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COVID-19. Segunda parte: consecuencias personales y sociales de la pandemia

En esta segunda parte de lo que pretende ser una mera aproximación a las consecuencias de la pandemia originada por el coronavirus ahondaremos en las cuestiones ligadas al ámbito personal y social. Sin embargo, no va a ser esta una recopilación de datos de lo ya dicho en infinidad de artículos de muy diferentes maneras, sino más bien una reflexión propia de aquello que he podido apreciar en esta coyuntura, tanto a nivel individual como observando a mi alrededor. Por eso, no busco ni sentar cátedra ni hacer un análisis pormenorizado o estadístico. Lejos de ello, mi intención será la de intentar dar forma a las sensaciones por las que uno ha podido pasar durante este confinamiento, tratando de enfocarlas desde un contexto más amplio, que se extiende más allá de esta circunstancia concreta y que nos permitirá entender mejor —en la medida de lo posible— la forma característica que tenemos de funcionar. Comencemos.

COVID-19. Primera parte: cuatro ideas sobre el coronavirus chino y la imbecilidad humana

Deseamos que estéis aprovechando estos momentos del año —esta vez, sin primavera— para disfrutar del confinamiento con moderación; así como empleando bien el tiempo a través del deleite intelectual que pueden dar la lectura, el cine, la música y demás artes solitarias. Y que, a su vez, estéis cumpliendo con vuestros deberes, asuntos o importancias del día a día con madurez —sobre todo si implican salir de casa—. Mientras tantos otros pensadores llevan desde el principio de esta coyuntura pandémica dando batalla desde variopintos lugares —teóricos e ideológicos— e intereses —dignos e indignos—, nosotros hemos querido esperar para tomar mayor perspectiva y dejar que las ideas fermentaran. Pero ya ha llegado el momento de decir un par de cosas, sobre todo acerca de lo que ha causado esa entidad microscópica, a medio camino entre lo vivo y lo inerte, llamada SARS-CoV-2: el famoso virus chino con pinta —echándole mucha imaginación— de corona. Eso sí, los que quieran respuestas simples, ya adelantamos que no las hay y que van a quedar muy desilusionados; salvo que acepten aquella generalidad simplísima de que esto se debe a una mezcla explosiva de imbecilidad y egoísmo —como siempre—, pero no atesorada únicamente por una camarilla de líderes zopencos, sino por un conjunto lo suficientemente amplio de la sociedad, compuesta por millones de hombres, donde posiblemente esté incluido usted, querido lector (esperamos que, en caso afirmativo, tenga a bien reconocer su parte de responsabilidad y no prosiga en el resentimiento). Esta es la primera parte de este tema, la cual se centrará en la cuestión política y técnica. Empecemos.

La señora Dalloway (1925)

Por mucho que me duela admitirlo, me decidí a empezar este libro porque aún no me había puesto a leer ninguno de la tan conocida autora inglesa Virginia Woolf. Lo cierto es que tenía especiales ganas y bastantes expectativas con “La señora Dalloway” (1925), que es el libro al que voy a dedicar mi análisis de hoy. Sin embargo, he de reconocer que no me ha resultado una lectura fácil y accesible, sino, en parte, tediosa y fragmentada. Por mucho que sea la historia de un día en la vida de Clarissa Dalloway, señora de la alta sociedad londinense de principios del siglo XX, y que, por tanto, pudiera parecer que todo va a suceder con cierta fluidez y ritmo, aquí se concatenan los pensamientos de dicho personaje y de algunos otros que se van sucediendo en la trama, lo que provoca que cueste encajar al principio lo que se nos cuenta en un todo con sentido. Por ello, puede que hablar de “trama” sea algo pretencioso, dado que este libro carece en buena parte de la misma, resultando más bien un compendio de pensamientos, en muchas ocasiones excesivamente interesantes, pero en otras algo deshilachados, de la vida de estos individuos. Eso sí, he de reconocer que, si uno afronta de buena gana el hecho de que el libro no esté separado por capítulos o partes —lo cual admito que es una gran molestia para mí—, puede llegar a disfrutar de ciertas ideas que va soltando la autora, y encontrar en todas ellas un cierto núcleo común, que creo que es el que hace aguantar al libro e impide que caiga en un mero flujo de pensamientos con más o menos interés para el lector. Por eso, frente a un desazón inicial, al final me he alegrado de leerlo. Creo que plantea cuestiones valiosas, si bien dista mucho de ser, a mi parecer, la mejor manera de tratarlas.

Threads (1984)

Hoy toca analizar una película interesante y representativa de la década de los ochenta; lo que, como podréis sospechar, es una labor complicada, ya que en los 80 aún se hacía muy buen cine en general y, en especial, muy buenas cintas de ciencia ficción. Para acotar esta locura y poder tomar una muestra cinematográfica lo suficientemente pequeña como para poder visualizarlas en poco menos de un mes, nos quitamos clasicazos indiscutibles, tipo “Blade Runner” (1982) o “Aliens: El regreso” (1986), y también taquillazos al estilo “La guerra de las galaxias” o “Regreso al futuro” (1985), que ya analizaremos con detenimiento en otra ocasión. Con este criterio, y buscado películas con las mejores críticas o las sinopsis más interesantes, nos quedamos con 16: desde algunas de animación japonesa, tipo “Akira” (1988) o “El huevo del ángel” (1985); pasando por cositas soviéticas al estilo “Kin-Dza-Dza” (1986) o “Corazón de perro” (1988); ‘francesadas’ como “La muerte en directo” (1980); e, incluso, algún cortometraje como “Balance” (1989). Después de este empacho cinéfilo, que ha dolido, pero que, a su vez, no ha podido merecer más la pena, destacamos tres finalistas muy distintas entre sí: “Threads” (1984), “Hombre mirando al sudeste” (1986) y “Depredador” (1987).

La peor parte: Memorias de amor (2019)

Este va a ser el primero de una serie de análisis que versarán sobre dos de las cuestiones que considero más fundamentales: el amor y la muerte. En este caso, ahondaremos en el último libro escrito por Fernando Savater, dedicado a su mujer Sara Torres, que falleció en el año 2015, con 59 años, a causa de un tumor cerebral. El título, “La peor parte: Memorias de amor”, ya nos da una idea de hacia dónde irá dirigido el texto; pero creo que encierra mucho más de lo que podríamos pensar a simple vista. Puede que el hecho de que Fernando Savater sea filósofo tiene parte de culpa de esto; pero, más que todo eso, la ternura con la que escribe sobre su gran amor es la que dota a este libro de una densidad característica y muy meritoria.

Plenilunio (1997) 

“Plenilunio”, obra escrita en 1997 por Antonio Muñoz Molina, es una novela que dentro de unas coordenadas que se han repetido hasta la saciedad, como pueden ser los asesinatos y las relaciones personales, va más allá, aportando un grado de reflexión del que carecen otras obras que, en apariencia, podrían tratar sobre los mismos temas. Es por eso que, a mi parecer, merece reparar con suma precisión en muchos de sus diálogos, que no sólo aportan profundidad a la narración, sino que le hacen a uno partícipe de dichas reflexiones y pretende que hagan eco en su propia vida.