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Las adaptaciones cinematográficas de Orgullo y prejuicio (I)

Ante los mastodónticos artículos que surgieron con las adaptaciones cinematográficas de “Juicio y sentimiento” (1811), he decidido dividir aún más los que ahora nos ocupan, que son los concernientes a “Orgullo y prejuicio” (1813). Al ser ésta la novela más famosa y extendida de Jane Austen, y siendo consciente de que la longitud de mis escritos habituales está muy por encima de la atención que suele dedicar el común de los mortales a los mares internáuticos, creo que las seis partes que conformarán el estudio sobre las versiones audiovisuales de su segundo libro harán más digerible y accesible su lectura. Sé bien que no son muchos los forofos de este tipo de ciclos tan largos, pero espero que a algún seguidor de la agudeza de la escritora de Steventon le sirvan para algo, encuentre en ellos alguna información relevante o le ayuden a ahorrar tiempo a la hora de decidirse entre los múltiples traslados de su obra a la pequeña y a la gran pantalla. Además, creo que esta vez voy a incorporar una cortísima conclusión al término de cada parte, de manera que pueda seguirse el hilo del conjunto de una forma más ordenada, al tiempo que abro la posibilidad de que algún perezoso o rezagado pueda tener una idea general del asunto en un vistazo rápido. Con la intención de que este breve comentario sirva de introducción general a esta serie de artículos, divididos exclusivamente por la mera duración de los distintos metrajes, comentaré muy por encima lo que os vais a encontrar en esta sección inicial. De entrada, hablaremos de “Más fuerte que el orgullo”, la película que en 1940 transformó por primera vez la novela de 1813 al lenguaje propio del séptimo arte, y de dos miniseries, una italiana, “Orgoglio e pregiudizio”, de 1957, y otra neerlandesa, de 1961, que responde al nombre de “De vier dochters Bennet”. Dicho esto, pongámonos manos a la obra.

Flash Gordon conquista el universo (1940)

Hoy teníamos que traer una película representativa de ciencia ficción del primer lustro de la década de los años cuarenta. El problema es que tal cosa no existe o, de existir, es muy difícil de encontrar, peca de resultar algo periférica y, lo que es aún peor, no siempre contamos con una fácil disponibilidad para visualizarla. En esta época reinan las películas de ‘terror de baratillo’, siendo la gran mayoría de ellas refritos y plagios velados de Frankenstein y de El hombre invisible. Predominan los muertos vivientes, los trasplantes de cerebros y los científicos locos. Esta moda —surgida justo a la vez que se cuajaba la Segunda Guerra Mundial— no puede ser casual y, por eso, la analizaremos con más cuidado en futuros artículos. En cualquier caso, y por su relación con “Flash Gordon”, es una cuestión sobre la que hoy también reflexionaremos. Pero antes de hablar del futbolista interespacial más famoso e influyente del siglo XX, vamos a repasar rápidamente algunas de las películas de terror que, clarísimamente, no encajan nada bien con la ciencia ficción pura y que son, además, productos sin demasiadas pretensiones más allá de alentar —por primera vez, con aceptación social— el morbo de las aburridas clases medias, que poco quieren meditar sobre temas importantes y dolorosos como es el de la guerra.