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Lo último

VOX (2019)

Hoy toca terminar con los partidos mayoritarios y, por tanto, con la última incorporación a la fiesta mediática: VOX; ese partido enano que surgió sin hacer demasiado ruido hace unos años y que, últimamente y, sobre todo, a partir del éxito electoral de Andalucía, parece que puede aportar su granito de arena al panorama político, como antaño hicieron Podemos o Ciudadanos. Centrándonos en su programa, nos encontramos dos versiones: la de una cara y la de once. Pero, antes de echarnos las manos a la cabeza, parece que el programa es de octubre de 2018 (¡lo nunca visto!). En este sentido, antes de seguir, nos vemos obligados a pararnos y a hacer un repaso al estado del resto de partidos analizados: el PP, sin novedad; el programa del PSOE parece que ya no se puede encontrar y no hay ninguna mención en la web al mismo; Podemos nos trae la sorpresa de tener su programa actualizado desde hace una semana; y Ciudadanos parece que también ha quitado su programa de la web. No podemos evitar caer en una depresión al enterarnos de esto, pero nuestro compromiso nos conduce a leer el nuevo programa de Podemos y a actualizar su entrada con las novedades incorporadas, en el caso de que las hubiera. A pesar de no poder dejar de reconocer que esto está muy bien, dentro de lo horroroso que es el panorama general, actualizar tu programa con apenas un mes es poco; las razones, comentadas en los primeros artículos que escribimos, son obvias: ese tiempo para leer todos los programas resulta escaso.

Ciudadanos (C’s 2019)

Nos encontramos hoy ante la formación naranja; la cual decepciona por no tener un programa actualizado a 2019, tal y como viene ocurriendo con todos los partidos analizados hasta el momento. Peor incluso que los anteriores: la única versión que hay es vía web, sin la posibilidad de poder descargar un .pdf como Dios manda para los que quieran imprimirlo o leerlo con tranquilidad en su libro electrónico. Eso sí, debió de estar en algún momento porque, si se busca, se encuentra. No empezamos bien y tampoco seguimos mejor al darnos cuenta de que el programa cuenta con apenas 46 páginas que, sumadas a la memoria económica, dan un total de 76. No podemos evitar comprobar asustados que el programa de 2015 constaba de 338 páginas; lo que hace sospechar un cierto giro propagandístico, que resulta ser un vicio que siempre acecha a la política de los partidos en las democracias liberales.

Balthus y los límites del arte

Hace unos días asistí a la exposición sobre Balthus en el Museo Thyssen de Madrid. Iba ya conociendo la gran polémica que hay alrededor de este pintor por sus cuadros de adolescentes en posiciones algo estrambóticas y, en general, desnudas. Por nombrar alguna: hace un par de años se buscaron recaudar firmas para retirar del museo Metropolitan de Nueva York (Met) su cuadro “Thérèse soñando”. Este hecho levantó en mí una especial curiosidad, al querer conocer de primera mano cuál era el cuadro en cuestión y por qué una obra de un pintor del siglo XX estaba levantando tantas ampollas en la sociedad del siglo XXI.

Podemos (2019)

Hoy vamos a analizar aquella gran promesa que fue Podemos. Vista la tendencia general, no sorprende que sólo cuente con el programa de 2016. Todos nos acordamos de que fue el año donde se presentaron con un montón de pequeñas agrupaciones que aún no está claro si se presentarán otra vez. De estos pequeños partidos, el único que tiene un programa independiente es Equo, el cual analizaremos, con las necesarias precisiones, más adelante.

Consideremos, pues, el programa de 2016; el cual, como ahora vamos a argumentar, no se puede considerar al margen del de 2015. La razón fundamental de esto es que, al mirar con cuidado «la revista de IKEA podemita» de 2016, nos damos cuenta de que no es más que un compendio desordenado de las que deben ser las propuestas que consideran más significativas de 2015; pues el programa de 2015 se encuentra íntegro a tamaño diminuto al final. Entonces, ¿las 332 páginas del programa de 2015 están contenidas en las 99 del de 2016? Sí, nada más ni nada menos que concentradas en 25 páginas. Para entender esto, sólo es posible pensar que, después de confirmar que no se iban a comer el mundo en 2015, decidieron dar un giro de 180 grados trasformando un programa claro, concreto y coherente en una fiesta de fotos, que alude únicamente a las ideas mas vendibles y que oculta, pero no elimina, el grueso del programa de 2015. De estas ideas, nos han parecido significativas la mitad; sin embargo, creemos que es un fallo que la mayoría de cuestiones fundamentales y definitorias del partido queden disimuladas en un tamaño tan pequeño. Esto demuestra que ya estaba clara la tendencia a volverse un escaparate sin fondo alguno; pero, dado que es muy fácil cargar contra el programa de 2016, teniendo en cuenta que éste contiene el de 2015, vamos a hacernos los locos y tratar el tema como si sólo existiera el de 2015, el cual es un programa normal.

El Partido Socialista Obrero Español (PSOE 2019)

“Precisamente lo que ahora mismo más necesitamos. Es lo que no se ha hecho. Es lo que hay que hacer.”

Volvemos con un capítulo más de nuestro recorrido sobre las diferentes formaciones políticas; hoy, con un invitado especial: el PSOE. Vamos a intentar predicar con el ejemplo e intentar hacer una labor de síntesis de cara a comentar las 387 páginas de su programa electoral de 2016. Es cierto que aún no está la versión de 2019, pero creo que nos vamos a tener que acostumbrar a esta incómoda situación. Eso sí, adelantando acontecimientos y desde la dura experiencia de leer dicho programa, en el fondo no parece que se hayan alejado demasiado del espíritu que en él se respira; pues, ciertamente, el señor Sánchez parece un candidato acorde y a la altura del mismo. Resulta apropiado precisar también un matiz importante a la hora de afrontar este análisis y los que están por llegar: debido a que hay muchos temas recurrentes y con el objetivo de aligerar la densidad de estos artículos, contaremos con que nuestros potenciales lectores tengan los deberes al día. Es decir: si se han leído los programas, qué menos que sumar unas decenas de páginas más; y, si no, qué menos que leer la opinión de alguien que sí se los ha leído.

El Partido Popular (PP 2019)

Hoy vamos a analizar el primero de los partidos más representativos de España. Ciertamente, hablamos del Partido Popular (PP), el cual, a día de hoy, aún no tiene disponible su programa actualizado a 2019. Este hecho no es un caso raro, dado que el resto de los partidos, pequeños y grandes, tampoco lo tienen. De cualquier manera, no deja de ser algo preocupante, teniendo en cuenta que suelen ser textos entorno a las 200 o 300 páginas y que, por tanto, una lectura y reflexión seria sobre los mismos necesita, como mínimo, una semana (y estamos ya a menos de dos meses de los comicios). Además, una persona normal con otros compromisos y que no se dedique a esto necesitará más tiempo. Teniendo en cuenta estas cuestiones, resulta casi imposible leerse, en el plazo que nos queda, los programas de, al menos, los cinco partidos más representativos. Está claro que estas prácticas responden a la realidad de que la gran mayoría de los votantes no se leen los programas, siendo éstos, además, mucho menos eficientes, propagandísticamente hablando, que los eslóganes y pequeñas pinceladas que se dan en las webs y redes sociales; pero claro, también tienen el problema de ser vinculantes (o, como veremos más adelante, igual no lo son tanto).

Sobre carteles

No lo puedo entender, no me entra en la cabeza. Parecía que ayer el día se iba a levantar como otro cualquiera, es decir, con alguna noticia representativa y, como mucho, con alguna novedad deportiva. Pero no. Tocaba chascarrillo respecto a algún tropezón propio de los peleles que solemos tener como representantes políticos. Le tocaba a Podemos, tal y como hace unas semanas le tocó a Ciudadanos con el tema de Inés Arrimadas yendo a Waterloo. Nada nuevo bajo el sol. Sí, hablo del cartelito que anuncia la vuelta de nuestro amigo y compañero Pablo Iglesias bajo el lema «Vuelve». 

Stalker (1979)

“Y si Dios es un triángulo… ya no sé qué pensar.”

Nos encontramos ante uno de los mejores ejercicios de la historia del cine a la hora de hacer de la necesidad, virtud. Concebida y filmada en el marco de la Unión Soviética, esta interesantísima película no pudo tener un desarrollo más tormentoso: desde los problemas y encorsetamiento típico de trabajar en un estado totalitario, hasta la desgracia de perder casi todo el metraje tras un accidente y tener que volverla a rodar prácticamente por completo con un presupuesto mucho menor, sin contar con la peligrosidad de trabajar en unos exteriores muy contaminados. Condicionantes que, en manos de otro, hubieran matado a «Stalker», pero que al gran Tarkovski le permitieron hacer, probablemente, su mejor obra.

Jornada Electoral 2019: primera aproximación a un método objetivo de análisis político y al problema de los nacionalismos

Hoy empezamos el primer gran proyecto de esta aventura compartida: un análisis de todos los partidos políticos españoles, ya sean representativos a nivel de votos, de peso histórico o de relevancia intelectual. En el fondo, vamos a hablar de política haciendo uso de esta; dado que, genuinamente hablando, la política empieza con el diálogo entre las personas. De esta manera, pretendemos que esta serie de artículos sea la base y el pretexto perfecto para ejercer la política en acto. Y, evidentemente, también queremos aprovechar la oportunidad de los próximos comicios para aportar algo de luz al respecto. En cualquier caso, nuestro análisis se extenderá en el tiempo todo lo que se tenga que extender; procurando, eso sí, atender en primer lugar a los partidos más representativos en votantes.

Una apuesta por la duda

A raíz del artículo «El beneficio de la duda» de Guillermo Altares, publicado en El País hace unas semanas, escribo hoy aquí. Porque nunca es tarde si la dicha es buena. Como tampoco viene mal recordar, una vez más, la duda de Sócrates, incluso la de Descartes. La duda, al fin y al cabo. Pero no la duda perdida, no la duda posmoderna ni líquida, sino la duda que repiensa, que vuelve a lo de siempre para matizarlo, para encontrar algo que se hubiera perdido por el camino. ¿No es este acaso el camino de la filosofía? ¿No es esta la esperanza del filósofo cuando abre cualquier libro de un pensador? No es tanto el afán de encontrar respuestas, sino la necesidad de que queden formuladas nuevas preguntas, nuevos interrogantes.

Monólogos disfrazados de diálogos

Si en algo podemos estar de acuerdo todos o la mayoría de personas es que no nos gusta que nadie nos imponga su opinión como absoluta. Pero, ¿acaso toda idea que sustenta alguien debe tomarse como una verdad que no admite discusión? Nos encanta siempre poner en boga la manida apuesta por el diálogo, pero este último no tiene ninguna relevancia en lo que hacemos, que meramente podría entenderse bajo el nombre de monólogos que no buscan ningún tipo de acuerdo, sino que ya parten de la premisa errónea de una verdad inamovible. Se nos llena la boca de palabras malsonantes cuando alguien pretende ponérsenos por encima sin que haya mediado la discusión en el proceso; pero, nosotros, entretanto, no nos olvidamos en ningún momento de nuestra postura, la cual somos incapaces de recular o matizar en los supuestos diálogos que compartimos con los otros. Si tan seguros estamos de ella, ¿por qué nos molesta tanto que alguien nos la cuestione? ¿Por qué nos ofendemos a la mínima de cambio y a la menor broma sobre algo que para nosotros es tan fundamental u obvio? ¿No será que nuestra vaguería llega a unos límites insospechados y que lo que nos da miedo es dialogar, por si de repente alguien nos pone en duda algo que defendemos con tanto ahínco? ¿No será que tenemos miedos o intereses que no queremos que salgan a la luz?

Desafío total (1990)

Nada mejor para afrontar el periodo navideño que un poquito de Verhoeven y, así, terminar de reír o llorar. Hoy os traigo la que a día de hoy me parece su mejor película, a falta de volver a hacer un ciclo sobre este complicado autor. Sin embargo, esto no siempre ha sido así. En su momento, cuando le descubrí, casi por casualidad y después de sufrir un primer visionado de «Starship Troopers», quise buscar información sobre él inmediatamente, dado que esta última me había impresionado en todo lo bueno y en todo lo malo. De hecho, terminé valorándola como ejercicio de humor negro inteligente. Pero claro, al visionar alguna de sus otras películas, entre las que se encontraba la que hoy vamos a tratar, reconozco que el afán explícito y oscuro de sus brigadas espaciales me hicieron sesgar mi mirada y sólo atender a este mismo aspecto en el resto de sus películas, no tragando ninguna de ellas y dándole carpetazo al asunto como si de un David Fincher con su «club de la lucha» se tratara. Todo un error. Lo bueno es que el destino quería que le diera una segunda oportunidad, pues alguien a quien respeto y considero un maestro me indicó que había sido injusto con esta cinta; y no podía tener más razón.