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El apocalipsis (1967). Star Trek: La conquista del espacio. Temporada 1: capítulo 23

“La ciudad al fin de la eternidad” (1967) es el capítulo mejor considerado de la serie original por parte de la crítica profesional, de los pocos en hacerse con el Premio Hugo —en el año 1968, por la mejor presentación dramática—, y mi favorito a la altura de este artículo. Cinematográficamente es impecable, la historia no puede estar mejor hilada y los personajes están especialmente brillantes. También ayuda la presencia de Joan Collins, la cual no puede hacer mejor tándem con nuestro querido capitán Kirk. Dicho todo esto, no tiene mucho mérito incidir en la verdad sobre lo que es obvio, claro y distinto; además de que han corrido no pocos ríos de tinta sobre este capítulo de la mano de plumas mucho más autorizadas que la de un servidor. Por esta razón, he decidido inclinarme ante la evidencia, constatar un hecho y reservarme este episodio para cuando sea digno de decir algo sobre él. Por lo tanto, como bien queda patente en el título, hoy no vamos a hablar sobre el capítulo 28 por orden de emisión —esto es un poco como “Rayuela” (1963), dado que está el orden de producción, el de emisión y el cronológico interno de la historia—, sino del 23, titulado “El apocalipsis” (1967). Considero a éste como el segundo mejor de la primera temporada; además, que no goce de tanto consenso respecto a su calidad y, a la vez, que esté preñado de una de las tramas más interesantes de lo que hasta ahora he visto en “Star Trek”, le convierten, sin duda, en un episodio indicado para comentar hoy. Comencemos.

Mass Effect (2007-2012)

Apurando hasta el final, por fin llegamos a este artículo. Lo primero que debemos comentar es por qué se ha retrasado tanto y, lo más molesto de todo, las razones que hay detrás de que no sea lo que teníamos previsto. Antes de empezar, os avisamos de que esto no pretende ser más que una introducción corta a la coyuntura que ha condicionado el trabajo que irá adjunto, el cual será muchísimo más largo. La razón de esto es que todo lo que se podía decir, sin entrar a destripar la historia, ya lo hemos dicho, y todo lo que se puede decir más allá, aun siendo un resumen muy sucinto, rompe el límite máximo asumible para cualquier entrada de una página web (por mucho que la nuestra asuma una extensión media suicida). Hechas estas puntualizaciones, comencemos.