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EtiquetaLiteratura

Expiación (2001)

Aquí estoy, otra vez, tratando de darle una nueva oportunidad a Ian McEwan, cuya primera novela que leí, “Amsterdam” (1998), y de la que ya hablé en su momento por estos lares, no me gustó nada. Tras ese intento fracasado de ver qué es aquello que tantos resaltan de este autor, lo he intentado con su novela más conocida, “Expiación” (2001), que es de la que vengo a hablar hoy. Sin embargo, y para ir ya adelantando, diré que tampoco ha conseguido cautivarme —ni mucho menos—, aunque sí ha conseguido generarme algo más de interés. Comencemos, pues.  

Los restos del día (1989)

Hoy vengo a hablaros del libro “Los restos del día” (1989), del japonés —afincado en Inglaterra y ganador del Nobel de Literatura en 2017— Kazuo Ishiguro. La realidad es que no me va a resultar nada fácil hacerlo, por ser un libro algo atípico en aquello que nos cuenta y en la manera de hacerlo, pero voy a hacer un esfuerzo por hacerme entender. “Los restos del día” nos plantea el viaje en coche de un mayordomo, mister Stevens, durante el que reflexiona sobre sus viejos tiempos en una gran casa, Darlington Hall, en la que sigue trabajando aún, aunque ahora a las órdenes de un diferente patrón. La narración combina presente y pasado, poniendo de relieve aquellos momentos más significativos de la vida de nuestro protagonista, y permitiendo de ese modo que entendamos mejor cómo es y la manera que tiene de comportarse.

La señora Dalloway (1925)

Por mucho que me duela admitirlo, me decidí a empezar este libro porque aún no me había puesto a leer ninguno de la tan conocida autora inglesa Virginia Woolf. Lo cierto es que tenía especiales ganas y bastantes expectativas con “La señora Dalloway” (1925), que es el libro al que voy a dedicar mi análisis de hoy. Sin embargo, he de reconocer que no me ha resultado una lectura fácil y accesible, sino, en parte, tediosa y fragmentada. Por mucho que sea la historia de un día en la vida de Clarissa Dalloway, señora de la alta sociedad londinense de principios del siglo XX, y que, por tanto, pudiera parecer que todo va a suceder con cierta fluidez y ritmo, aquí se concatenan los pensamientos de dicho personaje y de algunos otros que se van sucediendo en la trama, lo que provoca que cueste encajar al principio lo que se nos cuenta en un todo con sentido. Por ello, puede que hablar de “trama” sea algo pretencioso, dado que este libro carece en buena parte de la misma, resultando más bien un compendio de pensamientos, en muchas ocasiones excesivamente interesantes, pero en otras algo deshilachados, de la vida de estos individuos. Eso sí, he de reconocer que, si uno afronta de buena gana el hecho de que el libro no esté separado por capítulos o partes —lo cual admito que es una gran molestia para mí—, puede llegar a disfrutar de ciertas ideas que va soltando la autora, y encontrar en todas ellas un cierto núcleo común, que creo que es el que hace aguantar al libro e impide que caiga en un mero flujo de pensamientos con más o menos interés para el lector. Por eso, frente a un desazón inicial, al final me he alegrado de leerlo. Creo que plantea cuestiones valiosas, si bien dista mucho de ser, a mi parecer, la mejor manera de tratarlas.

Mujercitas (1868-1869) y sus tantas adaptaciones

A raíz del estreno de una nueva versión cinematográfica de “Mujercitas” (1868-1869) —como si ya no hubiera suficientes—, me percaté de que no había leído un libro que había sido tan sumamente adaptado al espacio audiovisual. Por eso, consideré oportuno, antes de ver la nueva película, y al no haber coincidido nunca con ninguna de las otras versiones —lo cual, dicho sea de paso, es sumamente raro dada la frecuencia con la que las han puesto en la televisión—, leer el libro en cuestión y ver qué podía ser aquello que provocaba que se volviera tantas veces a él. En este análisis, por tanto, pretendo ahondar, sobre todo, en el libro, pero también hacer alusión a cuatro de las veces que este clásico literario se ha llevado al cine: en 1933, en 1949, en 1994 y en 2019. A pesar de que también sé que ha sido llevado al formato de las series, dejaré este aspecto de lado para que dicho análisis no se haga excesivamente largo, repetitivo o pesado. 

Amsterdam (1998)

Si bien llevaba tiempo queriendo acercarme a una de las novelas de Ian McEwan, en buena parte, por todo el amor que le suelen profesar quienes están más puestos en la literatura actual, mi decepción no ha podido ser mayor. Puede que el libro elegido no haya sido el adecuado: basta conocer un poco a este autor para saber que el más conocido de sus textos es el de “Expiación” (2001). Yo, como peco de cierto anarquismo en esto de comenzar a leer algo de un escritor, me decidí a hacerlo con “Amsterdam” (1998); aunque, si lo hubiera sabido, habría ido a lo seguro (o, quizás, no tan seguro; eso está por ver).

La peor parte: Memorias de amor (2019)

Este va a ser el primero de una serie de análisis que versarán sobre dos de las cuestiones que considero más fundamentales: el amor y la muerte. En este caso, ahondaremos en el último libro escrito por Fernando Savater, dedicado a su mujer Sara Torres, que falleció en el año 2015, con 59 años, a causa de un tumor cerebral. El título, “La peor parte: Memorias de amor”, ya nos da una idea de hacia dónde irá dirigido el texto; pero creo que encierra mucho más de lo que podríamos pensar a simple vista. Puede que el hecho de que Fernando Savater sea filósofo tiene parte de culpa de esto; pero, más que todo eso, la ternura con la que escribe sobre su gran amor es la que dota a este libro de una densidad característica y muy meritoria.