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Lo último

La vida futura (1936)

Nos encontramos un extraño caso donde el director, William Cameron Menzies, es menos conocido que el guionista, que no es otro que el extraordinariamente prolífico escritor H. G. Wells. Por poner algunos ejemplos, cabe señalar que escribió 51 novelas y 71 obras de ‘no ficción’, entre las que podemos encontrar desde ensayos hasta libros que describen las primeras formas de juegos de estrategia concretos, que resultan ser considerablemente distintos de aquellos abstractos como el ajedrez. También escribió 88 cuentos, 33 artículos (evidentemente, no como los de este blog) y cuatro guiones cinematográficos. Estamos hablando de 247 obras a lo largo de unos 60 años en activo… o lo que es lo mismo: escribir cuatro obras significativas cada 12 meses. Si bien es cierto que nada tiene que ver con Corín Tellado y sus 5.000 novelas, que serían casi 80 al año, también lo es que esta última no tiene en su haber algo que se pueda acercar mínimamente a “La máquina del tiempo” (1895) o a “El hombre invisible” (1897); siendo su obra muchísimo más monotemática que la del inglés y centrada casi exclusivamente en la novela rosa. En este sentido, el señor Wells no debe estar muy lejos del límite de lo que un ser humano completo puede escribir con un mínimo de sentido y calidad en una sola vida. Si a todo esto le sumamos sus clarísimas inquietudes intelectuales y el ser uno de los padres de la ciencia ficción, no podemos sino esperar volver a hablar de él en algún otro momento. De hecho, si hay algo valioso en esta película es su guión y las interesantes ideas que se ponen en juego en él.

La Navidad: entre la nostalgia y Love Actually (2003)

Ahora que se acercan estas fechas tan señaladas, compruebo con cierto estupor cómo el mundo se divide entre quienes disfrutan de las navidades y quienes las aborrecen sin piedad. Para tener las cosas claras y no llevar a error, aunque se me vaya a notar claramente durante este escrito, yo soy, indudablemente, del primer tipo de personas. De hecho, aquellos que se muestran muy críticos con estas fiestas me producen, de entrada, cierto rechazo. No puedo evitarlo.

Seminario Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo (Conferencia 2019)

No queremos perder la oportunidad de hablar sobre el seminario que tuvo lugar la semana pasada en la Universidad Complutense de Madrid bajo el título “Cine y Filosofía. Pensando a 24 imágenes por segundo”. En él se incluían quince ponencias, entre las que se encontraba la del profesor Antonio Duarte Calvo, que era, a su vez, el responsable del seminario. Por mucho que a veces resulte interesante, incluso gratificante, mirar al pasado, no hay que descuidar los temas de actualidad; y, sobre todo, al margen de analizar las cuestiones que atañen a la masa, como las elecciones, es significativo, a su vez, analizar de vez en cuando qué se juega en conferencias de nivel, como ya hicimos hace unos meses con Sandel. En este caso, nos encontramos con un grupo de conferencias que han girado en torno al cine y la filosofía a lo largo de tres días: 11, 12 y 13 de este diciembre. De entrada, diremos que ha habido de todo: desde expertos pedantes hasta profesores interesantes, pasando por diferentes grados de mediocridad y algo de brillo y/u originalidad. Pero basta de introducciones. Entremos ya en materia.

Threads (1984)

Hoy toca analizar una película interesante y representativa de la década de los ochenta; lo que, como podréis sospechar, es una labor complicada, ya que en los 80 aún se hacía muy buen cine en general y, en especial, muy buenas cintas de ciencia ficción. Para acotar esta locura y poder tomar una muestra cinematográfica lo suficientemente pequeña como para poder visualizarlas en poco menos de un mes, nos quitamos clasicazos indiscutibles, tipo “Blade Runner” (1982) o “Aliens: El regreso” (1986), y también taquillazos al estilo “La guerra de las galaxias” o “Regreso al futuro” (1985), que ya analizaremos con detenimiento en otra ocasión. Con este criterio, y buscado películas con las mejores críticas o las sinopsis más interesantes, nos quedamos con 16: desde algunas de animación japonesa, tipo “Akira” (1988) o “El huevo del ángel” (1985); pasando por cositas soviéticas al estilo “Kin-Dza-Dza” (1986) o “Corazón de perro” (1988); ‘francesadas’ como “La muerte en directo” (1980); e, incluso, algún cortometraje como “Balance” (1989). Después de este empacho cinéfilo, que ha dolido, pero que, a su vez, no ha podido merecer más la pena, destacamos tres finalistas muy distintas entre sí: “Threads” (1984), “Hombre mirando al sudeste” (1986) y “Depredador” (1987).

Amsterdam (1998)

Si bien llevaba tiempo queriendo acercarme a una de las novelas de Ian McEwan, en buena parte, por todo el amor que le suelen profesar quienes están más puestos en la literatura actual, mi decepción no ha podido ser mayor. Puede que el libro elegido no haya sido el adecuado: basta conocer un poco a este autor para saber que el más conocido de sus textos es el de “Expiación” (2001). Yo, como peco de cierto anarquismo en esto de comenzar a leer algo de un escritor, me decidí a hacerlo con “Amsterdam” (1998); aunque, si lo hubiera sabido, habría ido a lo seguro (o, quizás, no tan seguro; eso está por ver).

La Atlántida (1932)

Hoy toca hablar de una película representativa, a la par que desconocida, del primer lustro de la década de los años treinta. En este caso, partiendo de que lo que hay visible no es tanto, nos hemos quedado con “La Atlántida” (1932), que es una adaptación sonora de la obra de 1921 del mismo nombre. Ambas coinciden en tres cosas: un bellísimo Sáhara, una estructura complicada, y mucho surrealismo; además de ser muy interesantes e innovadoras respecto a la historia del cine. Por mucho que, sin lugar a dudas, en esta época haya hitos muy claros dentro de la ciencia ficción, como “El doctor Frankenstein” (1931) o “El hombre invisible” (1933), así como otras películas también interesantes, como “La isla de las almas perdidas” (1932), todas ellas son demasiado conocidas y, sobre todo, se merecerían un análisis (o, incluso, varios) en profundidad, si tenemos en cuenta las obras literarias de las que beben, su impacto, las segundas partes que se han hecho de ellas, etcétera. En cambio, pese a su indiscutible calidad, la obra de G. W. Pabst es casi tan desconocida como el mismo director. Por esta razón, es la obra del séptimo arte que hoy os vamos a recomendar.

La peor parte: Memorias de amor (2019)

Este va a ser el primero de una serie de análisis que versarán sobre dos de las cuestiones que considero más fundamentales: el amor y la muerte. En este caso, ahondaremos en el último libro escrito por Fernando Savater, dedicado a su mujer Sara Torres, que falleció en el año 2015, con 59 años, a causa de un tumor cerebral. El título, “La peor parte: Memorias de amor”, ya nos da una idea de hacia dónde irá dirigido el texto; pero creo que encierra mucho más de lo que podríamos pensar a simple vista. Puede que el hecho de que Fernando Savater sea filósofo tiene parte de culpa de esto; pero, más que todo eso, la ternura con la que escribe sobre su gran amor es la que dota a este libro de una densidad característica y muy meritoria.

Sobre las cartas de propaganda electoral (10N 2019)

Tras leer las cinco cartas de propaganda electoral que inundan estos días las casas de todos los españoles, me he decidido (contra lo ya dicho en septiembre, pero sin que sirva de precedente) a volver durante unas horas a la actualidad y matizar nuestra opinión al respecto. Evidentemente, lo fundamental no ha podido cambiar en los últimos seis meses y, si alguien quiere un análisis más pormenorizado, nos seguimos remitiendo al grupo de artículos donde analizamos todos los programas políticos. Teniendo en cuenta lo anterior y tras la lectura de dichas cartas, es cierto que se nota con claridad las cuestiones que cada partido cree fundamentales, tanto en el propio contenido de la carta como en el diseño del sobre, lo cual es realmente significativo. En este sentido, y aplicando los conocimientos que destilamos de la lectura de los programas, vamos a repasar muy rápidamente cada una de las cartas, destacando sus puntos fuertes y flacos, a la vez que intentamos discernir en qué se diferencian sustancialmente (si se diera el caso). Tenemos los cinco sobres: los barajamos con los ojos cerrados y vamos cogiendo uno a uno al azar hasta el último (esto requiere que pongáis un poquito de fe en nosotros). El orden del análisis es el siguiente: PSOE, Podemos, Ciudadanos, PP y VOX.

La mujer en la luna (1929)

Nos encontramos en la segunda mitad de los años 20 del siglo pasado: “El acorazado Potemkin” es cosa del pasado, “Metrópolis” tiene ya dos años y la incipiente industria cinematográfica no deja de crecer. Mientras Estados Unidos se recupera de la Primera Guerra Mundial con una impostada alegría, en el centro de Europa se vive una crisis de posguerra. Entre tanto, nos encontramos en un periodo de florecimiento intelectual y artístico muy claro, tanto para lo bueno como para lo malo, pues incluso las mejores ideas, pensadas con las mejores intenciones por parte de la gente más capaz y culta que ha dado la humanidad, pueden chocar con la realidad; una realidad que, para más dificultad, se complica por momentos. Es un tiempo donde los grandes cineastas de la historia del cine aún están en sus países de origen, la censura todavía no domina Hollywood y el arte cinematográfico está plenamente desarrollado en lo técnico.

Los viajes: primera aproximación

Hoy, después de mucho tiempo, escribo aquí para tratar uno de los temas que más tiende a gustar: los viajes. Sin embargo, lejos de hacer una defensa a ultranza de la manera en la que se conciben habitualmente, de lo que pretendo hablar es del modo en el que suelen afrontarse y de lo que considero que es, a todas luces, una falacia. Pongámonos en situación. Hay una especie de tendencia generalizada desde la que se considera que uno viaja para ‘encontrarse a sí mismo’; cuando lo que realmente ocurre es que uno más bien viaja para no pensar demasiado y para desconectar de los problemas que le preocupan. Además, ¿qué es eso de ‘encontrarse a uno mismo’?

Tank Girl (1995)

Hoy comenzamos con el primero de los análisis, cuyo objetivo será el de complementar el ciclo de ciencia ficción que hemos empezado este curso. Pretende ser la cara B de las críticas: una serie de análisis que se centrarán en destacar alguna obra particular de las diferentes décadas, empezando en los años 90. En este caso, nos hemos decantado por “Tank Girl” (1995); película que cuenta con la interpretación estelar de Lori Petty. Pero antes de entrar en materia, vamos a dedicar unos párrafos a dar un poco de contexto.

Aelita: Reina de Marte (1924)

En el anterior artículo de esta serie dedicada a los clásicos de la ciencia ficción tratamos la primera obra de la historia del género; hoy, en cambio, hablaremos sobre la primera de la otra historia del siglo XX. Esa historia que dio incansable su particular réplica a todo lo que implicó el siglo. Hablamos de la Unión Soviética; el otro Occidente que ganó la Segunda Guerra Mundial, se elevó como último representante de otra manera de entender la civilización para finales de siglo, y terminó en ese oscuro octubre de 1993. Muchas son las películas soviéticas que merecen la pena, siendo “Aelita”, posiblemente, la primera de todas ellas. Queda pendiente, eso sí, dedicarle un artículo y ajustar cuentas con la sobrevaloradísima “El acorazado Potemkin”, que también es uno de los primeros ejemplos de cine de ciencia ficción del Bloque del Este. Si a todo esto le sumamos que es una película relativamente desconocida, no necesitamos más razones para dedicarla un pequeño espacio en nuestro blog e invitaros a verla. Está a muy buena calidad para descargar en archive.org

Sobre “Leica – The Hunt” (2019): totalitarismo, promoción, arte y censura

Hace unos meses hice un comentario sobre el caso del corto promocional de Leica “The Hunt” (2019) en el que quedaba patente que arriesgarse a criticar a los chinos tiene un precio. En este caso, asumir la censura bajo la amenaza directa de dicho gobierno. Este corto, sutilmente filmado, piensa la figura del fotógrafo de guerra bajo el lema: «Dedicado a aquellos que prestan sus ojos para que podamos ver». Uno de los momentos clave del mismo rememora la foto del “Hombre del tanque” en las protestas de la plaza de Tiananmén en 1989; sin embargo, ésta fue tomada por Jeff Widener con una Nikon, así que podríamos decir que aquí se han tomado algunas licencias. En su momento tenía cosas mejores sobre las que escribir, pero hoy, después de constatar que el vídeo ha sido borrado del mapa, y no sólo de los canales oficiales de Leica, creo que se merece dedicarle algo más que 280 caracteres. Menos mal que tratar de eliminar algo completamente de internet es como ponerle verjas al mar, y es por ello que aún podemos encontrarlo: “Leica “The Hunt” “徕卡 leica the hunt”. Eso sí, como siempre en estos casos, recomiendo descargarlo.

Viaje a la Luna (1902)

Nos encontramos de vuelta; y, sin perder un segundo, hoy empezamos con un ciclo de cine de ciencia ficción clásico para compensar el exceso de actualidad del curso pasado. También dedicaremos tiempo a otros temas, pero, para descansar, va a ser una temática recurrente en 2019 y en 2020. No, no vamos a volver a hablar de los partidos políticos; si alguien quiere saber nuestra opinión, que vuelva a repasar lo ya escrito y lea con más pesimismo y desesperación. Está bien meditar sobre el presente, pero demasiado presente puede llegar a no dejarnos ver el todo en un sentido más general y, además, en los tiempos que corren, darse una vuelta por ciertos lares es algo que deprime hasta al más curtido. Por esta razón, vamos a respirar un poco del mejor cine que ya está hecho y ver qué se nos ocurre atravesando el pasado, sobre todo, de cara a afrontar mejor el presente. En este sentido, todos los géneros cinematográficos tienen mucho que aportar, pero la ciencia ficción tiene un par de notas características que la hacen especialmente indicada para la reflexión.

Repaso del curso 2018-2019 y… ¡nos vamos de vacaciones!

El tiempo vuela… empezamos en otoño de 2018 y ya nos encontramos en verano de 2019. Un curso entero. Después de todos estos meses, y antes de tomarnos unas merecidas vacaciones, conviene hacer un pequeño balance de todo lo que hemos conseguido. Han sido 26 artículos, casi 900 visitas y más de 100 visitantes a lo largo y ancho de nueve países. Esto quiere decir que, de media, nuestros artículos han recibido 34 visitas por parte de 3 visitantes; siendo también cierto que las visitas se han concentrado en un puñado de artículos, capitaneados por nuestra crítica al programa político de Vox, seguido por el análisis de Ciudadanos y el artículo Una apuesta por la duda. Resulta evidente que no son unos números que asusten a nadie ni que permitan subsistencia alguna; pero, teniendo en cuenta lo revolucionario (casi suicida) que implica crear un blog de estas características en la coyuntura de finales de 2018, creemos tener razones para estar contentos. También es verdad que, como suele ocurrir con cualquier nueva empresa, no han faltado los contratiempos y los retrasos; siendo este artículo un ejemplo más de esto. En septiembre pretendemos volver con fuerzas renovadas e ideas frescas, intentando ser más ordenados y tratando de conjugar de la mejor manera posible la vida habitual con todo lo que aquí se juega.

A War (Una guerra) (2015)

Después de bastante tiempo sin escribir por estos lares, me he decantado por hablar sobre la película “A war (Una guerra)”. Esta película danesa, del año 2015, está dirigida y escrita por Tobias Lindholm, guionista también (junto con Thomas Vinterberg) de “La caza” (2012); cinta muy notable a la que dedicaremos, sin duda, un capítulo aparte en este blog. La película que hoy nos ocupa pasó bastante desapercibida en el territorio español cuando fue estrenada, pero creo que ocurrió de manera injusta o por mero desconocimiento, pues resulta ser una película muy digna y con una reflexión profunda sobre la guerra y sobre otras muchas cuestiones humanas de gran calado ético.