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Feminismo en el siglo XXI. Quinta parte. Un repaso a los orígenes del feminismo: Antigüedad, Edad Media y Modernidad

Volvemos con fuerzas renovadas para afrontar esta serie de artículos sobre feminismo, entrando de lleno en su historia. Pero, antes de empezar, hay que matizar tres pequeñas cuestiones. La primera es que abarcar la historia de cualquier cosa, desde la Antigüedad hasta la Modernidad, no puede sino ser un trabajo ilimitado. Después de mucho meditar, hemos decidido centrarnos en hacer un artículo de picoteo, que sirva para dar una visión general; sirviendo también como un buen mapa para futuros escritos. La razón de esto es que, aun separándolo en tres partes, no iban a dejar de ser bosquejos un poco más profundos; y, atendiendo al hecho histórico de que el feminismo no toma una forma compacta hasta el siglo XVII, hemos creído oportuno centrarnos en un único artículo muy resumido, que englobe todo momento anterior a la Revolución francesa. El segundo tema es que hay que atender a la dificultad del estudio histórico en general; pues, incluso evitando caer en el relativismo subjetivista, propio de nuestro tiempo, es preciso dar cuenta de que la base para hablar de lo acaecido en el 2300 a.C. es la interpretación racional del sentido de los restos arqueológicos, a partir del bagaje intelectual universal —lo cual implica un gran riesgo de error y un continuo depuramiento—. El último punto que conviene considerar, antes de saltar 5.000 años al pasado, es nuestra crítica radical al progresismo y al monismo. Los desarrollos históricos son extremadamente complicados y, aun abstrayéndolos para su análisis, siempre debemos considerar diferentes hilos, a través de muchos imperios y corrientes; lo que implica reconocer el hecho de que ocurren continuamente retrocesos y progresos en distintas materias en la humanidad. Y, aunque se puedan reconocer momentos de plenitud general y un cierto progreso en Occidente —sobre todo técnico—, esto siempre deberá ponderarse con los grises y oscuros inevitables en toda sociedad humana. Hechas las apreciaciones pertinentes, comencemos.

Mass Effect 2 (2010)

Seguimos con “Mass Effect”; en este caso, con su segunda parte. Puede ser que ésta sea la crítica más complicada y necesaria de las tres que vamos a hacer —respecto a Andrómeda, sólo reconocemos la de Doré, la de Poynter y la galaxia—, dado que, sin lugar a dudas, es un título muy irregular en comparación con la frescura del primero y la catedralidad del tercero; de hecho, incluso queda a la sombra del primer “Caballeros de la Antigua República” (2003). Con todo, “Mass Effect 2” (2010) hereda brillos del primero y encierra puntos importantes e indispensables para llegar correctamente al tercero; así que, sin más rodeos, comencemos ya con la crítica.

Fleabag (2016-2019)

Para cerrar bien este año tan sumamente extraño, me gustaría hablar de una de las series que más me ha sorprendido en estos últimos tiempos, y con la que me he reído, a la par que llorado (un sutil equilibrio que no siempre es fácil de conseguir, dicho sea de paso). Estoy hablando de “Fleabag” (2016-2019), un drama británico, con tintes de comedia, dirigido, escrito y protagonizado por la polifacética y maravillosa Phoebe Waller-Bridge. De ella, también me gusta “Crashing” (2016), en la que ya aparece su capacidad para estar a la altura en las facetas de directora, guionista y actriz; sin embargo, aborrezco bastante “Killing Eve” (2018-), de la que me cuesta entender su fama (es probable que simplemente responda a la tendencia tan extendida de encumbrar a alguien y luego no distinguir entre la calidad de las cosas que hace; pero ése es otro tema, que escapa a la temática de nuestro análisis de hoy, y que ya trataré en algún momento con más profundidad). Volviendo a “Fleabag”, cabe señalar que no es ésta una serie cualquiera, sino una que, aun rompiendo la cuarta pared constantemente, consigue hacerlo con suma elegancia y originalidad. Sin ser una tarea fácil, ya que, en ocasiones, este recurso puede resultar molesto, chapucero o pretencioso; en el caso de “Fleabag”, favorece que la protagonista, tan sumamente expresiva, congenie de una forma muy especial con el espectador desde el minuto uno. Quizá no sea para todos los paladares —hay quienes no conectan en absoluto con su tipo de humor y forma de hacer—, pero creo que, si uno aparca los prejuicios y se deja llevar por esta londinense de treinta y pocos, que anda sumamente estancada en errores del pasado y en pérdidas irreparables, encontrará en ella muchas de las preocupaciones que corroen a toda la especie humana y que son siempre dolorosas de digerir. Dicho esto, comencemos.

Feminismo en el siglo XXI. Cuarta parte: qué no es el feminismo

Seguimos un capítulo más con nuestro repaso general del feminismo. Hoy nos aventuraremos a tratar la cara posterior del artículo anterior. Ya tenemos claro qué es el feminismo, lo que nos permite distinguir qué no lo es. Esto implica una facilidad y, a la vez, un problema: siempre es más sencillo decir qué no es algo, incluso cuando ni siquiera se posee un conocimiento claro sobre lo que es. Pero, a la par, significa que todo lo que se puede decir sobre lo que no es algo podría tender, a la larga y en un caso óptimo, a dar una infinidad de ejemplos, menos uno. La llamada vía negativa es un recurso extremadamente poderoso a la hora de pensar, pero también supone hacer fuertes concesiones. Vamos a ver a dónde nos lleva este camino.

Un par de ideas sobre el auge de los directos en Internet

Poco a poco, el siglo XX va quedando atrás, y podemos apreciar cómo esas diversas máquinas, propias de la ciencia ficción, que entraron en nuestra vida desde finales de los 90, se han vuelto ya una parte fundamental de nuestras sociedades. Más allá de ordenadores potentes y de la generalización de Internet, uno de los puntos clave fue la irrupción de los móviles y, en especial, la del iPhone en 2007. Este nuevo dispositivo resultó ser la síntesis entre un ordenador e Internet, con la novedad de ser totalmente portátil y, lo más significativo, estar siempre encendido y en conexión con la Red —tanto telefónica como internáutica—. Ésta fue una diferencia crítica, dado que, desde entonces, cualquier móvil es capaz de mantener en línea a su usuario las 24 horas del día, y, por defecto, hacerle estar siempre disponible, siempre conectado, así como permanentemente dispuesto a responder ante otros usuarios. Y no olvidemos que esto es decir mucho; pues, en Internet, las posibilidades de comunicación son impensablemente inmensas, instantáneas y crecientemente variadas. Nos encontramos ante un entorno digital donde, estructuralmente, prima la cantidad sobre la calidad. De hecho, en el contexto capitalista, todos los usuarios están a la caza de oportunidades, acelerando aún más el sistema. «Mientras el mundo duerme, tú sueñas», rezaba un anuncio promocional de Apple, dedicado al esfuerzo de los programadores. Éste es el tema: en un mundo global, interconectado todas las horas del día, el tren está en movimiento y no espera a nadie; cualquier instante de desconexión es un momento perdido, de debilidad, donde otros que ‘no se duermen’ compiten por las oportunidades laborales. Y…, sí, vamos a contar un par de cosas sobre el tema de los directos en Internet, pero es preciso aclarar primero el contexto en el que nos movemos. En este sentido, antes de tecnología o de modas, hay que hablar de maneras de vivir o, mejor dicho, de la manera de vivir que a todos se nos vende y a la que la gran mayoría aspira. Empecemos.

Catastrophe (2015-2019)

“Catastrophe” (2015-2019) es una de las series sobre las que más ganas tenía de escribir por aquí. Y, sí, nuevamente, como os podréis imaginar, es otra de mis preferidas. Hacía tiempo que quería volver a ella, para verla de seguido, ya que, en su momento, me fui viendo cada una de las temporadas a medida que las fueron sacando; y, claro, de un año para otro, cuesta hacerse una buena visión de conjunto. En ocasiones, volver a las cosas que a uno le han hecho feliz —así como a los lugares, como ya nos avisó Sabina en “Peces de ciudad”— puede tener sus riesgos, pero también nos permite hacer un análisis más certero y menos sesgado por el momento concreto; el cual, aun siendo relevante, debe tolerar que se le deje de lado —en la medida de lo posible— para ver hasta qué punto la calidad de lo que se juzga es tal o está demasiado contaminada por nuestro estado de ánimo o circunstancia. De hecho, creo que todo aquello que consideramos que tiene valor debe ser capaz de aguantar una segunda lectura o un segundo visionado. Por eso, me alegro enormemente de que “Catastrophe” haya superado la prueba —y, además, con nota—; pues eso también quiere decir que su calidad está por encima de la media, en tanto que, para que no se nos haga pesado soportar el retorno a un contenido audiovisual o literario, una de las condiciones que más ayudan es que no le sobre ni le falte nada, o que los pequeños deslices que pueda tener sean los menos; y esto, ciertamente, no es tan común como parece. Sin más dilación, comencemos ya con el análisis.

Feminismo en el siglo XXI. Tercera parte: qué es el feminismo, qué ha sido y qué es en la actualidad

Tras dos artículos bastante densos, hoy nos proponemos hacer una pequeña recapitulación de las bases fundamentales del feminismo. En un primer momento, volveremos, una vez más, con la búsqueda de la definición de esta idea; después, haremos un resumen de su desarrollo histórico —en el cual profundizaremos en futuros artículos—; y acabaremos juzgando el estado actual de la cuestión a la luz de los fundamentos y razones dados. En cualquier caso, vamos a procurar que este escrito sea un poco más llevadero que los anteriores. De hecho, dentro de la vida propia de este proyecto intelectual, hemos de ir reconociendo que, en vez de un tratado sistemático sobre la cuestión, está tomando forma, más bien, de un curso introductorio. Uno, cuando se pone a escribir, sabe por dónde va a empezar y la estructura general que pretende seguir, pero nunca cómo terminará y el aspecto final de la criatura. Os aseguramos que ésta va a ser la única digresión de este artículo… Así que, sin más dilación, vayamos ya con ello.

Mass Effect (2007)

Aquí seguimos, un día más, con una pequeña crítica, dedicada esta vez a un gran videojuego. Es evidente que esta invitación al disfrute no está dirigida a los versados en la materia, dado que nos encontramos ante una obra muy conocida y representativa —tenemos cociéndose un trabajo más pormenorizado para este sector, que esperamos que vea la luz para finales del curso—. Este humilde escrito está orientado, más bien, a aquellos aficionados que pretendan trabajarse los clásicos o, incluso, a aquellos que busquen iniciarse rectamente en el octavo arte. Ahora iréis comprendiendo la necesidad de repasar “Star Wars: Caballeros de la Antigua República” (2003), pues encontramos en esta obra, de Casey Hudson, los primeros mimbres que servirán de base e inspiración, en lo bueno y en lo malo, para lo que luego han sido las tres partes de “Mass Effect” (2007-2012). Vamos a ir comentando muy sucintamente cada una, con sus virtudes y sus pecados, con el afán de mostrar por qué merecen la pena. Sin más dilación, comencemos por el primero, lanzado en 2007, que se convirtió en una de las mayores apuestas en Xbox 360, y que luego saldría para ordenador en 2008, elevándose como su mejor versión.