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Mesjunio 2022

Repaso del curso 2021-2022 y… ¡nos vamos de vacaciones!

Llegamos al final del cuarto curso trabajando en Zoonpolitikon.blog y tenemos que reconocer que, sin duda, ha sido la etapa más dura hasta la fecha dentro de este proyecto. Con todo, hemos conseguido escribir 32 artículos y superar la cifra de 6105 visitas, lo cual es un 32% más que el tercer año. A su vez, si miramos el número de visitantes, nos encontramos con más de 1071, lo que implica —si la dislexia nos lo permite— un aumento del 26% respecto al año pasado; así que no nos podemos quejar del crecimiento. Por artículo, al final del día, nos quedamos aproximadamente con 190 visitas y 33 visitantes; teniendo, de media, 21 visitas al día, de la mano de 3 visitantes. Desde luego que no son números comercialmente rentables, pero a nosotros nos sirven para levantarnos cada mañana. También nos ha hecho mucha ilusión tener 91 comentarios, que son un 78% más que los del curso pasado. Hablando ya de entradas particulares, el ganador ha sido nuestro artículo “Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas (Conferencia 2021)”, con 353 visitas; provocando, a su vez, el mejor día y mes históricos. Le siguen, por detrás, pero no por ello con menos importancia, “Cumbres Borrascosas (1847) y sus tantas adaptaciones”, con 265, y “Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas (1865)”, que alcanza las 241. Tenemos los datos; ahora, interpretémoslos.

Seminario Razones en Movimiento. Cine, argumentación y conocimiento (Conferencia 2022)

Hoy toca una pequeña, pequeñísima, casi ínfima crítica a un evento universitario; más precisamente, de la Universidad Complutense de Madrid. Por la misma razón que tratamos el «Cinefórum “Picture a Scientist” desde epistemologías feministas», y motivados por la buena aceptación del mismo (349 visitas y 16 comentarios), queríamos tratar algo más sobre lo que es capaz de hacer el «Proyecto de Innovación Docente: Filosofía, ciencia y cine. Perspectivas feministas», coordinado por Laura Nuño de la Rosa; proyecto Innova que dio continuación al digno «Filosofía a 24 imágenes por segundo» (https://filosofiaa24imagenesporsegundo.com/), del profesor Antonio Duarte Calvo. Pero, vista la calidad del primer cinefórum, no queríamos repetir con quien no merece la pena, así que nos esperamos a que hubiera un evento, por lo menos en apariencia, menos propagandístico y, a poder ser, con unos participantes diferentes. Pasó el tiempo y tuvimos suerte, dado que el «Congreso “Razones en movimiento” sobre cine, argumentación y conocimiento» —curiosamente anunciado por dos cuentas de Tuiter distintas: @Filosofia24FPS y @filosinnova— parecía una bocanada de aire fresco en comparación con lo que venía haciendo el mencionado «(proyecto 331): Filosofía, Ciencia y Cine: perspectivas feministas». Eso sí, como cada vez vamos siendo más ‘perros viejos’, conviene analizar el contexto, quién hay detrás, etcétera, para cribar y evitar dedicar nuestro tiempo a aquello que sencillamente no vale nada —sobre todo ante la falta de recomendaciones autorizadas—. Comencemos.

Los Watson (1871)

Continuamos hoy el ciclo de Jane Austen con el último escrito que nos queda de ella antes de inmiscuirnos de lleno en sus grandes novelas y en sus múltiples adaptaciones cinematográficas: la apasionante y ardua tarea que iniciaremos el curso que viene. Pero ahora toca hablar de “Los Watson” (1871), una pequeña obrita, de unas 60 y pico páginas, que se dice que fue escrita en torno a 1803 o 1804, pero que fue abandonada por la autora en 1805, poco después de la muerte de su padre, para jamás volverla a retomar. Si bien podríamos pensar que esto diferencia sustancialmente a “Los Watson” de “Lady Susan” (1871), pues este último escrito no sólo lo terminó, sino que también se molestó en dejar una cuidada copia en 1805 —lo que quizá podría interpretarse como una muestra de mayor estima por él frente al que ahora nos ocupa—, todo apunta a que la renuncia definitiva de “Los Watson” no tenía tanto que ver con su calidad literaria como con las similitudes que empezó a tener con su propia vida, lo que le dificultaba el volver a esta obra y concluirla definitivamente. Aun así, y pese a que la autora no parecía tener intención de que este texto saliera a la luz, terminó publicándose en 1871, cuando James Edward Austen-Leigh, uno de los sobrinos de la escritora, lo incorporó en la edición revisada y aumentada de su ya nombrada biografía, “Recuerdos de Jane Austen” (1870), que fue también la primera que se hizo sobre la autora. Y no sólo eso, sino que lo más curioso de todo es que, a mediados del siglo XIX, concretamente en 1850, su sobrina Catherine Hubback —una de las hijas de su hermano Francis—, finalizó este escrito incompleto de su tía, publicándolo bajo el nombre de “The Younger Sister”. Así que, por sorprendente que pueda parecer, la continuación de “Los Watson” fue compartida al mundo 20 años antes que el pequeño texto de Jane Austen que se suponía que estaba finalizando. Sin más dilación, asomémonos a esta obra inconclusa que, pese a ese hándicap y a su corta longitud, tiene interesantes cosas que ofrecer.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Sexta parte: Conclusión

Terminamos hoy con nuestro repaso del clásico de la ciencia ficción de la televisión estadounidense trayéndoos lo que consideramos que es su núcleo más íntimo. Este trasfondo se encuentra tras varios niveles de abstracción metafórica. En un principio, le pasa un poquito como a “Blade Runner” (1982), dado que, como ya mencionamos en nuestro artículo sobre “Viaje a la Luna” (1902), al margen del misterio sobre la metáfora que nos presentan mediante el género —la cual dejaremos para el final—, Star Trek toma muchos elementos de las series policíacas o de suspense, y es que es frecuente encontrarnos siempre un enigma por resolver. Sin embargo, detrás del nudo habitual de cada episodio, las aventuras de la tripulación del Enterprise esconden un giro más: realmente están ocultando la verdadera historia que Gene Roddenberry nos está sugiriendo y que va más allá de cuestiones superficiales fácilmente detectables, como lo son la reflexión sobre la figura del hombre de acción respecto al intelectual y la comparación entre tomar una actitud emocional o racional a la hora de afrontar las encrucijadas de la vida, algo que viene introducido a través de los tres tipos humanos distintos: el líder, el científico y el médico. Todos estos temas ya los hemos tratado a lo largo de los artículos anteriores, así que tampoco vamos a pararnos demasiado a repetir que propone una defensa de Occidente mediante un ensayo sobre su posible evolución futura, como ya vimos en el artículo que le dedicamos a la primera temporada; donde también recordamos que las cuestiones del amor, la verdad y la belleza o la compasión, el deber y el sacrificio son capitales —siendo Star Trek, en este sentido, diferente al ciberpunk, pero tampoco contraria, dado que el enfoque no es idealista, sino crítico, aunque sin llegar a caer en el pesimismo—. De cualquier modo, estos asuntos, si bien sirven al conjunto, se encuentran en la mera superficie, lo que provoca que sólo adquieran su verdadero sentido cuando comprendemos el significado de la metáfora de la ciencia ficción en este caso concreto. Pero como no estaría completo este análisis si no comentásemos, antes de adentrarnos más allá, qué es eso de “Star Trek: La serie animada” (1973-1974) y las películas que vendrán después, vamos a ponernos primero con ello. No nos enzarcemos en exceso con las presentaciones y comencemos ya.

Lady Susan (1871) y su adaptación de 2016

Volvemos hoy por aquí para hablar de “Lady Susan” (1871), obra de la que Jane Austen dejó una cuidada copia en 1805, pero sobre la que se dice que fue escrita con anterioridad —probablemente, en torno a 1794— y, desde luego, publicada mucho tiempo después —66 años más tarde de esa última versión, y de manera póstuma, ya que ella murió en 1817—. Muy a mi pesar, tengo que volver a estar de acuerdo con G. K. Chesterton en su prólogo de los escritos de juventud de la autora contenidos en el volumen II, donde no podía sino sorprenderse de que “Lady Susan” hubiese sido publicada mucho antes que “Amor y amistad”, que él creía muy superior e infinitamente más divertida. Aunque yo iba con la mejor de mis predisposiciones, no me queda más remedio que suscribir sus palabras, pues es completamente cierto que en “Lady Susan” no hay ni rastro del surrealismo de “Amor y amistad”, pero tampoco esa fina ironía y esas coyunturas que rozan lo absurdo que ya comentamos que reinaban en sus primeros textos. Aquí, sin embargo, encontramos una historia mucho más realista, donde todavía, eso sí, abundan esas observaciones implacables tan características de la escritora inglesa, pero que se nos termina haciendo algo pesada y reiterativa pese a su corta longitud —no llega a las 100 páginas—. Además, también analizaremos la única adaptación cinematográfica que hay de “Lady Susan”, que es de 2016 y que, sin saber muy bien por qué, se llama “Amor y amistad”, y no igual que el texto que adapta. Sea como fuere, metámonos más concretamente en materia a ver qué podemos rescatar de esta obrita menor.