Protegido: Adolescencia (2025)
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En la crítica está el gusto.
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Comenzamos este séptimo curso —que se dice pronto— con una pequeña serie para tiempos de incertidumbre en la que pretendemos hacer una primera aproximación al fenómeno cinematográfico de los cortos. Pero, antes de empezar, ¿qué es un cortometraje? Es una obra cinematográfica cuya duración, tradicionalmente, es de menos de 30 minutos, lo que requiere de una narrativa que plantee ideas concisas, pero que también permite trabajos más experimentales o con una mayor libertad creativa por el menor coste que supone frente a creaciones de una envergadura superior. Dado que ya sabemos de lo que vamos a hablar, entremos ahora en materia.
Esta última película de la que voy a hablar para cerrar este curso no es otra que “Barbie” (2023), que ha sido imposible de obviar tras una campaña de marketing tan expansiva como la que ha tenido y que está dirigida por Greta Gerwig, que se embarca en este nuevo proyecto tras ser coguionista de unas cuantas cintas con su marido, Noah Baumbach (la más conocida, “Frances Ha” [2012]), y después de ponerse al mando con “Lady Bird” (2017) y “Mujercitas” (2019), la última adaptación cinematográfica de la conocida novela de Louisa May Alcott. Como decía, ha sido tal el revuelo que ha causado, que he preferido esperarme un poco a que su fiebre pasara para verla con algo de distancia y con menos sensación de agotamiento. Sea como fuere, al final me he decidido y aquí os traigo una breve crítica de lo que me ha parecido.
Hoy os traigo otra de las películas de las que más he oído hablar recientemente y que despertaba mi curiosidad cada vez que me cruzaba con su cartel o con algo de su argumento: “Anatomía de una caída” (2023). Con un título muy bien escogido y dirigida por Justine Triet, nos narra el periplo posterior a la muerte del padre de una familia, cuyo cuerpo sin vida aparece enfrente de su casa casi al inicio del metraje. Pero lo importante de la historia vendrá poco después, cuando se pretenda esclarecer qué es lo que ha ocurrido: ¿se trata de un suicidio?, ¿puede que estemos ante un accidente?, ¿hay terceras personas implicadas? Poco a poco, y a raíz de este trágico suceso, iremos conociendo mejor qué es lo que se cocía en esta vivienda aislada en un pueblito remoto de Francia en la que vivían un matrimonio, compuesto por Samuel y Sandra, y su hijo de 11 años, Daniel.
De entrada, tengo que empezar esta crítica con una aclaración y una disculpa. Debido a los otros menesteres que ocupan mi tiempo y que, para mi desgracia, manejan fechas estrictas que me es imposible revertir, me veo en la necesidad de aplazar los análisis que me faltan de las adaptaciones cinematográficas de “Orgullo y prejuicio” (1813) hasta que me libere y pueda dedicarles el detenimiento que requieren. Hasta entonces, y para no descuidar mi aportación a esta web, tengo intención de hacer artículos muy cortos en los próximos meses de cosas que nada tienen que ver con Jane Austen. En este caso, la elección ha sido “Vidas pasadas” (2023): una película con la que no dejaba de cruzarme y que he decidido visionar para comprobar por mis propios medios si su fama es o no merecida. Ópera prima de Celine Song, nos cuenta la historia de un amor de juventud de dos niños de 12 años en Corea del Sur que se ven forzados a separarse cuando la familia de ella —Na Young o Nora Moon, como será conocida después— decide emigrar a Canadá. Doce años después, cuando ya cada uno ha rehecho su vida —él, Hae Sung, como estudiante de ingeniería en Seúl, y ella en Nueva York ejerciendo de dramaturga—, logran contactar por internet y empiezan a retomar su relación a través de videollamadas. Aunque consiguen mantener este régimen durante algún tiempo, Nora decide que lo mejor es que dejen de hablar y que cada uno se centre en la deriva que ha elegido, dado que ninguno parece tener intención de dejar su ciudad y mudarse con el otro a ver qué pasa. Doce años más tarde, y cuando ambos parecen haber pasado página, Hae Sung, que lo acaba de dejar recientemente con su novia, viaja a Nueva York y decide reencontrarse con Nora, casada desde hace siete años con Arthur.
Hoy os traemos la tercera parte de la larga lista de las adaptaciones cinematográficas de “Orgullo y prejuicio” (1813), la segunda novela que publicó Jane Austen. Al contrario de lo que ocurrió con la anterior sección, donde coincidieron todas las versiones de la BBC juntas, haciendo un conjunto más compacto, aquí tenemos la heterogeneidad hecha artículo. De entrada, hablaremos de “Furst Impressions” (T1.E25), un episodio de la serie infantil “Wishbone” (1995-1998), donde se lleva a cabo un acercamiento particular y muy somero al libro de la autora inglesa; después ahondaremos en “El diario de Bridget Jones” (2001), la conocida película que, basándose en ciertas premisas del texto, desarrolla una historia nueva, ligera y muy agradable de ver; más tarde haremos algún apunte de “Orgullo y prejuicio: una comedia de los últimos días” (2003), la primera película de bajo presupuesto y con tintes contemporáneos de las que hemos tratado hasta la fecha; luego nos meteremos de lleno en la primera (y creo que única) adaptación al estilo de Bollywood de este libro, “Bodas y prejuicios” (2004); y, por último, remataremos con una adaptación más canónica, aunque con alguna que otra licencia, que es la que en 2005 llevó a la pantalla Joe Wright. Como veis, otra cosa no, pero variedad en este análisis hay bastante, por lo que espero que me volváis a perdonar su infinita longitud. Dejemos los preliminares ya y pongámonos a ello.
Hoy afrontamos esta segunda parte de las adaptaciones cinematográficas de “Orgullo y prejuicio” (1813) con una curiosa casualidad: las tres versiones que trataremos aquí tienen el sello de la BBC. Como ya dije en la anterior sección, la división responde a criterios meramente numéricos, por lo que ni mucho menos tendrían por qué haber encajado todas ellas en el mismo artículo; pero…, para nuestra sorpresa, así ha sido. Dada mi predilección por las adaptaciones realizadas por la televisión pública británica, recalco esta divertida coincidencia para ver si, con suerte, me perdonáis que este análisis se me haya ido un poquito de las manos (¡para variar!), quedándome algo más largo que el primero. Por no extenderme mucho más, sólo quiero destacar que hablaremos de tres miniseries: la de 1967, que busca introducir algo más de hondura al traslado cinematográfico de la novela de Jane Austen, pero sin estar aún al nivel que ésta merece; la de 1980, un muy fiel acercamiento que profundiza en diálogos importantes del libro y que incorpora la parte más reflexiva del personaje de Elizabeth Bennet; y la de 1995, una de las más conocidas y mejor valoradas, que propone un acercamiento más contemporáneo y con licencias algo fantasiosas, aunque sin perder nunca la estela de la autora inglesa. Sin más dilación, metámonos de lleno en materia.
Ante los mastodónticos artículos que surgieron con las adaptaciones cinematográficas de “Juicio y sentimiento” (1811), he decidido dividir aún más los que ahora nos ocupan, que son los concernientes a “Orgullo y prejuicio” (1813). Al ser ésta la novela más famosa y extendida de Jane Austen, y siendo consciente de que la longitud de mis escritos habituales está muy por encima de la atención que suele dedicar el común de los mortales a los mares internáuticos, creo que las seis partes que conformarán el estudio sobre las versiones audiovisuales de su segundo libro harán más digerible y accesible su lectura. Sé bien que no son muchos los forofos de este tipo de ciclos tan largos, pero espero que a algún seguidor de la agudeza de la escritora de Steventon le sirvan para algo, encuentre en ellos alguna información relevante o le ayuden a ahorrar tiempo a la hora de decidirse entre los múltiples traslados de su obra a la pequeña y a la gran pantalla. Además, creo que esta vez voy a incorporar una cortísima conclusión al término de cada parte, de manera que pueda seguirse el hilo del conjunto de una forma más ordenada, al tiempo que abro la posibilidad de que algún perezoso o rezagado pueda tener una idea general del asunto en un vistazo rápido. Con la intención de que este breve comentario sirva de introducción general a esta serie de artículos, divididos exclusivamente por la mera duración de los distintos metrajes, comentaré muy por encima lo que os vais a encontrar en esta sección inicial. De entrada, hablaremos de “Más fuerte que el orgullo”, la película que en 1940 transformó por primera vez la novela de 1813 al lenguaje propio del séptimo arte, y de dos miniseries, una italiana, “Orgoglio e pregiudizio”, de 1957, y otra neerlandesa, de 1961, que responde al nombre de “De vier dochters Bennet”. Dicho esto, pongámonos manos a la obra.