Saltar al contenido

CategoríaOpinión

Artículos cortos que pretenden invitar a la reflexión sobre algún tema, aportando las ideas consideradas más representativas.

Una imagen en blanco y negro que captura la misteriosa silueta de una mujer en un entorno de apariencia clásica, con un fondo iluminado que acentúa su perfil. Este retrato evoca una atmósfera de cine clásico, con sombras dramáticas y una sensación de intriga.

Sobre el cortometraje. Una primera aproximación. Primera parte: ¿Qué es un cortometraje? (1900-1910)

Comenzamos este séptimo curso —que se dice pronto— con una pequeña serie para tiempos de incertidumbre en la que pretendemos hacer una primera aproximación al fenómeno cinematográfico de los cortos. Pero, antes de empezar, ¿qué es un cortometraje? Es una obra cinematográfica cuya duración, tradicionalmente, es de menos de 30 minutos, lo que requiere de una narrativa que plantee ideas concisas, pero que también permite trabajos más experimentales o con una mayor libertad creativa por el menor coste que supone frente a creaciones de una envergadura superior. Dado que ya sabemos de lo que vamos a hablar, entremos ahora en materia.

Jornada Electoral 2023. Octava parte: Conclusiones

La verdad es que creo que todo lo que queríamos contar ya ha sido contado y, para cualquiera que haya leído los siete artículos que componen este ciclo sobre las elecciones generales del 2023, la conclusión es evidente. No nos gustan las obviedades, las trivialidades ni las reiteraciones; entre otras cosas, porque son una pérdida de tiempo, y el tiempo, queridos amigos, es lo más valioso que tenemos. Hay demasiado que leer y que ver que merece mucho más la pena que cualquiera de nuestros artículos; así que, para todos aquellos que insensatamente nos sigan dando una oportunidad y honrándonos con el privilegio de su tiempo, he aquí las conclusiones a nuestra serie, condensadas en el mínimo de líneas posible. Por cierto, tampoco nos olvidamos de aquellos que, prudentemente, empiezan a leer por el final; mejor dicho, esto es fundamentalmente para ellos: ¡ojalá lo disfrutéis y os anime a leer el trabajo completo! Sea como fuere, vamos con ello en un par de párrafos y un chiste.

¿Es tu novia Francisco Franco? Cinco pruebas que lo demuestran

Aprovechando esta fecha tan señalada, y teniendo en cuenta la sequía de artículos de este quinto curso, os presentamos una pequeña reflexión que esperamos que sea de vuestro agrado. No vamos a hablar de alguien que sea «el mal absoluto sin mezcla de bien alguna», tampoco de «un demonio perfecto en su malignidad», ni mucho menos de un tonto cruel sin más. No hablamos de Francisco Franco Bahamonde, como comentó en su momento Quintana Paz, pues quien inspira este escrito no tiene nada de tonta ni de malvada, aunque participa del mismo nivel de sutileza que el personaje descrito por Miguel Ángel. Eso sí, me consta que también tiene mala fama en su propia casa. Nos referimos, por tanto, a alguien bien distinto al dictador español del siglo XX. De cualquier manera, como comentar cosas particulares no tiene demasiado valor, vamos a intentar elevar el sentido de este escrito a lo universal, con la mirada puesta en que a más de uno le sirva para comprobar si su novia es realmente Francisco Franco (quizá no en su literalidad —claro—, pero puede que sí como una especie de reencarnación renovada y mucho más agradable a la vista). Éste va a ser un artículo cortito, aunque no por ello menos esclarecedor; y, dado que somos conscientes de que ésta será la primera vez que algunos de vosotros seréis felices, vamos a hacer una enumeración de las ‘cinco pruebas’ para que nadie se pierda, quede todo cristalino y os podamos ofrecer una satisfacción completa. Hechas ya las introducciones, comencemos.

Star Trek: La conquista del espacio (1966-1969). Tercera parte: Sobre una premisa desperdiciada

Continuamos con Star Trek, y hemos de decir que, igual que costaba buscarle las cosquillas a la temporada inicial, más allá del pésimo “El factor alternativo” (1967), con la segunda no ocurre lo mismo —además, la primera contaba con la ventaja de la frescura de la historia y de su originalidad—. Seguimos encontrando capítulos muy buenos todavía, como el ya mencionado “Con cualquier otro nombre” (1968), pero se empieza a notar cierto desgaste, sobre todo a la hora de comprobar lo recurrente que se vuelve la situación de estar ante un episodio que empieza muy bien, pero que termina por desinflarse, para acabar cerrando malamente y de una manera mucho más grave que con un Deux ex machina. Esta coyuntura se da en los peores capítulos de esta temporada, salvo en el infame y sobrevaloradísimo “Los tribbles y sus tribulaciones” (1967). Para colmo, aparecen en esta triste categoría, la del tercio inferior, episodios que deberían destacar, como el que cierra la temporada, “Misión: la Tierra” (1968), y el amado, meramente por el poderío estético de un imperio totalitario novecentista —que por algo fue el siglo del origen de la propaganda de masas que hoy conocemos—, “Espejo, espejito” (1967). Pero no nos vayamos por las ramas y empecemos sin más dilación a comentar, aunque sólo pueda ser brevemente, esta desilusionante cuestión.

Un par de apuntes sobre “Star Trek: La conquista del espacio” (1966-1969). Primera parte: ¿Por qué nos puede resultar interesante?

Arrancamos nuestra cuarta temporada con ganas de retomar un tema pasado; ya que, en su momento, le dedicamos cierto tiempo a hacer una primera aproximación sobre qué es y qué supone el género de la ciencia ficción en el campo del cine. No queda tan lejos aquel final de 2019 y principios de 2020; pero, en este último año, en el que nos ha dado tiempo a meditar y a nutrirnos intelectualmente con profusión, y después de tanto ensayo sobre feminismo —que era necesario, pero sin dejar de ser a ratos aburrido—, un servidor se ha dado cuenta de que no podía postergar más el meterle mano al gran manantial del susodicho género: “Star Trek: La conquista del espacio” (1966-1969). Como todos los cinéfilos con cierta predilección por la complicación que nos ofrece la ciencia ficción, no vengo para nada virgen a esta fiesta: a lo largo de mi vida me he visto, aunque sea de rebote, alguna de las 13 películas —recuerdo muy bien “Star Trek: Primer contacto” (1996) y el terror que aún habita en mis recuerdos gracias a la Reina Borg— y algún capítulo suelto de las 10 series —sobre todo de “La nueva generación” (1987-1994)—; pero la verdad es que nunca me había acercado a este fenómeno de masas con orden y, fácilmente, pueden haber pasado ya en torno a 15 años desde el último contacto. Pero, antes de seguir, seguro que a más de uno le viene a la cabeza una cuestión de principio… ¿Por qué?, ¿por qué vas a dedicar 65 horas de tu vida —sin contar el tiempo de análisis, reflexión, investigación, escritura, discusión y corrección— a ver ‘navecitas pegándose’ desfasadas? Porque, camaradas correligionarios…, hay mucho más que eso. Comencemos.

Sobre el fracaso

Hoy deberíamos estar hablando de la historia de “Mass Effect” (2007-2012) a través de un trabajo pormenorizado sobre la misma. Sin embargo, no ha podido ser, por una serie de pequeñas cosas que han ido entre regular y mal, y que, sumadas todas ellas, nos han llevado a tener que reconocer que era imposible cumplir con nuestro compromiso con la calidad y poder llevar a término el artículo que teníamos previsto hacer, que quedará finalmente postergado hasta junio. Lo que hoy toca, más allá de entonar el «mea culpa», es un intento de compensar este error con una sucinta reflexión que deseamos que, de alguna manera, sirva para llenar el pozo que hoy se abría. Vamos a hacer de la necesidad virtud y a dar un par de ideas sobre un riesgo que persigue a todo hombre desde su nacimiento hasta su muerte: el hecho de que puede fracasar. Mejor dicho: que lo más probable, para cualquiera que intente algo, es que termine fracasando. Y ya que hemos sufrido un ligero fracaso, por lo menos aprovechémoslo para reflexionar y sacar algo en claro. Comencemos.

Un par de ideas sobre lo fascista, lo comunista, lo progresista y lo liberal para evitar la propaganda: la mal llamada ‘izquierda’ y ‘derecha’ a la altura de los años 20 del siglo XXI

La gran mayoría de nuestros artículos, desde que son concebidos hasta que se terminan de escribir y de repasar, suelen tener un ciclo de trabajo de unos dos años. Como es comprensible, se van desarrollando en paralelo y evolucionan, pasando por diferentes fases de estudio y escritura, y quedando algunas veces congelados, a la espera de nueva inspiración, o sirviendo como base para otros escritos. Por lo demás, salvo que haya una razón de peso, como unas elecciones nacionales o una pandemia global, o… un pretexto suculento, como una buena exposición o simposio, procuramos tomar una distancia contemporánea respecto a la actualidad, como mínimo, de un año, procurando empujar ese límite a 10, para asegurar una buena perspectiva y para poder comprender mejor la relevancia de la cuestión a tratar. Este caso, que lleva cociéndose unos cinco años, versa sobre una mala costumbre que se viene explotando desde hace más de 80 años; aunque cabe destacar que, desde finales de la primera década del siglo XXI —si bien algunos dirán que ocurre desde 2004—, se está produciendo un repunte claro de este tipo de prácticas, que se han exacerbado, a partir de 2015, hasta llegar al punto que venimos aguantando durante estos tres últimos años. Cualquiera que se haya movido un poco, y atrevido a pensar por sí mismo con un mínimo de radicalidad en las dos últimas décadas, lo habrá sufrido. Muchos de nosotros hemos sido tachados tanto de fascistas como de comunistas, pasando por el socorrido «anarquista» o el exagerado «terrorista». Lo que está claro es que ser de la ‘cáscara amarga’ o la ‘oveja negra’, según familia o situación, puede significar ser ‘facha’, ‘rojo’, ‘libertino’ o lector de Schopenhauer. De esta coyuntura vamos hoy a dar un par de ideas, que servirán para desbrozar la parte ‘sociológica’ del asunto —recordemos que, parafraseando al profesor Maestre, este saber es el que estudia, si la sociedad fuera un barreño caliente, la espuma que flota—, para tener dicho jardín lo más limpio posible y poder meterles mano de lleno, en otros artículos, a cuestiones que versen sobre las diferentes ideas, doctrinas, teorías y etapas históricas que se suelen prostituir para hacer propaganda. Comencemos.