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Repaso del curso 2019-2020 y… ¡nos vamos de vacaciones!

Llegamos al final del segundo curso trabajando en Zoonpolitikon.blog en unas condiciones que nunca hubiéramos firmado a principios de año. Con todo, hemos conseguido escribir 30 artículos y superar la cifra de 1800 visitas, lo cual es un 5% más que el primer año. «La vida es dura, pero más dura es la verdura», pensaréis; y, en parte, tenéis razón. Si miramos el número de visitantes, nos encontramos más de 250; lo que implica —si la dislexia nos lo permite— un aumento del 150% respecto al año pasado. Por artículo, al final del día, nos quedamos aproximadamente con 30 visitas y 8 visitantes. También nos ha hecho mucha ilusión tener nuestros primeros comentarios. Hablando ya de artículos particulares, el ganador absoluto ha sido nuestro famoso artículo sobre el “Seminario Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo (Conferencia 2019)”, que él solito aglomera 72 visitas; provocando, a su vez, el mejor día y mes del año, y atrayendo interés hasta el día de hoy. Siguen muy por detrás, pero no por ello con menos relevancia, “Love (2016-2018), con 37, y “COVID-19. Primera parte: cuatro ideas sobre el coronavirus chino y la imbecilidad humana, con 24. Tenemos los datos; ahora, interpretémoslos.

De todos estos datos se pueden extraer varias conclusiones que vienen a confirmar las intuiciones que cualquiera podría tener respecto al mundillo internáutico. La primera es que hablar de algo actual atrae público en internet; además, si no sólo hablas, sino que también lo criticas con dureza, verás cómo el éxito de tu publicación aumenta. A su vez, podemos deducir de aquí que es cierto aquello de que la gente se busca mucho a sí misma. Otra cosa que queda clara es que emplear ciertos términos, como «Love», atrae visitas. Sea como fuere, dado que nosotros buscamos la calidad en vez de la cantidad, estas cifras, que a cualquiera que pretenda pastorear grandes grupos de usuarios le resultarán insignificantes, a nosotros nos llenan de orgullo e, incluso, a ratos nos dan cierto vértigo. Aun considerando que la mitad hayan sido rebotes, pensar que de media 4 personas se dan 15 vueltas a nuestros artículos es todo un honor; y, por eso, aprovechamos este artículo para daros las gracias por vuestro tiempo.

También es cierto que, si pretendemos evitar que llegue un momento donde la vida nos obligue a dedicar nuestro tiempo a algo económicamente más rentable, necesitamos multiplicar las visitas por una cifra cercana a 1000 en un plazo razonable de 3, 4 o 5 años. Esto asusta…, sobre todo si se quiere que este tráfico sea de calidad; por lo tanto, ya hemos empezado a tomar ciertas medidas para que el año siguiente tengamos más lectores. Habréis comprobado que la web está más pulida y que nuestro movimiento en redes sociales es mayor. Este sólo es el principio: el plan del año que viene va a ser más exigente; no vamos a escribir más, pero sí mejor —e intentando mirar con atención, pero con gafas de sol, el contexto—; y vamos a seguir potenciando nuestra actividad en redes sociales —siempre con guantes y mascarilla, nunca mejor dicho—, a la vez que vamos preparando alguna que otra sorpresa para atraer de nuevo a la lectura a aquellos que, teniendo cierto pensamiento crítico, se han vuelto algo perezosos.

No nos queremos engañar… La premisa estaba clara y quedó confirmada el primer año: la realidad es que la blogosfera está muerta desde hace bastante tiempo, quedando de ella sólo un páramo lleno de cadáveres en un estado de putrefacción avanzada y algún valiente que, como nosotros, está sobreviviendo con lo justo. Primero fueron YouTube y Twitter con el triunfo del mensaje corto, sencillo y audiovisual; ahora son Twitch, el renacimiento de los podcasts —esta vez improvisados—, Instagram, etcétera. La gente quiere un mensaje simple, asumible bajo el mínimo esfuerzo; pero, a la vez, continuo y omniabarcante. La masa quiere consumir distracciones fáciles de asimilar y no tener tiempo para pensar. En este sentido, el coronavirus ha sido un empujón a todo esto, porque pararse a meditar en estos días muchas veces implicaba vértigo, vacío, sufrimiento…, y estos son sentimientos muy poco placenteros para un mundo tan pragmatista. Con todo, hay una escala de grises, oscura en su mayor parte, pero también con una minoría más clara y brillante. Existen voces disidentes, críticas, que no le tienen miedo a las ideas políticamente incorrectas, que intentan pensar más allá de los límites; es cierto que muchas están en el medio audiovisual, pero también hay algo en el ámbito escrito; quizá, incluso, exista un ligero rebrote… Hablamos, pensamos y escribimos en el segundo idioma más hablado de este nuestro planeta Tierra; así que tenemos una base de lectores muy grande entre los que somos herederos de lo que fue el Imperio español. Nuestro público potencial se compone de más de 500 millones de compañeros hispanos, así como de todos los que gusten de la lengua de Cervantes y/o de sus ideales e ideas. Y, realmente, sólo aspiramos a llegar a una mínima parte de ellos. Es difícil, muy difícil, pero infinitamente lejos de ser imposible. No pocas empresas arriesgadas en la historia —pasada y reciente— tuvieron que conllevar periodos muy largos vagando por el desierto antes de conseguir algo. Esta es una carrera de fondo que alguien debe asumir, y nosotros estamos convencidos de mantener y renovar, día tras día, la voluntad de proseguir en nuestro esfuerzo.

Nuestra coyuntura vital nos ubicó en España —uno de los mejores países donde nacer—, nos ha dado una lengua con una capacidad universal ilimitada, y también nos ha brindado la posibilidad de disponer de un tiempo razonable en los próximos años. Esto es mucho más de lo que tuvieron otros que nos precedieron, y mucho más de lo que tiene la media mundial; por lo tanto, vamos a luchar con todas nuestras fuerzas por no perder esta gran oportunidad. Y, eso sí, después de 10 meses de trabajo, es necesario descansar, sobre todo para que esas buenas ideas que no se nos han ocurrido todavía —las mejores— se nos ocurran. Este es otro de los dogmas que nunca romperemos, dado que el trabajo intelectual necesita tanto de momentos de esfuerzo continuo focalizado como de genuino descanso y ocio. Ya lo comentamos con más detalle en este viejo artículo: “En defensa del tiempo libre y las vacaciones. Por el derecho a la pereza. Primera aproximación”. Como hablar de lo propio por demasiado tiempo siempre termina rozando lo descortés, acabamos este segundo curso aquí. Y no nos queda más que decir, salvo desearos un perezoso y luminoso verano.

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