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EtiquetaVideojuegos

El videojuego del 2000 y la película del 2003 de “Rescate en el tiempo” (1999)

Hoy, inspirados por las aventuras de Alicia, hemos reparado en que dichas novelas tienen dos adaptaciones videojueguiles, que un servidor pudo disfrutar antaño y de las cuales guarda un recuerdo extraño. Estas adaptaciones son creación de un director llamado American McGee. Tras un repaso rápido de su trayectoria, nos hemos dado cuenta de que este hombre ha estado en el ojo del huracán de la edad dorada de los videojuegos. Vemos su nombre en los créditos de obras de suma relevancia: desde “Wolfenstein 3D” (1994) hasta “Doom II” (1994), pasando por el digno “Quake” (1996); comprobando después que, desde el 2000, se ha movido entre la dirección y la producción de muchísimos videojuegos, además de las mencionadas versiones lógicas de “Alicia”, y siempre con un especial interés en el apartado estético. Un acercamiento pormenorizado al trabajo del señor McGee nos llevaría mucho tiempo, del cual ahora no disponemos, pero una primera aproximación crítica, sobrevolando sus trabajos disponibles de manera informal, es perfectamente asumible. En este sentido, hemos decidido saltar a la primera obra donde tiene un cargo de responsabilidad como codiseñador y coescritor: un videojuego llamado “Timeline”, lanzado en el año 2000, del cual apenas hay referencias en la prensa anglosajona y sobre el que, sencillamente, no existe nada en la española. Su premisa es adaptar una novela menor de ciencia ficción, titulada “Rescate en el tiempo”, publicada un año antes de la mano del prolífico y comercial Michael Crichton —que es también el director del juego—. Si os suenan las campanas es gracias a la exitosa adaptación cinematográfica de su novela “Parque Jurásico”, de 1993, de la cual también es guionista, y, quizá, aunque en menor medida, debido a la irregular “Esfera” (1998). Lo más curioso de todo es que también existe una película de 2003 que adapta la novela de Crichton, y que cuenta con el sello del director de “Arma letal” (1987), “Los Goonies” (1985) y “Superman” (1978); lo que nos ha puesto en bandeja de plata afrontar una crítica dual, que no es tripartita porque un servidor no está dispuesto a leer una novela menor de 598 páginas, escrita por un autor de tercera, y fechada en 1999, sin que antes concurran las suficientes recomendaciones entusiastas —como mínimo, tres—. No nos entretengamos más con presentaciones y entremos ya en materia.

Mass Effect (2007-2012)

Apurando hasta el final, por fin llegamos a este artículo. Lo primero que debemos comentar es por qué se ha retrasado tanto y, lo más molesto de todo, las razones que hay detrás de que no sea lo que teníamos previsto. Antes de empezar, os avisamos de que esto no pretende ser más que una introducción corta a la coyuntura que ha condicionado el trabajo que irá adjunto, el cual será muchísimo más largo. La razón de esto es que todo lo que se podía decir, sin entrar a destripar la historia, ya lo hemos dicho, y todo lo que se puede decir más allá, aun siendo un resumen muy sucinto, rompe el límite máximo asumible para cualquier entrada de una página web (por mucho que la nuestra asuma una extensión media suicida). Hechas estas puntualizaciones, comencemos.

Mass Effect 3 (2012)

Llegamos a la tercera, última y mejor parte de esta trilogía con la certeza de que, si habéis atendido a nuestra persuasión, y habéis jugado a los anteriores, a partir de este punto no necesitaréis demasiadas motivaciones externas para terminar. Con todo, hay un par de cuestiones generales que habría que apuntar para todos aquellos que, por causalidad, leáis primero este escrito y queráis saber de qué va la vaina. También es preciso comentar qué ha pasado en los compases iniciales —a saber, en la primera media hora—, y hablar sobre un par de detalles técnicos respecto al estado de conservación a nivel de ejecutable. Y, sí, ciertamente nos hemos curado hasta ahora de no destripar la historia; delicadeza que mantendremos también en este artículo, pero que romperemos de cara al siguiente, donde nos centraremos en estos menesteres. Sin más dilación, comencemos.

Mass Effect 2 (2010)

Seguimos con “Mass Effect”; en este caso, con su segunda parte. Puede ser que ésta sea la crítica más complicada y necesaria de las tres que vamos a hacer —respecto a Andrómeda, sólo reconocemos la de Doré, la de Poynter y la galaxia—, dado que, sin lugar a dudas, es un título muy irregular en comparación con la frescura del primero y la catedralidad del tercero; de hecho, incluso queda a la sombra del primer “Caballeros de la Antigua República” (2003). Con todo, “Mass Effect 2” (2010) hereda brillos del primero y encierra puntos importantes e indispensables para llegar correctamente al tercero; así que, sin más rodeos, comencemos ya con la crítica.

Mass Effect (2007)

Aquí seguimos, un día más, con una pequeña crítica, dedicada esta vez a un gran videojuego. Es evidente que esta invitación al disfrute no está dirigida a los versados en la materia, dado que nos encontramos ante una obra muy conocida y representativa —tenemos cociéndose un trabajo más pormenorizado para este sector, que esperamos que vea la luz para finales del curso—. Este humilde escrito está orientado, más bien, a aquellos aficionados que pretendan trabajarse los clásicos o, incluso, a aquellos que busquen iniciarse rectamente en el octavo arte. Ahora iréis comprendiendo la necesidad de repasar “Star Wars: Caballeros de la Antigua República” (2003), pues encontramos en esta obra, de Casey Hudson, los primeros mimbres que servirán de base e inspiración, en lo bueno y en lo malo, para lo que luego han sido las tres partes de “Mass Effect” (2007-2012). Vamos a ir comentando muy sucintamente cada una, con sus virtudes y sus pecados, con el afán de mostrar por qué merecen la pena. Sin más dilación, comencemos por el primero, lanzado en 2007, que se convirtió en una de las mayores apuestas en Xbox 360, y que luego saldría para ordenador en 2008, elevándose como su mejor versión.

Star Wars: Caballeros de la Antigua República (2003)

Comenzamos este tercer curso con una nota de variedad: la crítica de un clásico dentro de los videojuegos. Pero, antes de meternos de lleno con esta invitación a volver o a descubrir —incluso a volver a descubrir— esta obra de referencia, vamos a darnos dos párrafos para ensayar una defensa de la importancia del octavo arte: el ‘videojueguil’ (sí, el término es muy mejorable; algunos utilizan «softófilo», aunque es preferible «ludófilo»). En cualquier caso, y previamente, deberíamos volver a recordar la cuestión de qué es el arte en general, sin privarnos de, por lo menos, otro par de párrafos, a ver si, artículo tras artículo, vamos delimitando algo intuitivamente tan sencillo, pero intelectualmente tan polémico e inmenso. No perdamos más tiempo con presentaciones, y pensemos una vez más qué es lo diferencial y significativo de una obra artística frente a cualquier otra obra. Pero me temo que tendremos que empezar aún más lejos, con la diferencia entre una obra y el resto de las cosas. Comencemos ya, que esto se complica por momentos.