famosa novela de Charlotte, aquí también atenderemos a algunas de las múltiples adaptaciones cinematográficas que se han hecho de ella, que, como era de esperar, no son pocas. Sin más dilación, y dado que no va a ser tarea fácil, empecemos ya a entrar en materia.

Sobre el fracaso

Hoy deberíamos estar hablando de la historia de “Mass Effect” (2007-2012) a través de un trabajo pormenorizado sobre la misma. Sin embargo, no ha podido ser, por una serie de pequeñas cosas que han ido entre regular y mal, y que, sumadas todas ellas, nos han llevado a tener que reconocer que era imposible cumplir con nuestro compromiso con la calidad y poder llevar a término el artículo que teníamos previsto hacer, que quedará finalmente postergado hasta junio. Lo que hoy toca, más allá de entonar el «mea culpa», es un intento de compensar este error con una sucinta reflexión que deseamos que, de alguna manera, sirva para llenar el pozo que hoy se abría. Vamos a hacer de la necesidad virtud y a dar un par de ideas sobre un riesgo que persigue a todo hombre desde su nacimiento hasta su muerte: el hecho de que puede fracasar. Mejor dicho: que lo más probable, para cualquiera que intente algo, es que termine fracasando. Y ya que hemos sufrido un ligero fracaso, por lo menos aprovechémoslo para reflexionar y sacar algo en claro. Comencemos.

Jane Eyre (1847) y sus tantas adaptaciones

Seguimos con el ciclo iniciado de las Brontë, atendiendo a la principal obra de Charlotte, la mayor de las tres hermanas. “Jane Eyre” (1847) es un libro en el que la protagonista nos va narrando su propia vida, desde su infancia hasta, aproximadamente, los 20 años. Esto contiene ciertas peculiaridades, entre las que cabe destacar la alusión al lector que se hace en bastantes ocasiones, capaz de funcionar como guiño y, al tiempo, como una manera de mantener distancia entre la ficción y la realidad. “Jane Eyre” presenta unos personajes tan bien delimitados —con sus luces y sus sombras— como maravillosamente descritos. Además, cuenta con unos diálogos imponentes y de gran contenido filosófico. Sin embargo, lo que más destaca es, sobre todo, la figura protagonista: la propia Jane Eyre. De alguna manera, y por mucho que asistamos a su paso entre la niñez y la vida adulta, si por algo destaca en todo momento es por una madurez digna de mención y por una forma de ser tan peculiar como atrayente. Lo curioso también de este personaje es que, en vez de verle evolucionar a lo largo de la trama, no cambia en exceso, sino que va modulando lo que lleva ahí desde el principio: una compasión sobrenatural, una generosidad ilimitada y, a la vez, una fuerza de ánimo y una sobriedad ejemplares. Conviene señalar ya aquí que, para enriquecer el contenido del libro, de por sí sumamente valioso, vamos también a hablar de las adaptaciones cinematográficas más relevantes que se han hecho de él. En cuanto a películas, consideraremos las de 1934, 1943, 1970, 1996, 1997 y 2011; y, en cuanto a series, las de 1971, 1983 y 2006. De esta forma, intentaremos que nos quede un amplio espectro de esta historia tan sumamente rica en matices, que, aun hoy en día, da tanto que pensar. Sin más dilación, empecemos con ello.

La familia Brontë (1777-1861)

Resulta complicado, por no decir ridículo o pretencioso, resumir la vida de una familia, tan peculiar como la de los Brontë, en un espacio acotado como del que dispongo aquí. Y, por eso, no pretendo ni hacer el intento. Baste este pequeño artículo como mera muestra de aquello que rodeó a Charlotte, Emily y Anne, para tratar de entender mejor el universo de sus libros; pero sin poder llegar a ser mucho más que eso. De hecho, acercarse a la familia Brontë no resulta tarea fácil o, muy al contrario, puede quizá que sea de lo más sencillo; y es que, si bien hay mucho escrito y han corrido no pocos ríos de tinta por unas y otras cuestiones, esto hace el camino algo arduo, aunque, en igual medida, también emocionante. Una vez uno entra a investigar, cuesta frenar el ansia de seguir leyendo aquí y allá. Sin embargo, las circunstancias externas —y, en esta ocasión, quizá en particular, también las internas— han dificultado que este acercamiento haya sido tan exhaustivo como le habría gustado a quien escribe estas líneas. Sea como fuere, uno debe asumir con cierto estoicismo, y sin tratar de que le afecte en exceso, que suele haber un gran abismo entre lo que uno imagina y lo que luego acaba siendo. Tras esta digresión, he de señalar que los libros que me han servido para acercarme a una vida tan apasionante como la que hoy nos ocupa han sido: “Vida de Charlotte Brontë” (1857), de Elizabeth Gaskell; “El gabinete de las hermanas Brontë: Nueve objetos que marcaron sus vidas” (2015), de Deborah Lutz; e “Infernales: La hermandad Brontë” (2018), de Laura Ramos. Así que, en la medida de mis posibilidades, me dispongo a acercar someramente la vida de la familia Brontë a aquellos que no la conozcan, así como facilitar que vuelvan sobre ella quienes ya estén al tanto de algunas de sus curiosidades.

Historia de un matrimonio (2019)

Abro este nuevo año con una crítica de una película que tenía pendiente desde que salió, pero a la que hasta hace pocos días no había encontrado el momento —o, quizá, más bien, las ganas— de hincarle el diente. Me refiero a “Historia de un matrimonio” (2019), dirigida y escrita por Noah Baumbach (director y guionista también de, entre otras, “Kicking and Screaming” [1995], “Frances Ha” [2012] o “The Meyerowitz Stories” [2017]; las únicas películas suyas, además de la que trataré hoy, que, por ahora, he visto), y protagonizada por Scarlett Johansson y Adam Driver. Obtuvo muchas nominaciones en la edición de los Oscars de 2020 —incluyendo Mejor Película—; pero, sinceramente, yo no acabo de ver qué es lo que la hizo tener tanto bombo, salvo el buen tándem que forman sus actores principales. De cualquier modo, comencemos ya, a ver si se puede rescatar algo.