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La insondable figura de Jane Austen: una aproximación desde sus adaptaciones cinematográficas

Antes de entrar de lleno en las obras literarias de Jane Austen, nos queda el último artículo sobre el acercamiento a su figura. Esta vez, como ya adelantamos en su momento, será desde el cine. Dada la heterogeneidad de las seis películas que hoy traigo aquí, he decidido dividir este escrito en tres partes diferenciadas, de modo que el lector, mediante el título del apartado, pueda hacerse una idea de lo que encontrará en esas cintas, y así decidir acercarse o no a ellas (o leer lo aquí señalado). De cualquier modo, y para dar ya una ligera idea de lo que voy a exponer, diré que son muy pocas las adaptaciones cinematográficas que tratan propiamente sobre su vida (o, al menos, aquellas a las que he tenido acceso). Es cierto que no es fácil emprender una tarea como ésa, pues siempre será, de manera inevitable, un acercamiento sumamente parcial por lo que tiene de inabarcable. Aun con todo, tenemos retazos de lo que ella fue, así como también muestras de lo que ha supuesto su figura, sus novelas y sus personajes a lo largo de las generaciones posteriores a la suya. El orden en el que figurarán las secciones responderá al vínculo que guarden con lo que debería ser el núcleo de este texto, es decir, aparecerán de mayor a menor importancia. Sin embargo, dentro de cada apartado se colocarán las películas cronológicamente, dejando a un lado su calidad, que será estudiada individualmente en cada una de ellas. Por tanto, el asunto quedará así: películas biográficas o que aparentan serlo, donde estarán incluidas “La joven Jane Austen” (2007) y “Jane Austen recuerda” (2008); películas ambientadas en la actualidad que se inspiran en sus novelas para querer vivir en ellas o para afrontar las propias derivas vitales, entre las que encontraremos “Conociendo a Jane Austen” (2007) y “En tierra de Jane Austen” (2013); y, por último, y como un anexo, películas que comparten con la escritora meramente el nombre en sus respectivos títulos, que englobará las cintas “Jane Austen en Manhattan” (1980) y “Mafia. ¡Estafa como puedas!” (1998). Sin más dilación, y para evitar hacer esto eterno, pues ya es lo suficientemente extenso el artículo, comencemos.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Cuarta parte: La segunda temporada (1967-1968)

Seguimos con nuestra primera aproximación a lo que es, y fue, Star Trek, centrándonos hoy en la segunda temporada de la serie original. Como valoramos vuestro tiempo y, curiosamente, este tercer curso coronavírico está siendo el más pesado —algunos se preguntarán «¿de qué estás hablando?»—, vamos a intentar practicar la síntesis, para felicidad de todos. En esta línea, nos centraremos en las diferencias respecto a la primera temporada, dado que los capítulos se estructuran igual, el contexto es el mismo y los personajes repiten. Como novedad, eso sí, nos encontramos ante la definitiva ausencia de la secretaria y asistente del capitán, Rand —dejando inconcluso su arco romántico—, y la inclusión de Chekov (siendo este cambio una pista muy significativa del inminente ocaso de la serie). Pero, antes de liarnos, demos esta pequeña introducción por terminada y metámonos de lleno con este humilde análisis.

American McGee’s Grimm (2008-2009)

La noche es más oscura justo antes de amanecer (o eso dicen los incautos). Hoy seguimos con el repaso informal de la obra de American McGee, poniendo la atención esta vez en ese videojuego llamado “American McGee’s Grimm” (2008-2009), que se vende, 14 años después de su salida, en 23 episodios, a 0’99€ la unidad digital. Esta obra consiste en que nuestro personaje recorra mapas, inspirados lejanamente en los cuentos de los hermanos Grimm, mientras vamos convirtiendo el escenario, de cuento de hadas estereotipado, en uno oscuro (aunque en el que sigue funcionando, eso sí, la misma simpleza de miras que ya regía en el origen). Siguiendo esta línea, cuanto más cutre volvemos el mapa, siendo siempre la estrategia ganadora la de empezar recorriendo los bordes, mayor será el área de efecto; y, llegados a un límite marcado en una barrita, podremos ir avanzando hasta terminar el nivel. Cada uno de los 23 episodios tiene una media de entre 6 y 8 niveles, separados por una pequeña escena cinemática, donde, en perfecto inglés, con subtítulos en el mismo idioma, se intenta hacer una interpretación satírica de estos cuentos clásicos, que siempre cae del lado de lo pueril y lo predecible. La fórmula se repite inclementemente a lo largo de unas seis horas del más absoluto tedio. Y, como tengo un par de cosas más que decir para justificar el 0´5 que se ha ganado esta chapucilla, aunque no se lo merezca, vamos a dedicarle un párrafo más a este despropósito. No demos más vueltas, pues, y entremos en materia.

La insondable figura de Jane Austen: una aproximación desde sus cartas

Seguimos este ciclo de Jane Austen con un nuevo artículo que ya avisamos que sería el que vendría en segundo lugar. Tras un acercamiento a la figura de la escritora a través de sus biografías, toca ahora hacer hincapié en su correspondencia. Después del intento fallido de hacerme con un volumen de las valiosas cartas completas de Jane Austen por el precio por el que salieron a través de la editorial d’Época —en una edición muy cuidada, como todas las suyas—, y no por los 200€ que he visto que se venden ahora de segunda mano, me voy a tener que conformar con una pequeña porción de su producción epistolar. Para ello, he consultado tres libros: “Recuerdos de Jane Austen” (1870), de James-Edward Austen-Leigh, que es la primera biografía de la novelista, llevada a cabo por su sobrino, y que contiene varias de sus cartas y algunos fragmentos de otras; “Las cartas de Chawton” (2017), una selección de trece misivas, de las cuales doce se encuentran a día de hoy en la Casa Museo Jane Austen de Chawton, realizada por Kathryn Sutherland; y “Lejos de Cassandra” (2021), una recopilación, en una edición a cargo de Anabel Palacios, de parte de su correspondencia con su querida hermana Cassandra. Dicho esto, y sintiendo que la aproximación vaya a tener que ser menor de la prevista por lo anteriormente mencionado, comencemos ya a ahondar en la faceta más íntima de una autora con tantas capas y contrastes.

Un par de ideas sobre el momento después de terminar de disfrutar una obra

En el día de hoy, no puedo sino acordarme de este artículo. Igual que no puedo olvidar esa sensación agridulce que se produce cuando acabas una obra de esas que te dejan una huella difícil de borrar. Hoy vamos a dedicar un par de líneas a meditar justo sobre esa emoción, a mostraros un par de ideas sobre un sentimiento que todos los que somos devotos creyentes del quehacer humano tenemos la suerte de sufrir, de media, un par de veces al mes. Para el resto, que dedica mucho menos tiempo a disfrutar a fondo del fruto del hombre, ya sea porque participar de su creación les deja sin tiempo, o porque prefieren explayarse en saciar su ser mamífero por encima de cualquier otra cosa, será una afección de la cual recordarán quizá haber reparado alguna vez en su vida. Hablamos de aquella vez en la que, después de leer una novela, acabar una serie o, incluso, un videojuego —y no es baladí que sea más fácil de provocar con obras narrativas que necesiten de varias tardes para ser disfrutadas—, posiblemente en la niñez, tras gozar la recta final y llegar a la catarsis…, lees la última línea, el fondo se vuelve negro y, de repente, como si cayeras al vacío de un gran pozo a medianoche, te congela el corazón una sensación desagradable y nostálgica de abandono. En este punto, no hace falta encerrarse un día entero, en silencio y a oscuras, para comprender que el fondo de esta tragedia es que la historia se ha acabado; una que, para más gravedad, creemos que ha sido muy buena hasta el punto de que, en algunos momentos, la hemos vivido como propia. Y…, por lo tanto, volviendo a la primera línea de esta introducción, comprobamos, otra vez, que lo más maravilloso de esta vida siempre tiene un reverso tenebroso. «La felicidad de hoy será la tristeza de mañana», recordamos de “Tierras de penumbra” (1993); frase que transmite una de esas verdades eternas e inmutables, como también lo es la mezquina y cruel aseveración contraria —o contradictoria o… ¿subalterna?; perdonadme los aficionados a la lógica— de que, sin embargo, «la tristeza de hoy no tiene por qué ser la felicidad de mañana». Comencemos.

La insondable figura de Jane Austen: una aproximación desde sus biografías

Con este artículo pretendo iniciar un ciclo sobre una de las novelistas por excelencia: Jane Austen. De entrada, aportaré algunos datos biográficos para situarla, pero también dedicaré otro escrito a acercarme a su figura desde algunas de sus cartas. Además, como no podía ser de otra manera, iré dedicando diversos análisis, en los meses sucesivos, a sus distintas novelas, así como a sus primeros textos y a otros escritos menores, que nos permitirán tener una buena perspectiva de sus temas predilectos y de su manera de construir las historias y los personajes. Todos ellos, al mismo tiempo, irán acompañados de otros análisis que abordarán todas las adaptaciones cinematográficas sobre sus obras a las que tenga acceso, en el caso de que las haya, pero también aquellas que ahonden en su vida. Esta vez, cuando sean muchas las películas o series que adapten una misma obra, lo haré de manera separada, y no en el mismo artículo, para evitar que la cosa se haga algo mastodóntica, como ya me ocurrió, por falta de práctica y de organización, con “Jane Eyre” (1847) o con “Cumbres Borrascosas” (1847). Dicho esto, no puedo ocultar las ganas que tenía de embarcarme en este proyecto, que ya rondaba por mi cabeza desde hacía mucho tiempo, y profundizar así en una de las escritoras clásicas más conocidas a día de hoy, quizá no tanto a través de su lectura directa, eso es cierto, pero desde luego sí mediante la gran cantidad de adaptaciones cinematográficas con las que cuentan algunas de sus novelas, inscritas ya en el imaginario colectivo. Sin más dilación, y tras especificar brevemente a qué dedicaré mis escritos venideros, empezamos ya este artículo, que será un acercamiento a Jane Austen desde algunas de sus biografías. En este caso, aquellos libros a los que he acudido son: “Recuerdos de Jane Austen” (1869), de James Edward Austen-Leigh; “Jane Austen: Una vida” (1997), de Claire Tomalin; “Jane Austen en la intimidad” (2017), de Lucy Worsley; y, por último, “Tras los pasos de Jane Austen” (2021), de Espido Freire.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Tercera parte: Sobre una premisa desperdiciada

Continuamos con Star Trek, y hemos de decir que, igual que costaba buscarle las cosquillas a la temporada inicial, más allá del pésimo “El factor alternativo” (1967), con la segunda no ocurre lo mismo —además, la primera contaba con la ventaja de la frescura de la historia y de su originalidad—. Seguimos encontrando capítulos muy buenos todavía, como el ya mencionado “Con cualquier otro nombre” (1968), pero se empieza a notar cierto desgaste, sobre todo a la hora de comprobar lo recurrente que se vuelve la situación de estar ante un episodio que empieza muy bien, pero que termina por desinflarse, para acabar cerrando malamente y de una manera mucho más grave que con un Deux ex machina. Esta coyuntura se da en los peores capítulos de esta temporada, salvo en el infame y sobrevaloradísimo “Los tribbles y sus tribulaciones” (1967). Para colmo, aparecen en esta triste categoría, la del tercio inferior, episodios que deberían destacar, como el que cierra la temporada, “Misión: la Tierra” (1968), y el amado, meramente por el poderío estético de un imperio totalitario novecentista —que por algo fue el siglo del origen de la propaganda de masas que hoy conocemos—, “Espejo, espejito” (1967). Pero no nos vayamos por las ramas y empecemos sin más dilación a comentar, aunque sólo pueda ser brevemente, esta desilusionante cuestión.

American McGee Presents: Scrapland (2004)

Continuamos con la siguiente gran obra en la que estuvo involucrado, como productor ejecutivo, American McGee. “Scrapland” (2004) es un videojuego desarrollado por los chicos de MercurySteam Entertaiment, que cuenta con Enrique Álvarez a la cabeza de la dirección del proyecto. De entrada, nos sorprende por sus sonidos familiares: no tanto a causa de su doblaje de calidad a la lengua de Cervantes, ni tampoco por el hecho de que el logo de los suburbanos de la ciudad de los robots nos recuerden tan descaradamente al Metro de Madrid, sino porque podemos pronunciar, sin rompernos la boca por el camino, los nombres que aparecen en los créditos. Hoy es el día, para bien o para mal (o tal vez para peor), que traemos por primera vez un videojuego español. Dejémonos de introducciones, y metámonos ya en materia.

Con cualquier otro nombre (1968). Star Trek: La conquista del espacio. Temporada 2: capítulo 22 (51)

Hoy continuamos con nuestro primer ciclo de Star Trek, centrándonos en el mejor capítulo de la segunda temporada de la serie original. No nos ha costado demasiado, dado que los dos mejores episodios brillan con mucha claridad sobre el resto; siendo, además, muy probablemente, los más significativos (incluyendo también aquí los que conforman la primera temporada). Nos hemos decantado por “Con cualquier otro nombre” (1968) por la mínima —después de volver a repasar ambos capítulos una segunda vez—, por un poco todo, y porque el episodio 25 (54 en relación a la serie completa), “Pan y circos” (1968), tiene un pequeño Deux ex machina que le deja en un incómodo 8’99. Por lo demás, no perdamos un minuto, y metámonos ya de lleno con esta crítica, que puede terminar como un análisis breve. Pero no sin antes comentar, en un par de líneas, la distancia que hemos constatado entre nuestra valoración y la general, tanto la especializada como la del vulgo. Comencemos, pues.

Life (2020)

A veces me gusta alejarme de aquellos cuyas opiniones estimo y valoro e inmiscuirme a solas y a tientas en los catálogos de las plataformas de vídeo bajo demanda. Es cierto que uno nunca tiene el suficiente tiempo como para hacer de esta tarea la regla, sobre todo porque lo mediocre abunda y lo excelso escasea; pero, en ocasiones, es también gratificante silenciar el murmullo al que tan habituados estamos e ir más allá de las cuatro series de moda de las que todo el mundo habla. Hago este pequeño inciso porque la miniserie que hoy nos ocupa, “Life” (2020), ha sido fruto de esta caótica y entretenida investigación. Dirigida por Kate Hewitt, y creada y escrita por Mike Bartlett —también creador y guionista de “Doctor Foster” (2015-2017); serie que yo no he visto, pero de la que, al parecer, rescata el personaje de Anna Baker, trayéndolo aquí como uno de los principales—, cuenta con 6 episodios, rondando cada uno la hora de duración. Estamos ante una miniserie inglesa que nos cuenta las vicisitudes —especialmente las amorosas— de los inquilinos —Belle (Victoria Hamilton), Hannah (Melissa Johns), Gail (Alison Steadman) y David (Adrian Lester)— que residen en una antigua casa victoriana en Manchester, reformada y dividida ahora en cuatro estancias distintas.